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LOS DÍAS EN BLANCO QUE VENDRÁN

Un proyecto heroico en dos cartas del joven Ortega


Noé Massó

                             

 

 

         

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          Entre los papeles de Ortega y Gasset se conservan dos cartas remitidas desde Vigo a su familia a mediados del verano de 1902. Aparecen recogidas en Cartas de un joven español, el epistolario de juventud publicado por Soledad Ortega en 1991.
           La primera carta, del sábado 9 de agosto, dos días después de la última conferencia de Maeztu, comienza respondiendo a su padre por un suelto que éste ha incluido en
El Imparcial a fin de avisarle de la matrícula de alumnos libres en Derecho. Tras aclarar que su matrícula ya está arreglada, se queja del empeño en que acumule títulos universitarios: “No parece sino que te ha tocado en suerte un hijo imbécil, un cretino perfecto o un díscolo moral”. No, protesta indignado, “lo que yo haya de ser lo seré con o sin títulos. Llevo una vida de un fondo lo suficientemente serio, más aún, grave, para ganarme el derecho de decir estas cosas”. Es entonces cuando se atreve a exponerle “un proyecto magno, tal vez heroico  que le ronda estos días por la cabeza:

Helo aquí: tengo 19 años –con tres más puedo ser ingeniero mecánico: añadiendo otro electricista, con otro químico con todos industrial. Total: a los 24 años Licenciado en Filosofía y Letras, Abogado, Ingeniero mecánico, electricista, químico e industrial. Los dos años siguientes podía dedicarlos a asistir a ciertas clases, como Fisiología, Biología o la de Ramón y Cajal, Histología en San Carlos, y me encontraba a los 26 años con una cantidad de conocimientos prodigiosa y sería uno de los españoles con más puntos de vista. Ya podía en ese momento comenzar a escribir; ya podía entonces ser un catedrático, un pensador, un crítico o un político.

        ¿Barajaba el joven Ortega la posibilidad de quedarse en Vigo una temporada larga y completar su formación estudiando en la Superior de Industrias, alentado por su tío Ramón? Es posible. En todo caso sorprende el hambre de puntos de vista y la vocación ingeniera y científica de Ortega, incubada en las conferencias de la Escuela, al hilo del discurso tecnófilo de Maeztu: “¿El origen? ¿La sugestión? Las conferencias de Maeztu”, apunta sin rodeos. Sabe que cumplir tal plan exige misticismo y renunciamiento, poner en practica las virtudes heroicas predicadas por Carlyle o Nietzsche: voluntad, valor, serenidad, fe, fortaleza. “Me he prometido cuidar mi médula y mis sesos”, añade.

          El  proyecto de estudios, insiste el 14 de agosto en la segunda carta, no es un arrebato veraniego, sino un auténtico “cambio en el Ideario  fraguado en torno a sus lecturas de sociología en la Biblioteca de la Escuela. “Hoy”, explica siguiendo  a Maeztu, “el movimiento humano es científico el arte, la filosofía, la política, el dinero mismo se basa, se nutre, camina sobre la ciencia”. En el mundo actual, “lo más importante y mañana lo único, son las máquinas”. Por tanto, si España progresa en el mundo moderno será debido “a los ingenieros no a los eruditos, artistas ni políticos: esto es claro”. Ahora bien, la mayoría de los científicos españoles carece de perspectivas globales, “le falta grandeza de miras, ambición noble y extensa, talento sintético”. Les falta el “don de vista larga” que posee el joven Ortega, adquirido  en el “baño íntimo y conformativo que yo me he dado y me seguiré dando en el arte y la filosofía”. El joven Ortega quiere hacer algo y algo real, no oposiciones a Retórica: eso del arte “es algo muy ameno pero no merece el sacrificio de un estudio profundo y serio”, el horizonte de la cátedra resulta, “burgués y con gafas”, la preparación de la oposición, “unos cuantos años de enfangamiento entre cosas viejas”. La voz del joven progresista de la Glosa se escucha aquí con claridad: “Por mi vida! Nada de viejo ...lo viejo es inútil, es una serie de negaciones –es algo- que va perdiendo vida algo que va perdiendo los instintos algo que va perdiendo las esperanzas –siempre algo que se acaba, nada creador, fuerte, vital”.

Concluye: “Mucho he hablado pero ¡demonio! Es muy serio eso de los días en blanco que vendrán. 

 

        

 

(Publicado en el suplemento cultural del diario Faro de Vigo (28-8-2002). 
El suplemento se dedicó por completo a Ortega con ocasión del centenario del primer artículo publicado por el filósofo español ("
Glosa"), y que vió la luz en este mismo periódico el 28 de Agosto de 1902.) 

 

© Noé Massó