Todos los hombres se piensan libres en cuanto a la voluntad.
Por eso los juicios todos recaen sobre las acciones
consideradas como hubieran debido ocurrir aun cuando
no hayan ocurrido. Sin embargo, esta libertad no es
un concepto de experiencia, y no puede serlo, porque
permanece siempre, aun cuando la experiencia muestre lo
contrario de aquellas exigencias que, bajo la suposición de
la libertad, son representadas como necesarias. Por otra
parte, es igualmente necesario que todo cuanto ocurre esté
determinado indefectiblemente por leyes naturales, y esta
necesidad natural no es tampoco un concepto de experiencia,
justamente porque en ella reside el concepto de necesidad y,
por tanto, de un conocimiento a priori. Pero este
concepto de naturaleza es confirmado por la experiencia y
debe ser inevitablemente supuesto, si ha de ser posible la
experiencia, esto es, el conocimiento de los objetos de los
sentidos, compuesto según leyes universales. Por eso la
libertad es sólo una idea de la razón, cuya realidad
objetiva es en sí misma dudosa; la naturaleza, empero, es un
concepto del entendimiento que demuestra, y
necesariamente debe demostrar, su realidad en ejemplos de la
experiencia.
De aquí nace, pues, una
dialéctica de la razón, porque, con respecto de la voluntad,
la libertad que se le atribuye parece estar en contradicción
con la necesidad natural; y en tal encrucijada, la razón,
desde el punto de vista especulativo, halla el camino
de la necesidad natural mucho más llano y practicable que el
de la libertad; pero desde el punto de vista práctico
es el sendero de la libertad el único por el cual es posible
hacer uso de la razón en nuestras acciones y omisiones; por
lo cual ni la filosofía más sutil ni la razón común del
hombre pueden nunca excluir la libertad. Hay, pues, que
suponer que entre la libertad y necesidad natural de unas y
las mismas acciones humanas no existe verdadera
contradicción; porque no cabe suprimir ni el concepto de
naturaleza ni el concepto de libertad.
Imanuel
Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres,
Capítulo Tercer
(Mare Nostrum Comunicación. Traducción: Manuel García
Morente)