Historia de los hombres célebres de Grecia -
Capítulo XXI -
Esopo
Es el fabulista más antiguo, después de
Hesíodo, que inventó las
fábulas. Nació en Amorium, pueblecito de Frigia. Fue esclavo de dos
filósofos, Janto e
Idmo, este último lo emancipó. Los filósofos de la
Grecia se habían hecho célebres por sus graves sentencias y lenguaje
altisonante. Esopo tomó un método más llano y más sencillo: hizo hablar
a los animales y cosas inanimadas para dar lecciones a los hombres.
La fama de su saber se extendió en breve por toda la Grecia.
Creso, rey de Lidia, lo hizo venir a su corte y lo colmó de beneficios.
Esopo se ausentaba a veces de Lidia para viajar. Llegó a Atenas a tiempo
que la avasallaba el tirano Pisístrato, y al ver lo mal que llevaban los
atenienses aquel yugo, les compuso la fábula de las ranas, descontentas
de todo gobierno.
Viajó por Egipto y Persia, esparciendo por todas partes sus festivas
lecciones de moral. A su vuelta a la corte de Creso lo envió este
soberano a Delfos para hacer un sacrificio a Apolo; desagradó a aquellos
habitantes, a causa de la fábula que les compuso de los leños flotantes
sobre el agua, que de lejos parecen algo y de cerca no son nada, y fue
tanto su encono, que lo mataron arrojándole de una alta roca. Toda la
Grecia sintió su muerte, y en Atenas le levantaron una estatua. Refiérese la hermosa respuesta que dio a
Quilón uno de los sabios de
Grecia que le preguntaba en qué se ocupaba Júpiter. «En rebajar las
casas altas y en levantar las pequeñas», respondió
Esopo.
Sócrates puso algunas de sus fábulas en verso, estando encarcelado; el
severo Platón que consideraba los poetas como corruptores de la
Humanidad, llamaba a Esopo su preceptor.
Se debe a un monje griego, Planudes, la recopilación y conservación de
las fábulas del insigne moralista.
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