¿No se cree que es de la más urgente necesidad el
elaborar por fin una filosofía moral pura, que esté
enteramente limpia de todo cuanto pueda ser empírico y
perteneciente a la antropología? Que tiene que haber una
filosofa moral semejante se advierte con evidencia por la
idea común del deber y de las leyes morales. Todo el mundo
ha de confesar que una ley, para valer moralmente, esto es,
como fundamento de una obligación, tiene que llevar consigo
una necesidad absoluta; que el mandato siguiente: no debes
mentir, no tiene su validez limitada a los hombres, como si
otros seres racionales pudieran desentenderse de él, y
asimismo las demás leyes propiamente morales; que, por lo
tanto, el fundamento de la obligación no debe buscarse en la
naturaleza del hombre o en las circunstancias del universo
en que el hombre está puesto, sino a priori
exclusivamente en conceptos de la razón pura, y que
cualquier otro precepto que se funde en principios de la
mera experiencia, incluso un precepto que, siendo universal
en cierto respecto, se asiente en fundamentos empíricos,
aunque no fuese más que en una mínima parte, acaso tan sólo
por un motivo de determinación, podrá llamarse una regla
práctica, pero nunca una ley moral.
Imanuel
Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres,
Prólogo
(Mare Nostrum Comunicación. Traducción: Manuel García
Morente)