La Mitología contada a los niños -
Capítulo IV -
Cibeles
A Cibeles, mujer de
Saturno, han dado los poetas varios nombres, que han
tomado de las montañas de Frigia en donde más principalmente se la
veneraba y que son «Dindimena, Berecintia e Ida». También era nombrada
Magna-Mater por ser la madre de los dioses de primera categoría, como
asimismo «Ops y Tellus (Tierra)»; porque así como su marido
presidía en el cielo, ella presidía en la tierra y procuraba socorros a
los mortales. Representábanla sentada en tierra y con un tamboril en la
mano y algunos animales a su lado; otras veces en un carro, del que
tiraban leones, con una corona de murallas y torres o bien de ramaje,
llevando en la mano una llave en señal de que en invierno encierra la
vegetación y en la primavera la abre con mano liberal. Los sacerdotes de
Cibeles se llamaban «Dáctilos», que significa «dedos»; por ser su número
diez, el mismo que el de los dedos. Celebraban estos sacerdotes las
fiestas de su diosa con gritos confusos, tamboriles y pífanos.
Algunos la han denominado Vesta, por lo que muchos eruditos han creído
que había dos Vestas, y aun hay otra tercera más moderna que presidía al
fuego. Numa Pompilio, rey de Roma, le consagró un altar, y ordenó que
jóvenes doncellas que se llamaron «Vestales», cuidasen de tener en él
siempre fuego encendido. Considerábase el que se apagase como una gran
desgracia, y si sucedía por descuido de las Vestales, eran éstas
severamente castigadas. Renovábase el fuego en marzo, y sólo debía
encenderse por medio de los rayos del sol.
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