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Analogía

Propiedad de ciertos términos que son atribuidos a las cosas con un significado en parte igual y en parte distinto.

      La lógica escolástica distingue la unicidad, equivocidad y analogía en los términos o nociones. Un término tiene un significado unívoco cuando lo empleamos exactamente con el mismo significado para referirnos a distintas cosas: el término “hombre” lo utilizamos de forma unívoca cuando decimos “Sócrates es hombre” y cuando decimos “Napoleón es hombre”, puesto que en ambos casos tiene el mismo significado. Un término tiene un significado equívoco si los empleamos en distintos casos con sentidos totalmente distintos: en la frase “los bancos del parque son incómodos” el significado del término “banco” es totalmente distinto al que tiene en la frase “los bancos suelen tener importantes beneficios incluso en épocas de crisis”. Finalmente, un término tiene un significado análogo cuando lo empleamos con un significado en parte igual y en parte distinto, como cuando decimos que el deporte es sano o que tal o cual persona es sana, o que el ojo ve y que nuestra mente ve.
      Estas cuestiones son importantes en el ámbito de la lógica pero también en otras esferas, particularmente la relativa al conocimiento de Dios. Dado que todo el conocimiento humano comienza a partir de la realidad sensible, es inevitable emplear conceptos que habitualmente usamos para entender las realidades finitas (unidad, realidad, bondad, ciencia, gobierno, voluntad...) para referirse también a Dios. Si cuando hablamos de Dios todos nuestros términos tuviesen un significado totalmente distinto que cuando los empleamos para entender una realidad finita, entonces no cabría conocimiento alguno de Dios; por el contrario, si significasen absolutamente lo mismo cuando los empleamos para conocer su naturaleza que cuando los empleamos para comprender la naturaleza de las cosas finitas, entonces habríamos acercado demasiado la realidad divina a lo finito, y podríamos caer en la antropomorfización. Esta cuestión se puede apreciar claramente con los siguientes ejemplos: decimos de Dios que conoce todas las cosas, y del hombre que es capaz de conocer algunas; si la palabra “conocer” en el primer caso significa algo totalmente distinto al segundo, entonces no sabríamos propiamente a qué nos referimos con ella; por el contrario si significase algo totalmente idéntico en los dos casos, entonces podría parecer que acercamos demasiado la realidad de Dios a las cosas finitas, en este caso, al hombre. Santo Tomás propone que entendamos los predicados divinos en un sentido análogo: podemos decir que Dios conoce y que el hombre conoce porque ambos tipos de actividad son adquisición de conocimiento, forma de poseer la verdad, pero en el caso de Dios esta forma es totalmente distinta a la humana (por ejemplo porque la mayor parte de nuestros conocimientos son imperfectos, limitados y consecuencia de la argumentación, mientras que en Dios su conocimiento es perfecto, sin límites y directo).


Santo Tomás - Esquema de su pensamiento - Resumen de la filosofía tomista para la preparación de la PAU (prueba de acceso a la universidad)

 

 

TEXTOS DE SANTO TOMÁS

Santo Tomás fue optimista respecto de la capacidad humana de conocer a Dios; sin embargo, fue consciente también de los riesgos de tal afirmación pues puede acabar rebajando el ser y la dignidad de Dios y acercandolo demasiado a los seres finitos. Precisamente para evitar la antropomorfización de lo divino propone varios recursos, uno de los cuales es el de la analogía

 
      Es imposible que algo se puede decir unívocamente de Dios y de las criaturas. Porque todo efecto no proporcionado a la capacidad causal del agente, recibe la semejanza del agente no en la misma proporción, sino deficientemente. Así, lo que es diviso y múltiple en los efectos, en la causa es simple y único.
 Ejemplo: El sol, siendo una sola energía, produce, en los seres de aquí abajo, múltiples y variadas formas. Igualmente, como ya se dijo (a.4), todas las perfecciones de las cosas, que en la realidad creada se encuentran en forma divisa y múltiple, en Dios preexisten en forma única.
     Así, pues, cuando algún nombre que se refiera a la perfección es dado a la criatura, expresa aquella perfección como distinta por definición de las demás cosas. Ejemplo: Cuando damos al hombre el nombre de sabio, estamos expresando una perfección distinta de la esencia del hombre, de su capacidad, de su mismo ser y de todo lo demás. Pero cuando este nombre lo damos a Dios, no pretendemos expresar algo distinto de su esencia, de su capacidad o de su ser. Y así, cuando al hombre se le da el nombre de sabio, en cierto modo determina y comprehende la realidad expresada. No así cuando se lo damos a Dios, pues la realidad expresada queda como incomprehendida y más allá de lo expresado con el nombre. Por todo lo cual se ve que el nombre sabio no se da con el mismo sentido a Dios y al hombre. Lo mismo cabe decir de otros nombres. De donde se concluye que ningún nombre es dado a Dios y a las criaturas unívocamente.
      Pero tampoco equívocamente, como dijeron algunos. Pues, de ser así, partiendo de las criaturas nada de Dios podría ser conocido ni demostrado, sino que siempre se caería en la falacia de la equivocidad. Y esto va tanto contra los filósofos que demuestran muchas cosas de Dios, como contra el Apóstol cuando dice en Rom 1,20: Lo invisible de Dios se hace comprensible y visible por lo creado.
     Así, pues, hay que decir que estos nombres son dados a Dios y a las criaturas por analogía, esto es, proporcionalmente. Lo cual, en los nombres se presenta de doble manera. 1) O porque muchos guardan proporción al uno, como sano se dice tanto de la medicina como de la orina, ya que ambos guardan relación y proporción a la salud del animal, la orina como signo y la medicina como causa. 2) O porque uno guarda proporción con otro, como sano se dice de la medicina y del animal, en cuanto que la medicina es causa de la salud que hay en el animal. De este modo, algunos nombres son dados a Dios y a las criaturas analógicamente, y no simplemente de forma equívoca ni unívoca. Pues no podemos nombrar a Dios a no ser partiendo de las criaturas, como ya se dijo (a.1). Y así, todo lo que se dice de Dios y de las criaturas se dice por la relación que la criatura tiene con Dios como principio y causa, en quien preexisten de modo sublime todas las perfecciones de las cosas. Este modo de interrelación. es el punto medio entre la pura equivocidad y la simple univocidad. Pues en la relación analógica no hay un solo sentido, como sucede con los nombres unívocos, ni sentidos totalmente distintos, como sucede con los equívocos; porque el nombre que analógicamente se da a muchas cosas expresa distintas proporciones; a algún determinado uno, como el nombre sano, dicho de la orina, expresa el signo de salud del animal; y dicho de la medicina, en cambio, expresa la causa de la misma salud.

Santo Tomás, Suma Teológica I, cuestión 13, artículo 5 

 

 

Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 2: Filosofía Medieval y Moderna.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen.