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Las
cosas siempre se traman antes de que uno nazca. Para el joven Ortega y
Gasset de 1902, Vigo es un terreno familiar y Galicia una referencia
habitual: el origen de su madre, el mar de los veranos frescos, la casa de
las primas, la tierra del
abuelo. También el feudo electoral que sostiene el poder político de la
familia, que acceden a las Cortes a través de Padrón o
Noia desde hace años. En este momento del verano de 1902, su tío
Eduardo Gasset y Chinchilla es diputado por Betanzos, su tío Rafael es
diputado por Noia y su propio padre, José Ortega Munilla, diputado por Padrón.
Son años de caciquismo, sufragio restringido, turnismo y restauración.
Buenos momentos para los Gasset, que
ven como el poder familiar se afianza en la prensa y el Congreso. Hasta
ahora los Gasset, como los Ortega, han
sido antes periodistas que políticos. En pocos años, arrastrados por la
carrera ascendente de Rafael Gasset en el Ministerio de Fomento,
serán más políticos que periodistas imparciales.
Las
cosas siempre se traman antes, eso ya lo sabía Eduardo Gasset y Artime,
abuelo materno del filósofo, patriarca del clan, primer Gasset gallego y
diputado. Su padre, el teniente José Gasset y Montaner, nacido en Barcelona
en 1800, había llegado a
Galicia desterrado de Cataluña por su adhesión al carlismo en la rebelión
de 1827. Apadrinado por el Marqués de Villaverde de Limia, entró como
funcionario en la administración de Correos de Pontevedra y poco después,
en la Dirección General de Loterías. Fue entonces cuando casó con Águeda
Artime, cuya familia, oriunda de Asturias, se había asentado en Padrón
varias generaciones atrás. En junio de 1832 nació en Pontevedra el primero
de sus seis hijos, Eduardo.
Hacia 1840 la familia
entró en apuros económicos y Eduardo, con apenas once años, fue enviado a
trabajar a Madrid, como alumno sin sueldo, en el Banco de San Fernando. Allí
sobrevivió diez años, haciendo cuentas en el banco y sustituciones en
Hacienda, hasta que en 1853, con veintiún años, ingresó en la Dirección
de Rentas Estancadas del Ministerio de Hacienda. Por esa época, integrado
en la burguesía madrileña,
conoció en Madrid a Rafaela Chinchilla y Díaz de Oñate, de acaudalada
familia malagueña con influyente presencia en la Corte. Se casaron.
Eran tiempos
revoltosos, de rebeliones y pronunciamientos. El joven Eduardo Gasset Artime,
que además de buen contable fue siempre periodista inquieto, batido en
semanarios satíricos, se apunta al
bando liberal. Convocadas las
cortes constituyentes de 1858 tras el levantamiento de Vicálvaro, y empeñado
el ministro de la Gobernación, José Posada, en llenar el Congreso de
adeptos a la Unión Liberal, movió los hilos necesarios para que Gasset
saliera elegido diputado por Padrón (tomó incluso
la “medida cautelar” de detener al
párroco de Rianxo, claro opositor). Gasset Artime obtuvo 72 votos de
un censo de 159 electores. Inició así una carrera política, siempre
sostenida por su representación gallega, que culminará en 1872, cuando es
nombrado Ministro de Ultramar por Ruiz Zorrilla e intenta emprender una
profunda reforma de la economía cubana.
Periodista antes que político,
sin embargo, el mérito principal de Gasset no es el ministerio, sino la
fundación y dirección, desde 1867, de El Imparcial,
el periódico nacional de mayor circulación e influencia durante la
Regencia. El nuevo diario liberal aparece en el momento acertado, cociéndose
lo que será la Revolución del 68, “La Gloriosa”. No es posible seguir
ahora historia de
El
Imparcial o la
gradual aproximación del liberal y antidinástico Gasset a la monarquía,
que el lector curioso puede documentar sin gran dificultad. Lo que aquí nos
interesa es anotar que entre sus primeros pasos en la carrera política y el
momento de eclosión marcado por el nacimiento de El Imparcial
y la revolución de
1868, Gasset regresa un tiempo a Galicia como Gobernador Civil de
Pontevedra, en 1865. Tiene por entonces 33 años y dos hijas, Manuela y
Dolores.
Aunque político,
Gasset era hombre honesto, discreto y trabajador. La labor que desarrolló
desde el Gobierno Civil, en especial cuando se declaró una epidemia de cólera
en la provincia, fue bastante
apreciada. Es en esta temporada de reencuentro con la tierra cuando se
instala en Vigo, donde nace el tercer hijo del matrimonio, Eduardo Gasset
Chinchilla. En 1866, parece que
en Madrid, nació Rafael. En los años siguientes, ya de vuelta en Madrid,
nacieron María (1869), José (1870) y el último, Ramón (1873).
Poco más tarde, en 1876, su mujer, Rafaela Chinchilla, enfermó y
murió. Dejaba seis hijos. Eduardo Gasset le sobrevivió ocho años. A su
muerte, en mayo de 1884, dejaba una sólida empresa
periodística. Tenía cincuenta y dos años.
En
1884, desaparecido el patriarca, los hermanos Gasset-Chinchilla tuvieron que
reorganizar el reparto de poderes. Se entiende que entre los hombres.
Eduardo, de 19 años, asumió la administración de la Sociedad. Rafael, de
18, la dirección del Periódico. José, María y Ramón eran menores y su
responsabilidad debió recaer sobre la mayor, Manuela, de 28 años. La segunda, Dolores, de 24 años, tenía ya dos hijos y
esperaba otro más. Tendrá, en total, cuatro: el primero se llama Eduardo,
en recuerdo del patriarca. El segundo se llama José, por su marido y por el
padre de su marido; es nuestro filósofo. La tercera se llamará Rafaela, en
recuerdo de su madre. El cuarto, Manuel, como su hermana Manuela. Estaba casada desde 1881 con un escritor joven y prometedor,
cercano a su padre, que había entrado a trabajar en las páginas
culturales de
El
Imparcial a
principios de los ochenta. Se llama José Ortega Munilla, dirige la hoja
literaria Los Lunes de El
Imparcial
y tiene 28 años.
En
este punto de la historia reaparece la conexión gallega. Hasta
ahora la impresión es que el vínculo de los Gasset-Chinchilla con
Galicia se reduce a unas cuantas visitas añorosas, media abuela y una
eficaz explotación de los recursos políticos propiciados por tan
generosa tierra, escasa en burguesía y abundante en cazos y caciques. Pero
hay algo más, porque los hermanos Gasset-Chinchilla empiezan a retomar
Galicia, y en particular Vigo, como referencia familiar. Supongo que las
relaciones de Eduardo Gasset Artime con su Pontevedra natal, su Padrón
electoral y su Vigo adoptivo debían ser más intensas de lo que aparentan
sus ocupaciones madrileñas. De hecho, los hermanos Gasset-Chinchilla se van
reinstalando en la ciudad y se revinculan con sus primos gallegos, José y
María Neira-Gasset, hijos de Gerardo Neira Flórez y Eugenia Gasset
Artime, hermana del patriarca.
Primero,
Manuela Gasset Chinchilla, la mayor, se casa en 1886 con Álvaro López
Mora, a la sazón diputado por
Padrón. Residen a menudo en la ciudad, donde abren “Villa Manuela”, la
casa familiar entre la Carretera de Bayona (la actual López Mora) y Peniche.
María,
la penúltima, se casa hacia 1890 con su primo José Neyra Gasset. Su esposo
muere tres años después, en una cacería, dejando dos hijas, Marita y
Josefa. Residen con frecuencia en Vigo, donde mantienen abierta la casa de
“El Bosque”, en el Regueiro (la finca de Rivas, del Cristo o de la Graña).
Eduardo, hacia 1895, deja
la administración de El Imparcial,
retoma el escaño familiar de Padrón, se casa con su prima María Neira
Gasset –heredando un buen montón de propiedades- y se instala en la Pobra
do Caramiñal, en las Torres das Xunqueiras. En 1898 ocupa el escaño de
Betanzos y traspasa a su cuñado, Ortega Munilla, el acta de diputado por
Padrón.
José, el antepenúltimo,
es, en apariencia, el único Gasset-Chinchilla que permanece ajeno a
Galicia. Sustituye a Eduardo, hacia 1895, como administrador de El Imparcial y acostumbra a cazar por la sierra castellana.
Rafael, director de
El
Imparcial,
tras representar en 1891 a Santiago de Cuba en el Congreso, ocupa en
1893 el escaño de A Estrada y, a partir de 1896, el de Noia, sin interrupción
hasta que en las últimas elecciones de la Restauración, en 1923, se
presenta como diputado por Vigo y resulta elgido. Político
regeneracionista, imprescindible Ministro de Fomento, fue el impulsor de la
política de embalses (el Plan Gasset) que le valió el mote de “Ministro
hidráulico”. “Agua, caminos y escuelas” era su lema. Su principal
pecado, apunta Barreiro Fernández, fue convertir
El
Imparcial en
plataforma de su política, perdiendo la independencia
con la que el diario se había ganado el buen nombre.
Ramón Gasset, el menor,
aunque nacido en Madrid, resulta el más “vigués” de los hermanos. Tal
vez vivía con alguna de sus hermanas instaladas en Vigo, Manuela o María.
Gerardo González documenta sus osadas hazañas ciclistas alrededor de la
Alameda, en 1887 y 1889. Casó en 1894 con Amelia Cortés en Vilagarcía.
Investigador curioso, físico e ingeniero, periodista intrépido, culto,
afable e idealista, tras
ejercer de corresponsal en las guerras coloniales, se instaló en Vigo a
finales del XIX. Sus actividades se orientaron más hacia la docencia,
empezando como profesor en el Centro de Instrucción Mercantil de Vigo y
acabando como Inspector General de Enseñanzas en Madrid. Herberto Blanco lo
recuerda de “estatura media,
con barba espesa y rizosa, mirar ausente y enigmático, que daba a su rostro
de nazareno singular dulzura, y , por último, un cierto tic de nerviosismo
que obligábale a parpadear de
continuo”. Sin especiales ambiciones políticas, fue diputado por Arzúa
en 1906, forzado por la dimisión de su hermano Eduardo, que pasó a ser
Senador por Coruña.
Por último encontramos a Dolores
Gasset, la segunda hija, quien acude a Vigo en
agosto 1885 en compañía de su esposo, José Ortega Munilla y sus
hijos Eduardo, José y Rafaela. Su cuarto y último hijo, Manuel, nace en
Vigo en octubre de ese año y la familia permanece en la ciudad hasta
diciembre. Este debió ser el primer verano vigués del futuro filósofo. A
partir de ahí se impusieron los veranos en El Escorial o Málaga, aunque
debieron sucederse varias
visitas a Galicia, más bien breves y ocasionales, hasta que a partir de
1899, con Ortega Munilla diputado por Padrón,
la familia acostumbra a pasar largos veraneos en la ciudad.
Vigo
es un terreno familiar para el joven licenciado José Ortega y Gasset,
cuando en el verano de 1902 acude a la Biblioteca de Artes e Industrias,
contempla la ría desde “Villa Manuela”, medita bajo el magnolio de la
finca de “El Bosque”, tontea con sus primas Marita y Josefa, atiende a
Maeztu o acude al Tamberlick a ver las representaciones de la Compañía
Guerrero-Mendoza. Las cosas se traman siempre antes de que uno nazca.
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