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Mitología de la juventud

 

La Mitología contada
a los niños

Cap. I

Cap. II

Cap. III - Saturno

Cap. IV - Cibeles

Cap. V - Júpiter

Cap. VI - Neptuno y las ninfas marinas

Cap. VII - Plutón y el Orco

Cap. VIII - Minerva

Cap. IX - Venus y Cupido

Cap. X - Baco - Ariadna

Cap. XI - Apolo y las Musas

Cap. XII - Diana

Cap. XIII - Esculapio - Hebe - Némesis - Los cíclopes - Argos

Cap. XIV - Atlas - Mercurio - Lares - Penates

Cap. XV - Infierno, Averno u Orco

Cap. XVI - Éolo - Bóreas - Zéfiro - Eco - Proteo

Cap. XVII - Animales fabulosos

Cap. XVIII - Divinidades Campestres

Locuciones tomadas de la Mitología

Historia de los héroes y semidioses de los griegos

Cap. I - Hércules

Cap. II - Teseo, Cadmo y Jasón

Cap. III - Agamenón y Orestes

Cap. IV - Ulises

Cap. V - Perseo

Cap. VI - Cástor y Pólux

Cap. VII - Edipo

Cap. VIII - Aquiles

Cap. IX - Deucalión y Pirra

Cap. X - Jano

Historia de los hombres célebres de Grecia

Cap. I -  Los Siete Sabios

Cap. II - Licurgo

Cap. III - Sócrates

Cap. IV - Platón

Cap. V - Aristóteles

Cap. VI - Heráclito

Cap. VII - Demócrito

Cap. VIII - Crates

Cap. IX - Diógenes

Cap. X - Aristipo

Cap. XI - Pitágoras

Cap. XII - Epicuro

Cap. XIII - Epicteto

Cap. XIV - Teofrasto

Cap. XV - Heródoto

Cap. XVI - Epaminondas

Cap. XVII - Pelópidas

Cap. XVIII - Jenofonte

Cap. XIX - Milcíades y Cimón

Cap. XX - Homero

Cap. XXI - Esopo

Cap. XXII - Hesíodo y otros escritores griegos

Cap. XXIII - Hipócrates

Cap. XXIV - Demóstenes

 

La Mitología contada a los niños e historia de los grandes hombres de Grecia

Fernán Caballero (1796-1877)

Índice
 

 

La Mitología contada a los niños - Capítulo XV - Infierno, Averno u Orco

Lugar de tormento en el que los malos son castigados por sus delitos; que así suceda es una cosa tan natural que la existencia de este lugar es de fe en todas las religiones. En la Mitología se dice ser un antro subterráneo al que van las almas para ser juzgadas por tres jueces, que son Minos, Eaco y Radamanto, y en que impera Plutón como dios y como rey. Estaba dividido en varias partes, una de ellas espantosa, en que había un río de fuego, lagunas de aguas venenosas, hornos candentes y monstruos; otra parte era sosegada y apacible, y estaba destinada a lugar de descanso de los justos, llamada Campos Elíseos, como la primera se denominaba Tártaro. En el centro de éste había un lugar encerrado en una triple muralla de bronce y de grande profundidad. Para llegar a aquellos parajes era necesario atravesar el Erebo, que fue un hijo del Caos y de la Noche, que por haber auxiliado a los Titanes en su guerra contra los dioses fue cambiado en río y precipitado en los infiernos.

Hay allí varios castigos de que os he hablado ya, que por recaer en criminales que son personajes históricos han adquirido renombre. Es uno de éstos Prometeo; atado por Júpiter a una roca, no puede defenderse de los ataques de un águila feroz que le despedaza y devora las entrañas. Fue este castigo debido, según la versión más conocida, a que Prometeo, que era por lo visto un hábil estatuario, formó con barro una hermosísima mujer, que llamó Pandora; mas como le faltaba la vida que él no podía darle, subió al Olimpo y robó uno de los rayos del sol con que la animó. Los dioses de aquel cielo ridículo dieron en castigo a Pandora una caja que contenía todos los males que desde entonces afligen el mundo, y Júpiter infligió a Prometeo el horrible tormento mencionado. Para no dejaros bajo la triste impresión que causa sólo imaginar cosa tan terrible, os diré que vino el celebérrimo Hércules, mató al águila y salvó a Prometeo.

Allí están las Danaides, que son cincuenta hermanas, hijas de Dánao, rey de Argos, condenadas a estar llenando incesantemente de agua una cuba desfondada, que por consiguiente no se llena nunca. Un hermano de su padre, llamado Egipto, le usurpó su reino y quiso casar a cincuenta hijos que tenía con sus primas; pero Dánao, resentido, dio a cada una de sus hijas un puñal para que después del casamiento matasen a sus maridos, lo que hicieron, sufriendo después el merecido castigo.

Conocido es igualmente el infligido a Sísifo, que consistía en subir por una cuesta una roca enorme, la que al llegar a la cumbre volvía por su propio peso a rodar abajo. Era Sísifo un rey bueno y muy sabio que reinó en Corinto: se dice de él que encadenó la muerte, para significar que amó mucho la paz y no tuvo nunca guerra con sus vecinos; con su mucha ciencia alcanzó a saber los secretos de los dioses, que reveló a Esopo, por lo que fue castigado.

En una fresca laguna se ve allí a Tántalo, sobre cuya cabeza cuelgan ramas de árboles, cuajados de hermosas frutas, mientras él sufre los tormentos de la sed y del hambre sin poderlos saciar, porque al acercar sus labios al agua ésta se retira y al querer asir las frutas éstas se alzan fuera de su alcance. Tántalo era rey de Lidia, y son varias las causas a que atribuyen el castigo que sufre. La más aceptada es la que refiere Píndaro, de haber robado a los dioses la ambrosía, que era su comida, así como era el néctar su bebida. Era aquélla un manjar exquisito cuya fragancia embalsamaba el Olimpo, mantenía la salud, conservaba la juventud y procuraba la inmortalidad. Dícese que de una de las astas de Amaltea surgía ésta, y de la otra asta brotaba el néctar.

Estos castigos significan: el de Tántalo la nunca satisfecha ansia de la ambición; el de Prometeo, cuyas entrañas sin cesar se renuevan y despedaza un águila, los remordimientos; el de las Danaides un intento tenaz y sin éxito posible; el de Sísifo los descabellados planes y sistemas de los ideólogos, sin aplicación ni éxito.

 

La Mitología contada a los niños e historia de los grandes hombres de la Grecia -  INFIERNO, AVERNO U ORCO

 

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