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SANTO TOMÁS

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Apetito

Tendencia o inclinación hacia un fin.

      Distingue dos tipos generales de apetitos:

a) naturales: inclinaciones que se encuentran en todo ser hacia la adquisición de la forma o perfección que les es propia. Así, la tradición aristotélico-tomista hablará del apetito o tendencia de una piedra a estar en su lugar natural –el suelo– o de la disposición de una planta hacia el crecimiento. Este tipo de apetito se basa en la propia naturaleza del sujeto y no necesita de un conocimiento del fin o bien que se apetece, por lo que lo tienen también aquellos seres que carecen de conocimiento;

b) elícitos: en este grupo entran los que se basan en el conocimiento del fin al que tiende el apetito; Santo Tomás consideró que si un sujeto conoce algo como bueno para él, ese objeto conocido ejerce sobre éste tal atracción que se convierte en el fin hacia el que quedará dirigido u orientado. Dado que el conocimiento puede ser sensitivo o intelectual, habrá dos tipos de apetitos elícitos:

  • el apetito sensitivo o inferior: descansa en la percepción gracias a la que el sujeto conoce el bien sensible, el bien concreto; permite los deseos sensibles y los instintos. Se da en los animales y el hombre;

  • el apetito intelectual o apetito superior o voluntad: descansa en el intelecto, facultad por la que se conoce el bien en general; permite el apetito del bien en general. Se da sólo en los seres humanos.
     

Ver apetito en el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano.


Santo Tomás - Esquema de su pensamiento - Resumen de la filosofía tomista para la preparación de la PAU (prueba de acceso a la universidad)


 

 

 

TEXTOS DE SANTO TOMÁS

En el siguiente texto de Suma Teológica, Santo Tomás distingue el apetito sensitivo del apetito intelectivo o voluntad. Lo propio del apetito sensitivo es estar ligado a un órgano corporal, lo cual no le aparta totalmente de la razón pues ésta también tiene cierta autoridad sobre las inclinaciones.  


  

 
        Un acto está sometido a nuestro imperio en la medida que está en nuestra potestad, como ya se dijo (a.5 sed contra). Por tanto, para entender cómo el acto del apetito sensitivo está sometido a nuestro imperio, es necesario examinar cómo está en nuestra potestad. Ahora bien, hay que recordar que el apetito sensitivo se diferencia del apetito intelectivo, que se llama voluntad, en que el sensitivo es virtud de un órgano corporal, mientras que la voluntad no lo es. Pero todo acto de una virtud que se sirve de órgano corporal no depende sólo de la potencia del alma, sino también de la disposición del órgano corporal; así, la visión depende de la potencia visiva y de la salud del ojo, que puede facilitar o dificultar. Por consiguiente, también el acto del apetito sensitivo no depende sólo de la potencia apetitiva, sino también de la disposición del cuerpo.

       Ahora bien, lo que procede de parte de la potencia del alma sigue a una aprehensión. Pero la aprehensión imaginativa, por ser de lo particular, está regulada por la aprehensión de la razón, que es de lo universal, igual que una virtud activa particular está regulada por la virtud activa universal. Por consiguiente, desde esta parte, el acto del apetito sensitivo está sometido al imperio de la razón. La cualidad y la disposición del cuerpo, en cambio, no están sometidas al imperio de la razón. Por consiguiente, desde esta parte, es imposible que el movimiento del apetito sensitivo esté totalmente sometido al imperio de la razón.
        Ocurre también a veces que el movimiento del apetito sensitivo de repente se excita ante las aprehensiones de la imaginación o de los sentidos. Entonces este movimiento queda al margen del imperio de la razón, aunque la razón habría podido evitarlo si lo hubiera previsto. Por eso dice el Filósofo, en el I Polit., que la razón prescribe al irascible y al concupiscible, no con autoridad despótica, que es propia del señor para con el esclavo, sino con autoridad política y real, que es la que se ejerce con hombres libres, no sometidos totalmente al imperio.

Santo Tomás, Suma Teológica I-II, cuestión 17, artículo 7

 

 

Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 2: Filosofía Medieval y Moderna.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen.