VITALISMO: NIETZSCHE
INTRODUCCIÓN: EL VITALISMO
Es vitalista toda teoría
filosófica para la que la vida es
irreductible a cualquier categoría extraña a ella misma. Esta doctrina
tuvo éxito en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX y se
desenvuelve en dos principales corrientes, en función de su idea de
vida: la vida en el sentido biológico (Nietzsche) y la vida en
el sentido biográfico e histórico (Ortega y Gasset). Para Nietzsche.
la vida no tiene un fundamento exterior a ella, tiene valor en sí misma;
y la vida entendida en su dimensión biológica, instintiva, irracional,
como creación y destrucción, como ámbito de la alegría y el dolor. Por
esta razón, Nietzsche creyó posible medir el valor de la metafísica, la
epistemología y la ética a partir de su negación o afirmación de la
vida.
A.
LA CRITICA DE NIETZSCHE A LA CULTURA OCCIDENTAL
A.
I. LA CONCEPCIÓN DIONISÍACA Y APOLÍNEA DE LA VIDA EN EL MUNDO GRIEGO
ANTIGUO
La interpretación tradicional consideraba que la Grecia clásica era
el momento de esplendor de la cultura griega, y Sócrates y Platón los
iniciadores de lo mejor de la tradición occidental, la racionalidad.
Frente a esta valoración, Nietzsche da más importancia a la Grecia
arcaica, y pone en el siglo V a. C. el inicio de la crisis del espíritu
griego. El pueblo griego antiguo aceptó las dos dimensiones básicas de
la realidad, y las expresó con el culto a Apolo y a Dionisos,
representando Apolo la
individuación, la forma, el mundo como una totalidad ordenada y
racional, y Dionisos la vida
en sus aspectos oscuros, instintivos, irracionales, biológicos. Para
la interpretación tradicional, toda la cultura griega era apolínea, y el
pueblo griego el primero en ofrecer una visión luminosa, bella y
racional de la realidad. Nietzsche consideró válida esta interpretación
para el mundo griego a partir de Sócrates, pero no para el mundo griego
anterior. La grandeza del mundo griego arcaico estribaba en armonizar
ambos principios, considerando incluso que lo
dionisíaco era la auténtica verdad. Sólo con el inicio de la
decadencia occidental, con Sócrates
y Platón, los griegos ocultan esta faceta inventándose un mundo de
legalidad y racionalidad, el desprecio al mundo de lo corporal y la fe
en la razón, identificando lo dionisíaco con el no ser y la irrealidad.
La degeneración de la cultura por la filosofía griega triunfó en la
cultura occidental con el ascenso de la moral judeocristiana y el
monoteísmo, pervirtiendo de raíz el mundo occidental. Así, la crítica de
Nietzsche a la cultura occidental se refiere a todos los ámbitos:
la filosofía por inventar un mundo racional, la religión un mundo
religioso y la moral un mundo moral; la decadencia del espíritu griego
antiguo supuso el triunfo de lo apolíneo sobre lo único real, según
Nietzsche, lo dionisíaco.
A.
II. LAS CRÍTICAS DE NIETZSCHE A LA CULTURA OCCIDENTAL
A la idea del conocimiento. Al
afirmar la existencia de dos formas de ser, la esencia o propiedades
básicas, y los rasgos accidentales que dan lugar a las diferencias entre
individuos, la filosofía pudo creer
que con los conceptos cabe reflejar
correctamente la realidad. Pero, para Nietzsche,
en el mundo no existen esencias, ni los objetos como realidades
substanciales y permanentes. Por este motivo, para él, la
metáfora y el
arte son más adecuados para captar y expresar la realidad que
el concepto preciso y la filosofía. Nietzsche
rechaza la objetividad de la lógica y de la razón: la
filosofía tradicional consideraba que las leyes de la razón (la lógica)
son también leyes del mundo y sus principios los principios básicos de
la realidad. Frente a ello, Nietzsche afirma el carácter
irracional del mundo: la lógica, la
razón son invenciones humanas, las cosas no se someten a regularidad
alguna, el mundo es la totalidad de realidades cambiantes, esencialmente
distintas unas a otras, y acogen en su interior la contradicción. La
filosofía tradicional creyó posible
utilizar la razón desprendida de cualquier elemento subjetivo que
pudiera afectar a su imparcialidad, creyó en el
conocimiento objetivo del mundo, válido para todos. Nietzsche
considera que esta creencia descansa en otra más básica, la creencia en
algún tipo de realidad absoluta (el Mundo de las Ideas de Platón o el
Dios cristiano); sin embargo si esta realidad absoluta es una fantasía
humana, dicha confianza carece de sentido. Aún podemos hablar de
conocimiento, concluye Nietzsche, pero aceptando su carácter relativo,
subjetivo; dependiente de la perspectiva vital en la que se encuentra el
individuo que lo crea; Nietzsche
defiende el perspectivismo.
Nietzsche criticó también las concepciones básicas de la
ciencia: las leyes científicas
son invenciones humanas pues no
existen regularidades ni necesidad en el mundo y los hechos que lo
pueblan, no hay leyes de la Naturaleza. La
razón no se puede justificar a sí misma: la razón es una
dimensión de la vida humana, pero junto con ella encontramos otras más
básicas (imaginación, sentimientos, instinto...) y todas ellas pueden
motivar nuestras creencias. Para la ciencia actual la matemática puede
expresar con precisión el comportamiento de las cosas, para Nietzsche
esta forma de entender el mundo es errónea pues las
matemáticas no describen nada real,
son invenciones humanas; en el mundo
no existe ninguna de las perfectas figuras de la geometría, ni números,
ni unidades. Las matemáticas prescinden de la
dimensión cualitativa del mundo, de su riqueza y pluralidad.
A la metafísica. La
filosofía presenta una idea del
mundo totalmente inadecuada pues considera al
mundo como un cosmos y cree en la racionalidad intrínseca de
la realidad. La invención del Mundo Racional
trae consigo la invención de los
conceptos básicos de toda la
metafísica tradicional (esencia, substancia, unidad, alma, Dios,
permanencia...). Dado que el mundo que percibimos presenta
características contrarias (corporeidad, cambio, multiplicidad,
nacimiento y muerte), los filósofos acaban postulando el “platonismo”,
teoría que escinde la realidad en dos mundos: un mundo verdadero,
dado a la razón, inmutable y objetivo, y un mundo aparente,
dado a los sentidos, cambiante y subjetivo. Platón defendió esta
tesis básica del pensamiento occidental, y, gracias al cristianismo, se
ha instalado en la cultura, siendo la actitud básica de nuestra
civilización. Una consecuencia de la invención del Mundo Verdadero es la
valoración positiva del mundo del espíritu y negativa de la corporeidad.
Encuentra Nietzsche un origen psicológico de la
metafísica y del platonismo: la metafísica es un signo de
tendencias antivitales, guiadas por un instinto de vida decadente, que
permitió la exageración del papel de la razón, de la vida consciente;
las categorías metafísicas como substancia, ser, esencia, unidad son
puras invenciones para en ellas encontrar el reposo, la regularidad
y calma ausentes del único mundo existente, el que se ofrece a los
sentidos. Pero Nietzsche pone también en la
influencia de la gramática otro origen de la metafísica; el
lenguaje da lugar a una visión errónea de la realidad: la estructura
sujeto-predicado, el empleo de las mismas palabras (los conceptos) para
designar distintos individuos y la primacía que tienen las frases con el
verbo ser, favorecen una interpretación substancialista de la
realidad, la creencia en entidades dotadas de rasgos permanentes y
propios, de esencias y naturalezas universales. Si nuestra gramática
fuese distinta, nuestra forma de entender el mundo sería también
distinta.
A la moral tradicional. El
dogmatismo moral consiste en creer en
la objetividad y universalidad de
los valores morales: el cristianismo los sitúa en el ámbito eterno e
inmutable de la mente de Dios; pero la moral tradicional, dice
Nietzsche, se equivoca pues los valores morales
no tienen una existencia objetiva, ni como una dimensión de
las cosas, ni como realidades que estén más allá de éstas, en un mundo
objetivo; los valores los crean las personas, son proyecciones de
nuestra subjetividad, de nuestras pasiones, sentimientos e intereses. La
moral tradicional creyó también que las leyes morales valen para todos
los hombres y que si algo es bueno es bueno para todos. Nietzsche niega
este creencia: si realmente los valores existiesen en un Mundo Verdadero
y Objetivo cabría aceptar su universidad, pero no existe dicho Mundo,
por lo que en realidad los valores
se crean, y por ello cambian y
son distintos a lo largo del tiempo
y en cada cultura. Por otra parte, la moral
tradicional es antivital: sus valores son contrarios a la
vida, a las categorías básicas involucradas en la vida. La moral
tradicional (la cristiana) es antinatural pues presenta leyes que van en
contra de las tendencias primordiales de la vida, es una moral de
resentimiento contra los instintos y el mundo biológico y natural.
A la religión. Para Nietzsche la
religión no es una experiencia verdadera pues Dios no existe; el estado
de ánimo que promueve el éxito de las creencias religiosas, de la
invención de un mundo religioso, es el de resentimiento, el de no
sentirse cómodo en la vida, el afán de ocultar la dimensión trágica de
la exis¬tencia. Nietzsche se enfrenta a los siguientes elementos del
cristianismo: la “metafísica cristiana”:
el cristianismo es “platonismo para el pueblo”, comparte con
Platón la incapacidad vital para aceptar todas las dimensiones de la
existencia y el afán de encontrar un consuelo fuera de este mundo. El
cristianismo, como Platón, escinde la realidad: por un lado el mundo
verdadero, eterno, inmutable, en donde se realiza el Bien, la Verdad y
la Belleza, y por otro el mundo aparente, cambiante, abocado a la muerte
e imperfecto; el mundo del espíritu frente al mundo de la corporeidad.
La moral cristiana: el cristianismo
fomenta los valores de la “moral de esclavos” (humildad,
sometimiento, debilidad, mediocridad), los valores mezquinos
(obediencia, sacrificio, compasión) y la idea de culpabilidad, de
pecado; es la moral vulgar, de resentimiento contra lo elevado,
noble y singular; es la destrucción de los valores del mundo antiguo.
El politeísmo es falso pero expresa mejor la riqueza de la realidad que
el monoteísmo pues no se ha separado radicalmente de la vida;
el monoteísmo representa el invento
de un transmundo, la desvalorización del verdadero mundo y la máxima
hostilidad a la naturaleza y a la voluntad de vida. El Dios cristiano
representa los valores negativos y contrarios a la vida, mientras que el
mundo divino politeísta representa los valores afirmativos, la fidelidad
a la Naturaleza. La superación del cristianismo ( la “muerte de Dios”)
es fundamental para la transmutación de todos los valores y la
recuperación de los valores de la antigüedad perdidos tras la aparición
de esta religión y de la filosofía.
B.
PROPUESTA FILOSÓFICA DE NIETZSCHE: REIVINDICACIÓN DE LA VIDA
B.
I. POSIBILIDAD DE UNA NUEVA FILOSOFÍA
La muerte de Dios: Esta tesis
señala que la creencia en Dios ha muerto,
expresa el fin de toda creencia en entidades absolutas. Dios no crea al
hombre sino el hombre a Dios. La creencia en Dios sirve para conso-
larnos de la miseria y sufrimiento existente en este mundo; es una
consecuencia de la vida decadente e incapaz de aceptar el mundo en su
dimensión trágica. Nietzsche se refiere al dios del cristianismo, pero
también a todo aquello que puede sustituirle, pues Dios no es una
entidad sino un lugar, una figura posible del pensamiento, representa
lo Absoluto. Dios es la metáfora
para expresar la realidad que se presenta como la Verdad y el Bien, como
el supuesto ámbito objetivo que puede servir de referente a la
existencia por encontrarse más allá de ésta y darle un sentido: la
Naturaleza, el Progreso, la Ciencia, tomadas como realidades absolutas
son el análogo a Dios. Cuando Nietzsche declara que Dios ha muerto
quiere indicar que los hombres viven desorientados, que ya no sirve el
horizonte último en el que siempre se ha vivido. Con dicha “muerte”
podemos vivir sin lo Absoluto, en la “inocencia del devenir”. Es la
condición para la aparición del superhombre.
El nihilismo: puede ser
expresión de decadencia vital: la
cultura que cree en la existencia de una realidad absoluta, en la que se
sitúan los valores objetivos de la Verdad y el Bien, es nihilista; la
cultura cristiana y toda la cultura occidental, es nihilista pues dirige
toda su pasión y esperanzas a algo inexistente, (el Dios cristiano, el
Mundo Racional de los filósofos), despreciando así la única realidad
existente, la del mundo que se ofrece a los sentidos, la realidad de la
vida. La otra cara de este nihilismo es el
nihilismo pasivo y es una de las consecuencias de la “muerte
de Dios”, aparece por la consciencia del carácter infundado de la
creencia en lo sobrenatural, en el mundo del espíritu: durante siglos se
ha creído que la vida tiene un sentido porque algo exterior a ella se lo
da; con la muerte de Dios sobreviene la crisis del sentido y el
convencimiento de que la existencia es insostenible, vacía; el
“nihilista pasivo” no cree en ningún valor, pues considera que todo
valor es posible sólo si Dios existe, y Dios no existe, y puede terminan
en la desesperación, la inacción o el suicidio.
Nihilismo activo: es también nihilista la filosofía que
intenta mostrar cómo los valores dominantes son una pura nada, una
invención; Nietzsche es nihilista en este sentido al proponer la
destrucción completa de todos los valores vigentes y su sustitución por
otros radicalmente nuevos; este nihilismo es una fase necesaria para la
aparición de un nuevo momento en la historia, de una nueva moral y del
superhombre.
B.
II. EL PERSPECTIVISMO, UNA NUEVA FORMA DE ENTENDER EL CONOCIMIENTO
Nietzsche defiende el perspectivismo:
toda representación del mundo es representación que se hace un sujeto;
la idea de que podemos prescindir de la situación vital del sujeto, de
sus rasgos físicos, psicológicos o biográficos, para alcanzar un
conocimiento del mundo tal y como éste pueda ser (el conocimiento
objetivo) es un absurdo. Nietzsche considera imposible el conocimiento
de la realidad en sí misma, pues toda creencia, toda teoría del mundo,
depende del punto de vista de la persona que la ha creado. Todo ser
dotado de algún grado de conocimiento, de alguna capacidad para
representarse el mundo, es tan buen testigo del mundo como nosotros, los
seres humanos. No existe ningún dato o experiencia, ni del mundo
exterior o físico ni del mundo interior, no contaminado por un punto de
vista, por una interpretación; no es posible un “criterio de verdad”
libre de elementos subjetivos, no existen los datos puros a partir de
los cuales podamos construir un saber objetivo.
B.
III. LA ÉTICA DEL SUPERHOMBRE
Nietzsche no propone el imposible vivir sin valores, propone invertir
la tabla de valores: superar la moral occidental de renuncia y
resentimiento hacia la vida mediante una nueva tabla en la que estén
situados los valores que supongan un sí radical a la vida. Con el
cristianismo prospera la moral de los débiles, de los que quieren huir
del rigor de la vida inventándose un mundo objetivo y justo. La
transmutación de los valores es la
superación de esta “moral de esclavos” para recuperar de nuevo la “moral
aristócrata”, y permite el triunfo del código moral del superhombre.
El superhombre. El hombre al que
hay que superar es el que se somete a los valores tradicionales, a la
“moral del rebaño”, a la moral basada en la creencia de una realidad
trascendente que fomenta el desprecio por la vida, la corporeidad y la
diferencia entre las personas. El superhombre sólo es posible cuando se
realice hasta el final la “muerte de Dios”. El superhombre no se puede
identificar con una clase social con privilegios que le puedan venir por
la tradición o que descansen en su poder social, ni con una raza.
Algunos rasgos de su conducta moral: rechaza la
moral de esclavos, la mansedumbre, la prudencia que esconde
cobardía, la obediencia a una regla exterior, el servilismo, la
mezquindad; rechaza la conducta gregaria:
la moral de los que siguen a la mayoría; crea
valores: la mayoría de los hombres se encuentran con los
valores ya creados por otros, con los estilos vitales vigentes; el
superhombre inventa las normas morales a las que él mismo se somete; y
los valores que crea son fieles al mundo de la vida y le permiten
expresar su peculiaridad y riqueza; vive en la
finitud: no cree en ninguna realidad trascendente, ni en Dios
ni en un destino privilegiado (una raza, una nación, o un grupo); acepta
la vida en su limitación, no oculta las dimensiones terribles de la
existencia (el sufrimiento, la enfermedad, la muerte) es dionisíaco;
le gusta el riesgo, las nuevas y
difíciles experiencias, el enfrentamiento; no está preocupado ni por el
placer ni por el dolor, ni propio ni ajeno, pues pone por encima de
ellos el desarrollo de su voluntad y de su espíritu;
es contrario al igualitarismo: ama
la exuberancia de la vida, le gusta desarrollar en él mismo y en los
demás lo que les es más propio; no tiene miedo a la diferencia;
ama la intensidad de la vida: la
alegría, el entusiasmo, la salud, el amor sexual, la belleza corporal y
espiritual; puede ser magnánimo, como una muestra de la riqueza de su
voluntad. El superhombre es la afirmación enérgica de la vida y el
creador y dueño de sí mismo y de su vida, es un
espíritu libre.
B.
IV. LA VIDA, CATEGORÍA METAFÍSICA FUNDAMENTAL
Tesis del eterno retorno como signo de
vitalidad. Esta concepción del tiempo consiste en aceptar que
todos los acontecimientos del mundo, todas las situaciones y cosas
pasadas, presentes y futuras se repetirán eternamente, un número
infinito de veces. Cabe entender esta tesis como la expresión de
la máxima reivindicación de la vida: la vida es fugacidad,
nacimiento, duración y muerte, no hay en ella nada permanente; pero
podemos recuperar la noción de permanencia si hacemos que el propio
instante dure eternamente, no porque no se acabe nunca sino porque se
repite sin fin.
La voluntad de poder, “esencia” de la vida.
Es el principio básico de la realidad a partir del cual se
desarrollan todos los seres, la fuerza primordial que busca mantenerse
en el ser, y ser aún más. Nietzsche cree que en todas las cosas
encontramos un afán por la existencia, desde el mundo inorgánico hasta
el humano. Las características que para él tiene la realidad, el ser (la
voluntad de poder) son:
irracionalidad: la razón es sólo una dimensión superficial de
la realidad pues el mundo no es racional sino caos, multiplicidad,
diferencia, variación y muerte; la razón no tiene la última palabra,
puesto que siempre está al servicio de otras instancias más básicas como
los instintos o las emociones. La fuerza primordial que determina el
curso de todas las cosas es inconsciente,
aunque fugazmente se manifiesta de este modo en los seres humanos. Las
distintas formas que toman las fuerzas de la vida no tienen
ningún objetivo o finalidad, no
buscan nada, son así pero nada hay en su interior que les marque un
destino; Nietzsche declara con ello el carácter gratuito,
contingente, de la existencia. Esta
fuerza es impersonal, se trata de un
cúmulo de fuerzas, no de una básica que esté a la base de todas las
visibles; un cúmulo de fuerzas que buscan la existencia y el ser más,
compitiendo en dicho afán entre sí, enfrentándose y aniquilándose.
Nietzsche no entiende por “voluntad” lo que habitualmente llamamos con
este término (la facultad del alma o de la mente) para Nietzsche esta
voluntad es una manifestación superficial de una fuerza que está más en
lo profundo de nuestro ser y una simplificación de un complejo juego de
causas y efectos (deseos instintos, pulsiones, inclinaciones, que se
enfrentan unas a otras). La voluntad de poder se identifica con
cualquier fuerza, inorgánica, orgánica, psicológica, y tiende a su
autoafirmación: no se trata de voluntad de existir, sino de ser más. Es
el fondo primordial de la existencia y de la vida.
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