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Teología
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doctrina sagrada. Conocimiento de Dios y de las verdades reveladas.
Santo Tomás
utiliza más las expresiones “doctrina sagrada” y “doctrina
cristiana” que la de “teología” para referirse a toda la enseñanza
cristiana relativa a la salvación y que, en último término, descansa en la
revelación.
Tomás de
Aquino considera que existe un doble orden de verdades relativo a Dios:
-
las que sobrepasan
la capacidad de la razón humana (que Dios es uno y trino, por ejemplo);
-
las que pueden ser
alcanzadas por la razón natural (como la existencia y la unidad de Dios).
Teniendo en
cuenta este doble orden de conocimiento podemos distinguir dos tipos
distintos de teología:
-
la teología racional
o natural:
intenta llegar a Dios a partir de las fuerzas meramente naturales como es
la razón;
-
la teología sobrenatural o teología de la fe:
tiene como fundamento las verdades reveladas y la fe.
Sin
embargo, en la primera es también importante la fe porque puede orientar a
la razón tanto para preservarla de errores como para indicarle el camino
que debe seguir y el término al que debe llegar; y en la segunda es
importante la razón pues el teólogo puede utilizar esta facultad natural
para ordenar y sistematizar los conocimientos, para aclararlos o
explicarlos hasta donde sea posible y para defender a la teología de los
argumentos contrarios.
La teología
es la ciencia o conocimiento superior, y ello, dice Santo Tomás,
por dos razones: por la dignidad de la materia que trata (Dios) y por la
certeza que contiene, pues se funda en la luz del propio Dios, que es
infalible. Es también sabiduría, y ello en grado sumo, pues la
sabiduría es el conocimiento de cada cosa concreta por las causas más
altas, y Dios es la causa primera y más alta de todo.
Ver “fe”.
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TEXTOS DE SANTO TOMÁS
Dos importantes
textos de Santo Tomás respecto de la teología:
en el primero se defiende su necesidad para cumplir
el fin más importante de todo hombre, la salvación.
En el segundo texto argumenta a favor de la primacía de
esta ciencia respecto del resto de ciencias, tanto
teóricas o especulativas como prácticas.
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Para la salvación humana fue necesario que, además de las
materias filosóficas, cuyo campo analiza la razón humana,
hubiera alguna ciencia cuyo criterio fuera la divina. Y esto es
así porque Dios, como fin al que se dirige el hombre, excede la
comprensión a la que puede llegar sólo la razón. Dice Is 64,4:
¡Dios! Nadie ha visto lo que tienes preparado para los que te
aman. Sólo Tú. El fin tiene que ser conocido por el hombre para que hacia
Él
pueda dirigir su pensar y su obrar. Por eso fue necesario que el
hombre, para su salvación, conociera por revelación divina lo
que no podía alcanzar por su exclusiva razón humana. Más aún. Lo que de Dios puede comprender la
sola razón humana, también precisa la revelación divina, ya que,
con sola la razón humana, la verdad de Dios sería conocida por
pocos, después de muchos análisis y con resultados plagados de
errores. Y, sin embargo, del exacto conocimiento de la verdad de
Dios depende la total salvación del hombre, pues en Dios está la
salvación. Así, pues, para que la salvación llegara a
los hombres de forma más fácil y segura, fue necesario que los
hombres fueran instruidos, acerca de lo divino, por revelación
divina. Por todo ello se deduce la necesidad de que, además de
las materias filosóficas, resultado de la razón, hubiera una
doctrina sagrada, resultado de la revelación.
Santo Tomás,
Suma
Teológica I, cuestión 1, artículo 1
Como quiera que esta ciencia con respecto a algo es
especulativa, y con respecto a algo es práctica, está por encima
de todas las demás ciencias tanto especulativas como prácticas.
De entre las ciencias especulativas se dice que una es superior
a otra según la certeza que contiene, o según la dignidad de la
materia que trata. En ambos aspectos, la doctrina sagrada está
por encima de las otras ciencias especulativas. Con respecto a
la certeza de las ciencias especulativas, fundada en la razón
natural, que puede equivocarse, contrapone la certeza que se
funda en la luz de la ciencia divina, que no puede fallar. Con
respecto a la dignidad de la materia, porque la doctrina sagrada
trata principalmente de algo que por su sublimidad sobrepasa la
razón humana. Las otras ciencias sólo consideran lo que está
sometido a la razón. De entre las ciencias prácticas es más digna la que se orienta a
un fin más alto, como lo civil a lo militar, puesto que el bien
del ejército tiene por fin el bien del pueblo. El fin de la
doctrina sagrada como ciencia práctica es la felicidad eterna
que es el fin al que se orientan todos los objetivos de las
ciencias prácticas. Queda patente, bajo cualquier aspecto, que
la doctrina sagrada es superior a las otras ciencias.
Santo Tomás,
Suma
Teológica I, cuestión 1, artículo 5
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Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 2: Filosofía
Medieval y Moderna.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen. |
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