Historia de los hombres célebres de Grecia -
Capítulo XXIII -
Hipócrates
Es éste el más célebre médico de la antigüedad, y nació en la isla de
Cos, una de las Cíclades, hacia el año 460 antes de la Era cristiana;
este gran médico desterró de Atenas la horrorosa peste que sufría al
principio de la guerra del Peloponeso, recompensándole los atenienses
este gran servicio con el derecho de ciudadanía y con una corona de oro.
Tan buen patricio como buen facultativo, rehusó las grandes sumas y
altos honores que le ofreció Artajerjes, «Mano larga», porque se
estableciese en su corte, respondiendo a estas ofertas que se debía todo
a su patria y no a extraños. El rey, incomodado de esta respuesta,
intimó a la ciudad que le entregase a Hipócrates, a lo que aquélla se
negó con entereza. Su virtud, su desinterés y su modestia igualaron a su
gran saber. En una de sus curas erró, lo que consignó por escrito con el
fin de prevenir en otros semejante error. Él fue el que instituyó las
juntas de facultativos, diciendo que un médico no debía avergonzarse de
consultar a otros sobre la manera de curar una enfermedad. Todos los
médicos admiran hoy su saber, y muy pocos le igualan. Este hombre sabio
cogió el fruto de su ciencia, pues vivió más de cien años, sano de
cuerpo y enteras sus facultades intelectuales. Murió en Larisa
(Tesalia), en donde se le hicieron los mismos honores que se hicieron a
Hércules. Recibió de los médicos el sobrenombre de «Divino». Subsisten
varias obras de este genio de la Medicina. Sus «Aforismos» son
considerados como oráculos. Se conservan también sus «Pronósticos» y un
tratado sobre los vientos, que llaman su obra maestra, y sus «Tratados»;
sobre todas estas obras se han escrito muchos comentarios.
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