|
Yo O Alma O Mente
Hume cree
imposible el conocimiento del alma y reduce toda la vida psíquica a un
mero “haz o colección de percepciones diferentes, que se suceden entre
sí con rapidez inconcebible y están en un perpetuo flujo y movimiento”.
La filosofía
anterior a Hume consideraba que el yo se identifica esencialmente con el
alma. Aunque ya los filósofos griegos y el pensamiento escolástico
habían desarrollado la noción del alma como una realidad espiritual, es
seguramente Descartes el autor en quien la noción del yo como alma se
presenta con más claridad. Para este autor la mente o “res
cogitans” es una substancia dotada de simplicidad y permanencia,
y con características por completo distintas a las de las substancia
físicas (por ejemplo la inmaterialidad y la libertad).
El
punto de vista humeano es en esta
cuestión radicalmente opuesto al cartesiano, pero no tanto
porque podamos encontrar en Hume una interpretación de la mente en
términos materialistas (cosa a la que es ajena el pensamiento de este
autor) sino por su negativa a aceptar el planteamiento substancialista
aplicado a la esfera psíquica. Esta negativa enlaza con la crítica
humeana más general a todo el discurso o lenguaje substancialista. En el
caso concreto de las mentes, Hume nos va a decir que las dos notas que
la tradición cartesiana atribuye a la mente entendida como substancia,
la simplicidad y la permanencia, no se encuentran en realidad en
nuestra experiencia de lo psíquico: siguiendo el criterio empirista de
conocimiento, Hume nos propone examinar
si cuando miramos al interior de nuestra mente encontramos algo
permanente y algo simple. Si dirigimos nuestra atención hacia el
mundo mental encontramos más bien sucesión: a un pensamiento le
sigue otro, a un acto de percepción un acto de la imaginación,
a éste un recuerdo, y así sucesivamente; tampoco encontramos
simplicidad: vemos más bien que en cada momento tenemos
varias vivencias de distintos tipos (sentimientos, pensamientos,
recuerdos, ...). En conclusión, nuestra mente no se nos muestra como
una substancia pensante, es decir como algo simple y permanente,
encontramos más bien pluralidad y cambio.
¿Cómo debemos
entender el yo y nuestra mente? Hume nos propone la siguiente metáfora:
“la mente es una especie de teatro
en el que distintas percepciones se presentan en forma sucesiva;
pasan, vuelven a pasar, se desvanecen y mezclan en una variedad
infinita de posturas y situaciones. No existe en ella con propiedad ni
simplicidad en un tiempo, ni identidad a lo largo de
momentos diferentes, sea cual sea la inclinación natural que nos lleve
a imaginar esa simplicidad e identidad. La comparación del teatro no
debe confundirnos: son solamente las percepciones las que constituyen la
mente, de modo que no tenemos ni la noción más remota del lugar en que
se representan esas escenas, ni tampoco de los materiales de que están
compuestas.” (“Tratado de la Naturaleza Humana”, I, 4,6)
El problema con
el que se encuentra esta teoría es el relativo a un dato de
experiencia: nosotros sentimos que somos uno y que somos los mismos a
lo largo del tiempo (al menos en lo esencial). Ante esto Hume
respondería que no tenemos un fundamento
racional para la creencia de la
identidad personal, y que
sólo la memoria, (que nos muestra la sucesión de
impresiones parecidas) nos garantiza la tesis de la continuidad de
nuestra vida psíquica. La memoria y la imaginación crean en
nosotros la ilusión de un objeto continuo y persistente: nuestro yo.
Ver “crítica a
la idea del yo como substancia”.
|