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Ley
eterna
La ley
que descansa en la propia razón de Dios y de la cual derivan todas las
demás leyes.
Santo Tomás dice que es eterna e
inmutable porque a Dios le corresponde la eternidad. Dios ordena todas las
acciones, tanto humanas como no humanas, hacia su fin. A diferencia
de Aristóteles, Santo Tomás pone el fundamento del bien en un fundamento
más trascendental que la propia naturaleza: Dios.
Ley divina positiva
la ley de Dios tal y como real o
positivamente ha sido revelada a los hombres.
Por ejemplo, la
llamada Ley Antigua, como los
preceptos del Decálogo en el “Antiguo Testamento”, o la
Ley Nueva o Ley Evangélica, resumida en
el “mandamiento nuevo” de Jesús “amarnos los unos a
los otros como Él nos ha amado”. El sentido de esta revelación es
guiar a los hombres para la realización de la conducta adecuada para su
salvación, y ha sido necesaria para compensar las limitaciones de la razón
humana en la interpretación de la ley natural.
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TEXTOS DE SANTO TOMÁS
Explica Santo
Tomás en el siguiente texto el concepto de ley eterna
como la razón de Dios que mueve a todas las cosas hacia sus
propios fines.
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Así como en cualquier artífice
preexiste la razón de cuanto produce con su arte, así en el
gobernante tiene que preexistir la razón directiva de lo que
han de hacer los que están sometidos a su gobierno. Y al
igual que la razón de lo que se produce mediante el arte se
llama precisamente arte o idea ejemplar de la obra
artística, así la razón directriz de quien gobierna los
actos de sus súbditos es lo que se llama ley, habida cuenta
de las demás condiciones que el concepto de ley entraña,
según ya vimos (q.90). Ahora bien, Dios es creador de todas
las cosas por su sabiduría, y respecto de esas cosas guarda
una relación semejante a la del artífice respecto de sus
artefactos, según expusimos en la Parte I (q.14 a.8). Él es
además quien gobierna todos los actos y movimientos de cada
una de las criaturas, como también dijimos en la misma Parte
7 (q.103 a.5). Por consiguiente, la razón de la sabiduría
divina, al igual que tiene la condición de arte o de idea
ejemplar en cuanto por medio de ella son creadas todas las
cosas, así tiene naturaleza de ley en cuanto mueve todas
esas cosas a sus propios fines. Y según esto, la ley eterna
no es otra cosa que la razón de la sabiduría divina en
cuanto principio directivo de todo acto y todo movimiento.
Santo Tomás,
Suma
Teológica I-II, cuestión 93, artículo 1
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Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 2: Filosofía
Medieval y Moderna.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen. |
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