La Mitología contada a los niños -
Capítulo VII -
Plutón y el Orco
Este nombre se deriva de una palabra griega que quiere decir «riqueza»,
para significar que la contiene la tierra en sus entrañas, y fue el que
recibió el hijo de Saturno a quien tocó el reino subterráneo de los
infiernos. No halló su majestad diosa que quisiese compartir con él su
triste imperio, y tuvo que robar a Proserpina, hija de su hermana
Ceres.
El dolor que por este rapto sintió esta diosa, que corrió mucho tiempo
tras del raptor y de su hija, es muy nombrado en la Mitología.
Había en los infiernos paganos varios ríos, que eran el
Aqueronte, el
Cocito, el Flegeton y el
Styx. Pasaba a las almas a la orilla opuesta
Caronte, que era un viejo nexorable, hijo de
Erebo (que era la noche) y
del Caos. Las almas hallaban a la orilla opuesta el tribunal que las
había de juzgar, compuesto por tres jueces, que eran
Éaco, Minos y
Radamanto. Las de los buenos iban a los
Campos Elíseos, y las de los
malos al Tártaro.
El portero de aquellos lugares era el
Can Cerbero, que era un perro de
tres cabezas; hacían de verdugos las tres Furias, que se llamaban
Alecto, Megera y
Tisífone, y eran hijas de Aqueronte. Se pintan con teas
y víboras en las manos y cabelleras de serpientes. Moraban allí también
las tres Parcas, que hilaban y cortaban el hilo de la vida de los
mortales. Láquesis tenía el huso,
Cloto el hilo, y
Átropos, la más vieja
de las tres, las tijeras con que lo cortaba. Forma la alegoría de lo
pasado, de lo presente y de lo futuro.
Después de algún número de años pasaban las almas que iban a los Campos
Elíseos de nuevo a vivir en el mundo; pero antes bebían en el
Lete, que
es el río del olvido, para que olvidasen su anterior existencia.
Plutón se suele pintar como un rey muy grave, sentado en su trono con
una corona de oro; tiene otros varios nombres, como son: Arco, Februo y
Urgo.
Había otro personaje en aquel mustio reino, que era ministro de
Plutón,
y se llamaba Pluto. Era el dios de la Riqueza, y lo hacían hijo de Ceres
y de Jusión, para significar que la agricultura era la verdadera madre
de la riqueza.
Pluto tenía vista; pero habiendo dicho a
Júpiter que sólo favorecía a la
virtud, este dios lo cegó para que no pudiese discernir la virtud y el
vicio. Píntanlo como un anciano que trae en la mano un talego, acercándose
con paso lento y alejándose con alas, para significar cuán despacio se
adquieren y cuán aprisa se disipan las riquezas.
No saldremos de esta sombría mansión sin que os imponga de ciertos
castigos inferidos allí a algunos criminales, porque han llegado a ser
proverbiales, tal como lo es el tormento de Tántalo, que padece eterna
hambre y sed, metido en un lago, cuyas puras y frescas aguas se retiran
de sus labios cuando a ellas las acerca, y sobre cuya cabeza cuelgan
ramas con sazonadas frutas, que se elevan a gran altura cuando su mano
va a asirlas. Atribúyese este castigo a varias causas, siendo la más
adoptada el haber robado de la mesa de los dioses el ambrosía, que era
su alimento, y el néctar, que era su bebida, que ambos tenían la virtud
de conservar la juventud y dar la inmortalidad. Dicen autores griegos
que este tormento de Tántalo es una alegoría para pintar al avaro,
que no disfruta de lo que tiene, y cuya ansia no se aplaca nunca.
Es otro tormento el de Sísifo, hijo de
Eolo, sobre cuyo crimen hay
varias versiones, pero siendo la más general el que fuese un salteador
de caminos, ladrón y asesino, por lo que está condenado a subir a un
monte un peñasco que apenas llega a la cumbre cuando cae velozmente al
pie de la cuesta, y el condenado se ve obligado a emprender de nuevo su
tarea; por eso se dice de un trabajo que se hace muchas veces, sin
lograr éxito, que es el de Sísifo.
Es también nombrado el castigo de las
Danaides, que eran cincuenta hijas
del rey de Egipto. Su hermano Egipto tenía cincuenta hijos, y pretendió
casarlos con sus cincuenta primas. No siendo gustoso
Dánao ni sus hijas
en este enlace, pero no atreviéndose a rehusarlo por temor, se
desposaron; pero aquella noche, habiendo recibido al efecto cada cual un
puñal de su padre, mataron a sus maridos y huyeron a Argos. Una sola,
llamada Hipermestra, se exceptuó de este crimen, por el que están las
que lo cometieron condenadas a llenar de agua una cuba que no tiene
fondo, por lo cual se dice de un trabajo inútil o inacabable que es
el de las Danaides.
Hay también el tormento de Ixión, que está atado en una rueda rodeada de
serpientes, que da vueltas sin cesar; su crimen fue haber muerto a su
suegro, y perdonado por Júpiter pagó este beneficio con la osadía de
enamorarse de Juno, que se quejó de ello a su marido, y éste condenó al
malvado al referido castigo.
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