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B: EL USO
PRACTICO DE LA RAZÓN
I. La Razón
Práctica y el conocimiento moral
I.1.
Concepto de Razón Práctica
La conducta moral tiene que ver con la Razón porque está sometida a
principios y vinculada con lo universal, y sólo la Razón es capaz de
permitir este vínculo. La Razón tiene una doble vertiente: Teórica y
Práctica; no se trata de dos razones sino de dos usos distintos de la
misma razón. La Razón Teórica se ocupa de conocer cómo son las cosas;
la Razón Práctica se ocupa de cómo debe ser la conducta humana; no le
interesa el ser sino el deber ser. La Razón Teórica formula
juicios (proposiciones con la forma "A es B") y la Razón Práctica
imperativos o mandamientos (preceptos con la forma “debes hacer X").
Obras de ética: "Crítica de la Razón Práctica" y “Fundamentación de la
Metafísica de las costumbres”.
I.2. El “factum de la
moralidad”
Punto de partida de la reflexión de Kant sobre el conocimiento: la
existencia de conocimiento universal y necesario (conocimiento a priori);
la "Crítica de la Razón Pura" intenta mostrar las condiciones
transcendentales, a priori, de dicho conocimiento. Punto de partida de
la reflexión ética kantiana: en la experiencia moral hay algo análogo
a aquel dato fundamental de la esfera del conocimiento: el "factum
de la moralidad", el hecho moral; este hecho consiste en la
existencia del deber: todos los hombres tienen conciencia de estar
sometidos a prescripciones morales, se sienten obligados a hacer ciertas
cosas y a evitar otras. Esta conciencia del deber es conciencia de una
determinación de la voluntad que posee características análogas a las de
la experiencia de conocimiento: la universalidad y la necesidad. Kant
creerá que cuando un sujeto vive el deber lo vive de forma incondicionada:
si está mal matar está mal en toda circunstancia y en todo tiempo, no hay
excepciones, el mandato se vive como teniendo absoluta necesidad. La ética
kantiana es un intento de entender el factum de la moralidad (la
determinación universal y necesaria de la voluntad) y sus condiciones de
posibilidad (los "postulados de la razón práctica" expresan dichas
condiciones); del mismo modo que la teoría la conocimiento kantiana es la
investigación de las condiciones de posibilidad de la ciencia.
I.3 Tipos de
principios o leyes prácticas
Principios prácticos:
proposiciones que expresan cómo se han de comportar los seres racionales;
Máximas: cuando dichos preceptos expresan cómo nos comportamos
habitualmente dadas tales o cuales circunstancias; hay máximas buenas y
malas. Voluntad: facultad que sirve para poner en movimiento al
sujeto, facultad que mueve a la acción. Se llama fundamento de
determinación de la voluntad al motor que impulsa a la voluntad a la
acción. En los seres humanos hay dos posibles motores de la acción: la
razón o la inclinación; "inclinación" es toda determinación
empírica, toda determinación de la conducta que tiene como fundamento la
constitución empírica del sujeto, deseos corporales fundamentalmente; toda
acción hecha por inclinación es acción hecha para el bien del sujeto, por
su propia felicidad, por egoísmo. El hombre no está dirigido
necesariamente a realizar el bien, por ello el deber se le presenta como
un mandato, con carácter constrictivo, imperativo: ¡debes hacer X! Los
imperativos o mandatos pueden ser hipotéticos o categóricos; los
imperativos hipotéticos mandan una acción porque ésta es un buen
medio para la realización de un fin. Los imperativos categóricos
mandan la realización de una acción porque esa acción es buena en sí misma
(o mandan evitar una acción porque dicha acción es mala en sí misma).
Todos los imperativos tienen la forma “debes hacer X" (o "hay que hacer
X") o "no debes hacer X"; pero para saber si el imperativo es hipotético o
categórico no basta la mera expresión gramatical, es preciso saber cuál ha
sido el fundamento de determinación que el sujeto ha tenido en la
realización de la acción: si ha seguido el precepto "debes hacer X" para
la realización de un fin suyo (o para evitar algo no querido por él),
entonces para él, propiamente, dicho mandato es un imperativo hipotético y
se expresa así: "debes hacer X si quieres conseguir Y". Si lo ha hecho
exclusivamente por la propia acción, entonces el mandato es para él
categórico y su expresión es "debes hacer X". Los imperativos hipotéticos
son imperativos de la habilidad cuando el fin para el cual se
prescribe una acción como buena es un fin meramente posible (fin no común
a todos los hombres). Los imperativos hipotéticos son imperativos de la
prudencia cuando el fin es un fin real (un fin común a todos los
hombres, la felicidad).
II. Crítica de kant a Las éticas materiales
II.1. Definición de ética
material
Hasta
Kant las éticas habían sido materiales, frente a todas ellas, su ética es
formal. No se debe confundir ética material con ética materialista: lo
contrario de una ética materialista es una ética espiritualista, lo
contrario de una ética material es una ética formal (la de Sto. Tomás
es material, pero no materialista sino espiritualista, puesto que pone
como Bien Supremo algo espiritual, Dios). Son materiales aquellas éticas
según las cuales la bondad o maldad de la conducta humana depende de algo
que se considera bien supremo: los actos serán buenos cuando nos
acerquen al bien supremo, y malos cuando nos alejen de él. Toda ética
material parte de que hay bienes, cosas buenas para el hombre y,
por tanto, comienza por determinar cuál es (de entre todos ellos) el bien
supremo o fin último del hombre; y una vez establecido tal bien supremo,
la ética material establece las normas o preceptos adecuados para
alcanzarlo.
II.2. Los preceptos de toda
ética material son hipotéticos, empíricos, condicionales
Esto quiere decir que no valen absolutamente, sino sólo de un modo
condicional, como medios para conseguir un fin; si no se quiere dicho fin,
entonces el mandato no es tal para el que no lo quiere. Kant creerá que
los imperativos hipotéticos nunca pueden ser expresión de una experiencia
moral porque la experiencia moral es sometimiento a un precepto
universal y necesario, pero los imperativos hipotéticos no pueden ser
universales y necesarios: los de la habilidad porque describen una acción
como buena para la realización de un fin meramente posible; pero tampoco
los de la prudencia pues lo que sea la felicidad para cada uno depende de
su constitución empírica; incluso aún cuando pudiésemos encontrar algo que
diese a todos los hombres la felicidad, el modo de realizar ese algo
dependerá de cuestiones empíricas, fácticas: en unas circunstancias
necesitaremos ciertos medios y en otras otros. La experiencia empírica
sólo puede fundamentar imperativos particulares y contingentes (que valen
para casos particulares, pero no siempre, y que no son necesarios sino
contingentes), y los preceptos morales deben ser universales y necesarios.
Lo empírico no puede dar universalidad y necesidad, luego no puede
fundamentar una prescripción universal y necesaria; las éticas
materiales, al extraer su contenido de la experiencia, fundamentan sólo
determinaciones empíricas, a posteriori, y no pueden expresar el factum
de la moralidad.
II.3. Las éticas materiales
son heterónomas
La heteronomía se
contrapone a la autonomía; un sujeto es autónomo cuando tiene la
capacidad para darse a sí mismo sus propias leyes (y la capacidad para
realizarlas) y es heterónomo cuando las leyes no descansan en él
mismo, cuando le vienen de fuera; las éticas materiales son
heterónomas porque describen una acción como buena sólo de forma
condicional, describen una acción como buena porque es un buen medio para
la realización de un fin querido por el sujeto. En las acciones
heterónomas el sujeto se tiene que someter a la realidad, es ésta la que
impone sus condiciones; el sujeto tiene que plegarse al orden del mundo.
III. La ética
formal de Kant
III.1. Formalismo de la
etica kantiana
La ética kantiana
presenta tres características principales: proponer un criterio de
legitimidad de la máxima exclusivamente formal, defender la
autonomía de la voluntad en la experiencia moral y mantener que las
acciones buenas sólo son aquellas que han sido hechas por deber.
La ética kantiana se llama
ética formal, y se contrapone a la ética material. La materia
del imperativo es lo mandado (así, en el imperativo "debes ser veraz"
la materia es la instrucción de decir a verdad); la forma es el
grado de universalidad o particularidad que tiene el imperativo: siempre,
algunas veces, nunca. Pues bien, la característica esencial de la ética
kantiana consiste en indicar que una máxima describe propiamente una
acción moral cuando cumple un requisito puramente formal: que pueda ser
universalizable. En la ética kantiana no es la materia de la voluntad
(lo querido) sino la mera forma de la legitimidad universal de su máxima
lo que constituye el fundamento de determinación de dicho arbitrio (de la
voluntad). Un requisito puramente formal como es el de la posibilidad de
la universalización puede servir como criterio para separar todas las
conductas en dos grupos: las conductas buenas y las malas. Si la máxima de
conducta se puede universalizar entonces esa máxima describe una acción
buena, en caso contrario la acción es mala.
III.2. Autonomía de la voluntad
La heteronomía se
contrapone a la autonomía; un sujeto es
autónomo
cuando tiene la capacidad
para darse a sí mismo sus propias leyes (y la capacidad para realizarlas);
por el contrario es heterónomo cuando las leyes no descansan en él
mismo, cuando le vienen de fuera; las éticas materiales son heterónomas,
la ética kantiana es autónoma al afirmar que sólo las acciones
morales son autónomas. Kant considera que sólo allí donde encontramos
acción moral encontramos libertad: cuando nos conducimos moralmente el
fundamento de determinación de nuestra voluntad no nos viene de fuera, del
mundo, o de la religión, sino de nosotros mismos: es nuestra razón la que
nos da el criterio de la conducta buena, somos nosotros mismos los que nos
determinamos. No es la necesidad física, ni las exigencias de orden
político, ni Dios ni los sacerdotes quienes deben ordenar nuestra
conducta, sino nuestra propia conciencia ─o razón práctica─. En la
experiencia moral somos autónomos porque la ley a la que nos plegamos está
en nosotros mismos. La autonomía de la voluntad defendida por Kant
enlaza con el carácter ilustrado de su pensamiento: la Ilustración es
el paso a la mayoría de edad, la exhortación a la autonomía del sujeto, a
la independencia de su juicio y conducta sólo sometida a las indicaciones
de la Razón, Razón que no le es ajena sino que le pertenece a él y a la
Humanidad entera.
III.3. El
deber por el deber. el rigorismo kantiano
Para Kant el fundamento de
las acciones buenas es el deber, no la inclinación.
El deber es la "necesidad de una acción por respeto a la ley". Para
que una acción sea buena no basta que sea conforme al deber, además ha
tenido que ser hecha por deber. El rigorismo kantiano implica dos
cuestiones: el deber por el deber, incluso aunque vaya en contra de
mi felicidad y de la felicidad de las personas que quiero y el carácter
universal de la bondad o maldad de una acción: si está mal mentir está
mal bajo cualquier circunstancia; aceptar una excepción implicaría aceptar
las condiciones del mundo en la determinación de la voluntad, por lo
tanto, la heteronomía. El imperativo categórico prescribe una acción como
buena de forma incondicionada, es decir, manda algo absolutamente. Declara
la acción objetivamente necesaria en sí, sin referencia a ningún propósito
extrínseco; solo el imperativo categórico es imperativo de la moralidad.
Kant dio varias formulaciones generales del imperativo categórico,
entre las que destacan la “fórmula de la ley universal” ("Obra sólo
según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley
universal") y la “fórmula del fin en sí mismo” ("Obra de tal modo
que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier
otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca solamente como un
medio").
IV. Postulados de la Razón Práctica
El Idealismo Trascendental
acaba negando la posibilidad de tener un conocimiento de la realidad en sí
misma, y por ello de los temas fundamentales de la Metafísica: Dios, alma,
libertad...; sin embargo Kant no negará todo acceso a lo metafísico, sólo
negará el acceso intelectual, el conocimiento científico, pues sólo hay
conocimiento científico de los fenómenos. Pero para Kant hay otra
experiencia que puede vincularnos con la realidad plena, con lo
metafísico, y esa experiencia es la experiencia moral. Y ello a
partir de los llamados postulados de la Razón Práctica
o proposiciones que no pueden ser demostradas desde la razón teórica
pero que han de ser admitidas si se quiere entender el "factum moral";
estos postulados se refieren a la existencia de la libertad, la
inmortalidad del alma, y la existencia de Dios.
IV.1. Postulado de la
libertad
La
razón teórica no puede demostrar la existencia de la libertad pues sólo es
capaz de alcanzar el mundo de los fenómenos, en el que todo está sometido
a la ley de la causalidad y a la necesidad natural. Sin embargo, desde la
perspectiva de la razón práctica, será posible la defensa de la existencia
de la libertad en tanto que la libertad es la condición de posibilidad
de la acción moral. Las conductas que no se hacen libremente no son ni
buenas ni malas, y el sujeto que las realiza no es responsable
moralmente de ellas. La libertad es definida como la capacidad de los
seres racionales para determinarse a obrar según leyes de otra índole que
las naturales, esto es, leyes que son dadas por su propia razón;
libertad equivale a autonomía de la voluntad. La libertad es la
ratio essendi (la condición de la posibilidad) de la moralidad; la
moralidad es la ratio cognoscendi (lo que nos da noticia de la
existencia de) de la libertad. Las afirmaciones kantianas nos obligan a
pensar que el hombre pertenece a dos mundos o reinos: al reino
fenoménico, en donde todo está sometido al rigor de la causalidad, y
al reino nouménico en donde las leyes que rigen son las leyes
morales (la esfera de la libertad).
IV.2. El "Sumo Bien" (o SUPREMO BIEN)
Es la síntesis entre la virtud y la felicidad. Su realización última es la
condición de posibilidad de la moralidad.
Kant creyó que siempre que el fundamento de determinación de nuestra
conducta sea la felicidad nuestra conducta no es moral en sentido
estricto (aunque pueda ser conforme al deber), pero no pudo olvidar el
extraordinario valor que la felicidad parece tener en la esfera humana.
Ello aparece precisamente en su concepción del Sumo Bien. Nuestra conducta
moral carecería de sentido si no existiese la posibilidad de realizar la
santidad (la perfección absoluta de una voluntad por el
cumplimiento perfecto de la virtud); en éste mundo no podemos realizar la
santidad, luego debe existir otra vida en donde adquiera el cumplimiento
perfecto el apetito moral. Postulado de la inmortalidad del alma:
el supremo bien parece servirnos para acceder a la
inmortalidad del alma, pues la virtud necesita de un tiempo infinito para
su realización plena. Postulado de la existencia de Dios: en este
mundo no coincide la realización de nuestra felicidad con la realización
del bien (hay seres buenos e infelices, y malos y felices) por tanto
debemos pensar que existe Dios (pues sólo una entidad absoluta puede hacer
que coincidan las leyes que rigen la realización de la felicidad con las
leyes que rigen la conducta moral).
En sentido
estricto los postulados de la razón práctica no se pueden demostrar pues
no cabe ciencia de lo metafísico; pero aunque los argumentos anteriores no
son demostraciones objetivamente válidas, tienen una validez subjetiva ya
que los postulados sirven para que tenga sentido la experiencia moral. Los
objetos a los que se refieren no dan lugar a conocimiento sino a fe
racional: fe porque de ellos sólo cabe un convencimiento
subjetivo, pero racional porque no vienen dados por urgencias de la
revelación sino de la propia razón.
Kant - Resumen de su pensamiento (primera
parte)
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