La Mitología contada a los niños -
Capítulo II
Empezaron aquellos espíritus extraviados por adorar como dioses al sol y
a la luna, porque son lo más bello y admirable de lo creado. Pero con el
tiempo este estéril culto no les bastó, y se pusieron a adorar a los
hombres que entre ellos descollaban y a las cosas, a las que daban
personalidad o personificaban: así lo hicieron con las virtudes, y aun
con los vicios. Esto es, pues, la Mitología o
Fábula, esa religión de
los paganos, disparatada, descompuesta y hasta criminal, que habría
caído entre nosotros los cristianos en el olvido y desprecio que merece,
a no ser porque la embellecieron los afamados poetas griegos y latinos,
cantándola, y los excelentes artistas atenienses con sus obras
maestras, que siempre se dirigieron al culto de sus falsos dioses. Así,
embellecida y poetizada, ha seguido dando imágenes y alegorías a los
poetas, y modelos a los artistas, por lo cual se presentan de continuo a
nuestra vista producidos esos lindos emblemas que creó la florida
imaginación de aquellos poetas, y vemos copiadas sus perfectas obras
artísticas; y sucede que aquel que no sabe a lo que se refieren, ni lo
que significan, pasa en sociedad por un ignorante y se expone a no
comprender ni las cosas que ve ni las cosas que oye.
Tan generalizado y esparcido está el conocimiento de la Mitología, que
existen cantidad de expresiones hasta populares que dimanan de ella,
cuales son: un pánico, la rueda de la fortuna, un alcides, una bacanal,
y otras calificaciones. También en el Zodíaco, o curso anual del sol,
han conservado los astrónomos los emblemas que empleó aquélla para el
mismo objeto.
Dicen que Nino,
soberano del imperio asirio, fue el primero que
introdujo entre los hombres esta idolatría, levantando a su padre, a
quien deificó o hizo dios, una estatua, y forzando a su pueblo a que la
adorase; y siguiendo este giro, fueron deificados Saturno, Júpiter y
otros soberanos. Pero no tratamos de investigar eruditamente el
origen de la Mitología, ni de inquirir la realidad que sirvió de base a
este deforme parto de imaginaciones ricas y extraviadas; sólo tratamos
de tomar una corta, pero exacta, idea de ella misma. Como no es
historia, ni es doctrina, ni tiene leyes, ni consecuencia, os daremos a
conocer por su orden sus dioses, sus semidioses, genios y ninfas, y de
estas relaciones parciales se desprenderá ese conjunto que forma la
Mitología.
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