|
Hace
hoy cien años, el jueves 28 de agosto de 1902, apareció en el
Faro
de Vigo un
escrito firmado por José Ortega y Gasset, titulado “GLOSA”
y dedicado a Ramón del Valle-Inclán. Se trata de la primera publicación
del pensador, por entonces un joven licenciado en Filosofía de diecinueve años.
Sus palabras son el balbuceo que inicia una aventura intelectual que ocupa
en la actualidad doce tomos. Hoy cumplen cien años.
El
artículo aparece
entre la ensalada
de noticias de la primera página de las cuatro que por entonces forman el
Faro.
Ocupa dos medias columnas en las que el pensador adolescente ensaya una
melodía de tonos modernistas, con pretensiones de exquisitez intelectual y
ritmos azorinianos: en algún lugar de la ciudad el joven madrileño discute
con un anciano latinista acerca de
la belleza y el progreso. “Un
país pobre es absolutamente despreciable”,
sostiene impertinente Ortega,
negando el posible encanto de lo arcaico frente a la seducción de lo
moderno: pues la verdadera belleza surge como “hartazgo
de vida”, en las
ciudades nerviosas “como
músculos fuertes”.
En galante respuesta, el anciano conduce al joven progresista al mirador de
la casa, desde donde se contempla la ría, al tiempo del ocaso. Extasiado
por la visión, el ingenuo polemista se entrega a la fruición estética,
practica la descripción y concluye rindiéndose ante el incontestable
espectáculo de la belleza.
El
texto fue exhumado en 1966 por Dionisio Gamallo Fierros en la
Revista
de Occidente.
Aunque se trata de un escrito menor, tiene cierto interés. Por un lado, en
su aspecto más literario, ilustra el temple del joven escritor, consigue
evocar un paisaje ya desaparecido y complementa las descripciones de Vigo
realizadas por su
padre, el periodista Ortega Munilla. Por otro, refleja in nuce, como un preludio, lo que será una constante en la vida de
Ortega y Gasset: la continua oscilación entre la acción (cultural,
docente, política, editorial o periodística) y cierta melancolía
esteticista (el Ortega más íntimo, viajero, contemplativo, extático,
personal). También documenta un clásico
vigués, siempre actual: la inacabable dialéctica entre el progreso y
la conservación, la ciudad industrial y la villa entrañable, el relleno y
la ría. En fin, es una página más de la historia de Ortega, de Vigo y del
Faro,
que suscita algunos interrogantes ¿Cómo ha llegado aquí este escrito?
¿A qué viene? ¿Qué hace en Vigo el joven Ortega? ¿Qué carambola
ha tramado la historia para que la primera publicación del principal
pensador español del siglo XX sea un suelto en el
Faro
proclamando “Galicia
es miserable...”?
|