Historia de los hombres célebres de Grecia -
Capítulo XIX -
MilcÍades y Cimón
Milcíades general ateniense, fundó una colonia en el
Quersoneso, en
Tracia, después de haber vencido a los pueblos que a ello se oponían.
Habiendo los persas declarado la guerra a los atenienses, vinieron con
300.000 combatientes sobre Maratón, pequeña ciudad situada a orillas del
mar. El ejército ateniense no contaba sino 10.000 hombres y diez jefes,
que se unieron todos bajo el mando de Milcíades. Este hábil
general colocó tan acertadamente sus tropas, que aunque al principio
cedieron, se recuperaron y vencieron a los persas, que tuvieron que
volverse a embarcar con gran pérdida. Esto fue 490 años antes del
nacimiento del Señor. Algunos años después le dieron el mando de 70
buques que aprestaron para castigar las islas que habían favorecido como
aliadas a los persas. Conquistó varias, y estando sitiando a la de
Paros, tuvo aviso que llegaban los persas con fuerzas muy superiores, y
tuvo que regresar. Una grave herida que había recibido, le imposibilitó
de aparecer en público, de lo que se aprovechó un enemigo suyo para
acusarle de estar en connivencia con los enemigos, por lo cual fue
condenado a ser arrojado al Baratro, que era una sima que había en
Ática, en la que se arrojaban los criminales condenados a muerte. El
magistrado se opuso a tan cruel sentencia, y sólo pudo lograr,
recordando los muchos y buenos servicios prestados a la república por
Milcíades, que se conmutase la pena de muerte con una multa de 50
talentos, que no pudo pagar, y fue encerrado en una cárcel, donde poco
después murió de resultas de su herida. Su hijo
Cimón pidió
prestados los 50 talentos para rescatar el cadáver de su padre y darle
sepultura.
Cimón siguió con gran valor y fortuna la honrosa carrera de las armas
que había sido la de su padre. Conquistó las mejores plazas y los
mejores aliados que tenían los persas en Asia; destruyó sus ejércitos y
sus escuadras, lo que obligó al rey de Persia a hacer un tratado de paz
muy honorífico y ventajoso a los griegos. Cimón fue en la paz hombre tan
superior como lo había sido en la guerra; pero no igualó a otros en la
ciencia del gobierno, y sus frecuentes ausencias, y su excesiva
franqueza, llegaron a causarle el dolor de verse impuesto el castigo del
ostracismo, que era un destierro de diez años. Bien pronto lo
necesitaron y lo mandaron a llamar para darle el mando de un ejército
destinado a ir a Egipto; pero no pudo cumplir su cometido, porque murió
en la isla de Chipre 449 años antes de la Era cristiana.
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