"Señores: Estas lecciones tienen como objeto la
historia de la filosofía.
Lo que esta historia nos presenta es la
serie de nobles espíritus, la
galería de los héroes de la razón pensante, los cuales han penetrado
por el vigor de esta razón la esencia de las cosas, la esencia de la
Naturaleza y del espíritu, y la esencia de Dios, y nos han legado por el
esfuerzo de su trabajo el más elevado tesoro, el tesoro del conocimiento
racional. Lo que nosotros somos históricamente, la posesión que nos toca
del mundo actual, no ha nacido de una manera inmediata ni ha crecido
solamente del suelo de la actualidad, sino que esta riqueza es la
herencia, y el resultado del trabajo, e, indudablemente, del trabajo
de todas las generaciones pasadas de la humanidad. Así como las artes de la
vida material, la masa de medios y habilidades, las organizaciones y hábitos
de la coexistencia social y de la vida política son un resultado de
la reflexión, de la invención, de la desgracia, de la necesidad y de la
agudeza de la historia que ha precedido a nuestra actualidad, así es lo que
nosotros, en la ciencia, y, más directamente, en la filosofía, hemos de
agradecer a la tradición que, a través de todo lo que es perecedero,
y lo que, por consiguiente ha fenecido, se enrosca como una cadena bendita a
lo que los tiempos pasados han logrado, nos han conservado y transmitido.
Pero esta tradición no es solamente como una ama de casa, que sólo
conserva fielmente lo recibido como una estatua de piedra, y lo
conserva invariable y lo transmite a los descendientes, como el curso de la Naturaleza, en el cambio y actividad infinitos, hace
detenerse sus configuraciones y formas siempre en las leyes originarias y no
hace ningún progreso, sino que la tradición de lo que en la
esfera del espíritu ha producido el mundo espiritual se hincha como
una corriente poderosa y se engrandece cuanto más se separa de su
origen. Porque el contenido de la tradición es de naturaleza espiritual,
y el espíritu universal jamás permanece tranquilo."