Historia de los hombres célebres de Grecia -
Capítulo VII -
Demócrito
Nació en Abdera, ciudad de Tracia. En casa de sus padres se alojó
Jerjes
cuando hizo su expedición a Grecia, y agradecido a éstos, les dejó
algunos riagos (así denominaban en Oriente a los sabios o eruditos),
para que educasen a su hijo. Su amor al estudio le llevó a viajar para
instruirse, y llegó hasta las Indias. Gastó en esto todo su patrimonio;
pero a su regreso, habiendo leído a los jueces algunos de sus escritos,
los entusiasmó esta lectura de tal suerte, que le dieron una gruesa suma
de dinero y le mandaron erigir una estatua.
Demócrito no era afecto a la tristeza: reía siempre y de todo,
burlándose de los hombres y de sus vicios y devaneos. Sus conciudadanos,
extrañando esta risa continua, y temiendo que fuese una especie de
perturbación de cerebro, mandaron venir al famoso médico
Hipócrates para
que lo examinase.
Después de haberlo hecho, les contestó que muchos que se tenían por muy
cuerdos lo eran harto menos que el pretendido demente. Es igualmente
falso el que, como se dijo, se hubiese cegado voluntariamente para
meditar sin distraerse.
No pudiendo consolarse el rey
Darío Oco de la muerte de su mujer, le
dijo Demócrito que la resucitaría, siempre que Darío le proporcionase,
para grabar sobre el sepulcro de la reina, los nombres de tres personas
exentas de las adversidades de la vida, y como el hallarlas era
imposible, esta lección enseñó al rey a conformarse con lo que la suerte
le deparaba.
Demócrito murió a los 109 años de edad, 362 antes del nacimiento del
Hombre-Dios. No se ha conservado ninguno de sus escritos.
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