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La Mitología contada a los niños e historia de los grandes hombres de Grecia  
 

MITOLOGÍA DE LA JUVENTUD
 

Introducción al estudio de la Mitología

De los dioses de la Grecia y de Roma

 

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Atlas

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Baco

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Caos y descendientes

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Deucalión

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Eolo

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La Esfinge

 

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Las Furias o Euménides

 

Las Gorgonas

Las Gracias

 

Harpócrates

Hebe

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Las Hespérides

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Los Infiernos

 

Jano

Jason

Juno

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Los dioses Lares

 

Marte

Mercurio

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Las Musas

 

Las Náyades

Neptuno

Las Nereidas

 

El monte Olimpo y los juegos Olímpicos

Orfeo

 

Pan

Las Parcas

Los dioses Penates

Perseo

Pluto

Plutón

Pólux

Pomona

Príapo

Prometeo

Proteo

 

Los Sátiros

Saturno

Las Sirenas

El Sueño

 

Termino

Teseo

Los Tritones

Troya: reyes, guerra y destrucción de Troya

 

Ulises

 

Venus

Vertumno

Vesta la menor o pequeña

Vulcano

 

Zéfiro

 

Conclusión

 

 

Mitología de la Juventud

o Historia Fabulosa para la inteligencia de los poetas y autores antiguos


Índice
 

 

Cap. XVII - Baco  ◄

 

    ►  Cap. XIX - Pan

Mitología de la juventud - Capítulo XVIII - Vesta la menor, o la pequeña

P. ¿Quién era Vesta?

R. Vesta la anciana era la misma que Cibeles, de quien hemos hablado ya. Vesta la menor, o la pequeña, diosa del fuego, era hija de Saturno y hermana de Júpiter, de Neptuno, de Plutón, de Juno y de Ceres.

P. ¿Qué se nota relativamente a Vesta?

R. Que tenían por ella suma veneración los romanos. Presidía a la entrada de las casas, que en razón de su nombre se llamó vestíbulo, a los altares, y a los hogares. En su templo se mantenía el fuego sagrado encendido con los rayos del sol y que ardía constantemente.

P. ¿Quién mantenía este fuego?

R. Las vírgenes jóvenes, llamadas vestales, estaban encargadas de ello particularmente. Si dejaban apagar el fuego sagrado eran castigadas severamente (1), y enterradas vivas si quebrantaban su voto de castidad.

P. ¿Cómo se representaba a Vesta?

R. En calidad de diosa del fuego no se la erigían estatuas, porque la suma sutileza de este elemento no permitía que se la representase de esta manera; pero como protectora de las casas y hogares, se la representaba en figura de una mujer vestida con una ropa talar, que arrastraba, con un velo en la cabeza, y una lámpara en una mano, y en la otra un dardo. En algunas medallas se la ve con un tambor.

P. ¿No tenían las vestales otro encargo sino el de mantener el fuego sagrado?

R. Sí: debían guardar también una imagen, de cuya conservación dependía, según se decía, la existencia misma de Roma, y que se creía ser el palladium de Troya salvado por Eneas (2).

P. ¿No tenían grandes privilegios estas vestales?

R. Sí: cuando encontraban en su camino un reo que era llevado al suplicio, tenían el privilegio de salvarle la vida; solamente debían afirmar que este encuentro era efecto del acaso. Cuando pasaban por la ciudad iban precedidas de un lictor, que servia al mismo tiempo para preservarlas de todo insulto, y para hacerlas honor. Los cónsules y los pretores las dejaban el camino libre cuando encontraban alguna de ellas. Si había embarazos que lo estorbasen, se detenían hasta que hubiesen pasado, y hacían que se las saludase con la segur y las fasces (3). En un tribunal su declaración pura y simple tenia fuerza de juramento.

__________

(1) Un accidente de esta naturaleza era considerado siempre como un presagio desgraciado; todos los negocios públicos y todas las diversiones se suspendían, hasta que hubiese sido expiada la ofensa, con rogativas y sacrificios.

(2) Para explicar esto, se decía, que la imagen robada por Ulises y Diomedes, no era el verdadero palladium, sino una estatua ordinaria de Minerva.

(3) Las fasces eran unas hachas rodeadas de varitas, que se llevaban delante de los cónsules.

 

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