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Constitutivo Formal
Atributo que mejor define a la
divinidad, el existir por sí mismo.
Recibe este
título la característica que desde nuestro punto de vista es más típica o
esencial de Dios. Hay que decir “desde nuestro punto de vista” puesto que
en Dios, a diferencia de las cosas finitas, todas las propiedades son
esenciales y ninguna accidental, aunque alguna se nos presente como más
característica o definitoria de su realidad. El constitutivo formal es
el “esse subsistens”, es el ser subsistente, la característica de existir
a partir de sí mismo; esta es la nota típica de Dios porque ninguna
entidad finita, ni siquiera los ángeles, está dotada de autonomía radical
o absoluta, por lo que necesita de otra cosa para existir, y en último
término de Dios mismo.
Ver “atributos
divinos”.
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TEXTOS DE SANTO TOMÁS
Para Santo
Tomás, el rasgo más característico y exclusivo de Dios
es el hecho de que Él se identifica con su esencia pero también con
su existencia, frente a todas las
criaturas, que tienen la existencia como un añadido a su ser
(mejor: como un don), por lo que les corresponde la posibilidad
radical de no existir.
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Dios no es sólo su esencia, como quedó demostrado (a.3),
sino también su existencia. Lo cual se puede demostrar de
muchas maneras. 1) Porque todo lo que se da en un ser y no
pertenece a su esencia, tiene que ser causado, bien por los
principios de su esencia, como ocurre con los accidentes de
la especie. Ejemplo: El poder reír es propio del hombre y
brota de los principios de su esencia. O bien por algo externo. Ejemplo: El calor del agua
está causado por el fuego. Si, pues, en un ser su existencia es
distinta a su esencia, es necesario que la existencia de dicho
ser esté causada por algo externo a él o por los principios
propios de su esencia. No obstante, es imposible que los propios
principios de la esencia de un ser causen su existencia, porque
todo ser creado no es causa de su propio existir; por eso,
siendo distintas en él esencia y existencia, la existencia tiene
que ser causada por otro. Nada de todo esto se puede aplicar a
Dios, pues sostenemos que Dios es la primera causa eficiente.
Por lo tanto, es imposible que en Dios una cosa sea su
existencia y otra su esencia.
2) Existir es la forma o naturaleza en acto. De hecho, la bondad
o la humanidad no estarían en acto si no tuvieran lo que
nosotros entendemos por existir. Es necesario, pues, que entre
la existencia y esencia en un ser veamos la misma relación que
hay entre la potencia y el acto. Como quiera que en Dios nada es
potencial, como quedó demostrado (a.1), se deduce que en Él no
hay distinción entre su esencia y su existencia. Así, pues, su
esencia es su existencia.
3) Así como lo que tiene fuego y no es fuego es fuego por
participación, de la misma forma lo que tiene existencia y no es
existencia, es ser por participación. Por su parte, Dios es su
esencia, como quedó demostrado (a.3). Si, en cambio, no fuera su
propia existencia, sería ser por participación, no por esencia.
Tampoco sería el primer ser; y sostener esto es absurdo. Por lo
tanto, Dios es su propio existir y no sólo su esencia.
Santo Tomás,
Suma
Teológica I, cuestión 3, artículo 4
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Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 2: Filosofía
Medieval y Moderna.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen. |
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