Historia de los hombres célebres de Grecia -
Capítulo VIII -
Crates
Nació en Tebas, en la Beocia, y fue discípulo de
Diógenes el Cínico.
Según la regla de su secta, vendió sus bienes, cuyo producto confió a un
banquero, encargándole que se los entregase a sus hijos, si no fuesen
bastante cuerdos para hacerse filósofos, y si lo fuesen que lo
repartiese al público. Era jorobado, feo y tan desaseado, que causaba
repulsa y asco; a pesar de esto, inspiró una violenta pasión a
Hiparquia,
hermana del filósofo Metrocles. Hizo cuanto pudo para disuadirla del
empeño que tenía de unirse a él; pero Hiparquia persistió en su extraño
empeño y se casó con él. Son absurdos los pormenores que se han contado
sobre las extravagantes condiciones que puso Crates a su
consentimiento. Tuvo dos hijas, que casó con dos discípulos suyos, y
vivió 228 años antes del nacimiento de Nuestro Redentor.
Era sufrido y sobrellevaba los malos tratamientos sin devolverlos. En
una ocasión un hombre llamado Nicodremo le dio una bofetada tal, que le
hinchó el carrillo, de lo que no tomó más venganza que poner debajo del
hinchado carrillo un letrero que decía: «Nicodemo lo ha hecho».
Alejandro el Grande tuvo curiosidad de conocer a este Cínico, y le
preguntó si deseaba que volviese a reconstruir su ciudad natal, Tebas.
¿Para qué? contestó Crates, ¿para
que venga otro Alejandro y la vuelva a destruir?
Cuando le preguntaban para qué servía la filosofía,
contestaba: para aprender a contentarse con vegetales y a vivir sin
cuidados y sin inquietudes. Atribúyesele esta singular tarifa de gastos:
se debe pagar al cocinero, diez minas; al médico, una dracma; a un
adulador, cinco talentos; a un amigo de dar consejos, humo, y a un
filósofo, tres óbolos.
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