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Entendimiento

      O intelecto. Parte del alma humana que nos capacita para el conocimiento intelectual.

         Aristóteles afirmó que gracias al entendimiento los seres humanos podemos alcanzar el conocimiento intelectual de la realidad y señaló que es incorpóreo e inmortal. Para demostrar su inmaterialidad destacó que el entendimiento es capaz de conocer la naturaleza de todos los cuerpos, cosa que no podría ocurrir si fuese corpóreo: si el entendimiento o intelecto fuese material su naturaleza física determinaría el tipo de conocimiento que podría alcanzar, del mismo modo que cuando utilizamos un cristal para ver un objeto, el color de dicho cristal modifica la cualidad del color que gracias a él vemos; si realmente somos capaces de alcanzar el conocimiento de todas las cosas, y este conocimiento es objetivo, es preciso concluir que el órgano o facultad que utilizamos para ello no puede tener naturaleza material alguna. Pero los textos en los que presenta estas ideas no son claros por lo que se dieron distintas interpretaciones del intelecto o entendimiento.

         Santo Tomás consideró que las almas de los animales y de las plantas se destruyen con sus cuerpos ya que no son subsistentes por sí mismas sino formas de la materia, pero esto no es así en el caso del alma humana: el principio intelectivo de cada alma humana es inmaterial e incorruptible o inmortal. Averroes afirmó que el entendimiento –o la parte más excelente de éste, el entendimiento agente– es uno para toda la especie y defendió la mortalidad del alma humana individual; otros autores como Alejandro de Afrodisia (siglos II y III d. C.) identificaron el intelecto agente con Dios.

         Ver “alma intelectiva”.


Santo Tomás - Esquema de su pensamiento - Resumen de la filosofía tomista para la preparación de la PAU (prueba de acceso a la universidad)

 

 

 

TEXTOS DE SANTO TOMÁS

En el siguiente texto de Suma Teológica, Santo Tomas demuestra la inmortalidad del alma con los difíciles argumentos del carácter subsistente del alma intelectiva y de la inexistencia de contrariedad respecto del entendimiento (la contrariedad es el fundamento de la corrupción y la muerte). Más sencilo es el tercer argumento, basado en la existencia de un apetito de inmortalidad en toda alma humana.

 
      Es necesario afirmar que el alma humana, a la que llamamos principio intelectivo, es incorruptible. Algo puede corromperse de dos maneras: Una, sustancial; otra, accidental. Es imposible que algo subsistente se genere o se corrompa accidentalmente, esto es, por la generación o corrupción de otra cosa. Pues a algo le corresponde ser engendrado o corromperse como le corresponde el ser, que se adquiere por generación y se pierde por corrupción. Por eso, lo que sustancialmente tiene ser, no puede generarse o corromperse más que sustancialmente. En cambio, lo que no subsiste, por ejemplo, los accidentes y las formas materiales, se dice que es hecho y que se corrompe por generación o corrupción de los compuestos.
      Quedó demostrado anteriormente (a.2 y 3) que sólo el alma humana es subsistente, no las almas de los irracionales. Por eso las almas de los irracionales se corrompen al corromperse los cuerpos. En cambio, el alma humana no puede corromperse a no ser que se corrompiera sustancialmente. Esto es imposible que se dé no sólo con respecto al alma, sino con respecto a cualquier ser subsistente que sea sólo forma. Ya que es evidente que lo que le corresponde a alguien sustancialmente, le es inseparable. El ser corresponde sustancialmente a la forma, que es acto. De ahí que la materia adquiera el ser en acto en cuanto adquiere la forma. Se corromperá cuando la forma desaparezca. Pero es imposible que la forma se separe de sí misma. De ahí que sea imposible también que la forma subsistente deje de ser.
     Incluso suponiendo, como dicen algunos, que el alma estuviese compuesta a partir de la materia y de la forma, habría que decir que es incorruptible. Pues no hay corrupción más que allí donde hay contrariedad, pues las generaciones y corrupciones surgen de contrarios y se dan en contrarios. Por eso, los cuerpos celestes, al no tener materia sometida a contrariedad, son incorruptibles. Por su parte, en el alma intelectiva no puede haber ninguna contrariedad. Pues lo que recibe lo recibe según su modo de ser. Y lo que en ella se recibe no tiene contrariedad, porque incluso las razones de los contrarios en el entendimiento no son contrarios, sino que hay una sola ciencia de los contrarios. Por lo tanto, es imposible que el alma humana sea corruptible.
     Puede ser también señal de esto el que cada ser por naturaleza desea a su modo, ser. En los seres que pueden conocer, el deseo sigue al conocimiento. En cambio, el sentido no conoce el ser más que sometido al aquí y ahora, mientras que el entendimiento aprehende el ser absolutamente y siempre. Por eso, todo lo que tiene entendimiento por naturaleza desea existir siempre. Un deseo propio de la naturaleza no puede ser un deseo vacío. Así, pues, toda sustancia intelectual es incorruptible.

Santo Tomás, Suma Teológica I, cuestión 75, artículo 6

 

 

Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 2: Filosofía Medieval y Moderna.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen.