Historia de los héroes y semidioses de los griegos -
Capítulo VII -
Edipo
Habiendo predicho el oráculo a
Layo, rey de Tebas, que moriría a manos
de su hijo, y estando próxima a parir su mujer Yocasta, le ordenó a ésta
su marido que si daba a luz un varón lo matase; mas no pudiendo ella
ejecutar orden tan bárbara, entregó el niño que nació a un pastor. Pero
tampoco el pastor tuvo valor para matarle y le colgó por los pies a un
árbol. Halláronle los criados de Pólibo, rey de Corinto, lo recogieron y
se lo llevaron a la reina, que no tenía hijos, y que lo prohijó e
hizo creer a todos que era hijo suyo. Púsole por nombre
Edipo, que
significa «pies hinchados», porque siempre los conservó así de resultas
de haber estado colgado por ellos. Ya crecido, supo que no era hijo de Pólibo, y consultó al oráculo para saber quiénes eran sus padres. Este
le respondió que los hallaría en Fócida. Determinó, pues, trasladarse
allá; cerca ya de Tebas, se encontró en un camino estrecho a su padre, y
no habiendo querido ninguno retroceder para dejar paso al otro, llegaron
a las manos y Edipo, sin conocerlo, mató a su padre.
Halló a Tebas afligida por la peste; y habiendo predicho el oráculo que
ésta no cesaría hasta que no se exterminase la Esfinge, de que ya os he
hablado, y que no podía serlo sin que antes acertase su contrario el
enigma que le propusiese; ya os he referido el cómo lo acertó
Edipo, y
que la Esfinge se mató de rabia. Había sido prometido al que libertase
al país de aquel monstruo, que se casaría con la reina y sería soberano.
Así sucedió; pero Yocasta averiguó que era Edipo su hijo, y el que
había matado a su padre, y horrorizada se suicidó. Casóse después
Edipo
con Eurigone, de la que tuvo cuatro hijos,
Eteocles y Polinices, y dos hijas
Antígona e Ismene.
Algunos años después volvió a ser afligido el reino por la peste, y
consultado el oráculo dijo que no cesaría hasta que se averiguase quién
era y se castigase al que había muerto al rey Layo.
Edipo dispuso que se
hiciesen averiguaciones, y por ellas supo que era él. Entonces,
desesperado, se arrancó los ojos, dispuso que sus hijos reinasen
alternativamente, y conducido por su hija Antígona marchó a Tebas, donde
fue bien acogido por Teseo. Murió en Colona, cayendo en un precipicio,
o abriéndose la tierra para tragarlo, según pensaron los griegos.
Cuando llegó su turno de reinar, no quiso Polinices ceder el trono
a Eteocles; de esto resultó una guerra, en la que los hermanos en
un combate singular se mataron el uno al otro. Su abuelo
Creón mandó que
no se les diese sepultura; pero su buena hermana Antígona cumplió
ocultamente este último deber, lo que, sabido por su abuelo, la mandó
encerrar en un calabozo para que en él muriese de hambre. Ella, para
evitar este largo suplicio, se ahorcó con su hermana Ismene, que había
querido sufrir la misma suerte que ella. Así acabó esa desgraciada
estirpe.
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