Historia de los hombres célebres de Grecia -
Capítulo XII -
Epicuro
Epicuro nació en Gargeria, en el Ática, 342 años antes de la Era
cristiana, de padres pobres. Desde la edad de doce a trece años mostró
su afición al estudio y al saber. Un día, habiéndole dicho su maestro
que el caos fue la primera cosa creada, le preguntó el niño: ¿pero quién
creó el caos? Eso quien podrá saberlo serán los filósofos, contestó el
maestro; pues entonces quiero estudiar filosofía, repuso el niño.
Después de aprenderla y de haber recorrido muchos países para aumentar
sus conocimientos, abrió escuela en Atenas. Encantaba con su trato dulce
y grave y sus buenas maneras a cuantos le trataban. Daba sus lecciones
en un hermoso jardín, recostado con sus discípulos sobre el césped
entre flores. La doctrina que enseñaba era que la felicidad del hombre
consiste en gozar, no en los placeres que procuran los vicios ni los
sentidos, sino en los que procuran el entendimiento y la virtud. A pesar
de esta aclaración, la doctrina era demasiado escandalosa para que no
fuese fuertemente combatida aun entre los gentiles. Los filósofos
estoicos, sobre todo, le hicieron cruda guerra.
Epicuro no contestó a
los ataques y calumnias que contra su persona corrieron, y sólo las
refutó llevando una vida austera, estudiosa y ejemplar, y murió a los 72
años de un mal de la vejiga, dando libertad a todos sus esclavos que por
su buena conducta hubiesen merecido esta gracia. «Es preciso convenir,
dice un autor erudito, en que en todas partes donde penetró la doctrina
de Epicuro hizo mucho mal, fuese a causa de no interpretarse bien, o a
causa de estar ya corrompidos los que la admitieron. Acabó de corromper
a los romanos, apagando en ellos el valor, el amor patrio, la grandeza
de alma; y por ella entraron el vil interés, la sed de oro, el lujo, la
molicie, la intemperancia y el libertinaje».
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