Historia de los héroes y semidioses de los griegos -
Capítulo III - Agamenón y Orestes
Agamenón, rey de Argos, era hijo de
Plisteno, que lo era de
Atreo (otros
dicen que su hermano), por lo cual Agamenón y su hermano
Menelao fueron
denominados los Atridas. Casó con
Clitemnestra, hija del rey de Esparta,
y fue uno de los generales de los griegos en el sitio de Troya. Tuvo
allí una célebre desavenencia con Aquiles por una
esclava,
denominada Briseida. Al ir hacia allá estuvo la expedición detenida en
Táurida, a causa de los vientos contrarios, y para obtenerlos propicios
intentó sacrificar a su propia hija Ifigenia a
Minerva; pero en el
momento de consumarse el sacrificio, esta diosa la arrebató,
sustituyendo en su lugar una cierva. Vuelto a su reino después del sitio
de Troya, fue muerto a manos de su mujer y de Egisto, amante de ésta.
Su hijo Orestes vengó el asesinato de su padre, matando, no sólo a Egisto sino también a su madre. Entonces las
Furias, con las que han
querido significar en esta ocasión los remordimientos, empezaron a
perseguirle despiadadamente con encendidas teas en sus manos. Había sido
Orestes educado por su tío Estrofio, rey de Fócida, con su primo
Pílades,
con el que contrajo tan tierna amistad, que fueron inseparables,
quedando aquélla como proverbial. Fuese con éste a Atenas para someterse
al juicio del Areópago famoso tribunal así llamado porque la primera
causa que juzgó fue la de Marte (también llamado
Ares), acusado por
Neptuno de haber dado muerte a
Alirocio, hijo de este dios, que para
vengar a su padre del triunfo que sobre él había logrado
Minerva
al crear el olivo, se propuso cortar todos los de la campiña de Atenas.
Fue Orestes absuelto por haberse interesado Minerva en su favor, pero no
por eso dejaron las Furias de atormentarlo. Consultó con el
oráculo de Delfos, que le dijo que fuese al Quersoneso, en Táurida, hoy día llamado
la Crimea, y que trajese de allí la estatua de Minerva, que se adoraba
en su templo. Trasladóse allí con su amigo Pílades; fueron presos por
aquellos habitantes, que determinaron que uno de los dos fuese
sacrificado. Entonces acaeció la famosa porfía en que cada cual quiso
morir para salvar al amigo que amaba. Afortunadamente, Ifigenia, a quien
Minerva había llevado allí y establecido en su templo por sacerdotisa,
reconoció a su hermano y valiéndose tanto de su influencia como de
engaños, pudo salvar a ambos, recoger la estatua de Minerva y huir con
ellos llevándosela.
Orestes reinó entonces pacíficamente en Argos, y casó con
Hermíone, hija
de su tío Menelao y de la bella Elena su mujer. Casó también a Pílades
con una de sus hermanas, llamada Electra. Ésta había sido forzada por su
madre y por Egisto, su amante, a casarse con un hombre oscuro, pero tan
honrado, que hizo un casamiento fingido con tal de proteger y
amparar a la perseguida princesa, que devolvió con respeto a su hermano
Orestes tan luego como volvió a subir al trono, y os refiero este hecho,
niños míos, porque si bien en la fábula y en la historia griega abundan
hechos heroicos, son muy escasos los generosos y delicados, como es
consiguiente en almas e imaginaciones que carecen de la alta y noble
cultura del cristianismo.
Orestes, en un viaje que hizo a Arcadia, murió de resultas de la
mordedura de una serpiente, a los noventa años de edad, después de haber
reinado setenta.
|