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David Hume

(1711 - 1776)

 

 

 

Yo O Alma O Mente

 Hume cree imposible el conocimiento del alma y reduce toda la vida psíquica a un mero “haz o colección de percepciones diferentes, que se suceden entre sí con rapidez inconcebible y están en un perpetuo flujo y movimiento”.

      La filosofía anterior a Hume consideraba que el yo se identifica esencialmente con el alma. Aunque ya los filósofos griegos y el pensamiento escolástico habían desarrollado la noción del alma como una realidad espiritual, es seguramente Descartes el autor en quien la noción del yo como alma se presenta con más claridad. Para este autor la mente o “res cogitans” es una substancia dotada de simplicidad y permanencia, y con características por completo distintas a las de las substancia físicas (por ejemplo la inmaterialidad y la libertad).

      El punto de vista humeano es en esta cuestión radicalmente opuesto al cartesiano, pero no tanto porque podamos encontrar en Hume una interpretación de la mente en términos materialistas (cosa a la que es ajena el pensamiento de este autor) sino por su negativa a aceptar el planteamiento substancialista aplicado a la esfera psíquica. Esta negativa enlaza con la crítica humeana más general a todo el discurso o lenguaje substancialista. En el caso concreto de las mentes, Hume nos va a decir que las dos notas que la tradición cartesiana atribuye a la mente entendida como substancia, la simplicidad y la permanencia, no se encuentran en realidad en nuestra experiencia de lo psíquico: siguiendo el criterio empirista de conocimiento, Hume nos propone examinar si cuando miramos al interior de nuestra mente encontramos algo permanente y algo simple. Si dirigimos nuestra atención hacia el mundo mental encontramos más bien sucesión: a un pensamiento le sigue otro, a un acto de percepción un acto de la imaginación, a éste un recuerdo, y así sucesivamente; tampoco encontramos simplicidad: vemos más bien que en cada momento tenemos varias vivencias de distintos tipos (sentimientos, pensamientos, recuerdos, ...). En conclusión, nuestra mente no se nos muestra como una substancia pensante, es decir como algo simple y permanente, encontramos más bien pluralidad y cambio.

      ¿Cómo debemos entender el yo y nuestra mente? Hume nos propone la siguiente metáfora: “la mente es una especie de teatro en el que distintas percepciones se presentan en forma sucesiva; pasan, vuelven a pasar, se desvanecen y mezclan en una variedad infinita de posturas y situaciones. No existe en ella con propiedad ni simplicidad en un tiempo, ni identidad a lo largo de momentos diferentes, sea cual sea la inclinación natural que nos lleve a imaginar esa simplicidad e identidad. La comparación del teatro no debe confundirnos: son solamente las percepciones las que constituyen la mente, de modo que no tenemos ni la noción más remota del lugar en que se representan esas escenas, ni tampoco de los materiales de que están compuestas.” (“Tratado de la Naturaleza Humana”, I, 4,6)

      El problema con el que se encuentra esta teoría es el relativo a un dato de experiencia: nosotros sentimos que somos uno y que somos los mismos a lo largo del tiempo (al menos en lo esencial). Ante esto Hume respondería que no tenemos un fundamento racional para la creencia de la identidad personal, y que sólo la memoria, (que nos muestra la sucesión de impresiones parecidas) nos garantiza la tesis de la continuidad de nuestra vida psíquica. La memoria y la imaginación crean en nosotros la ilusión de un objeto continuo y persistente: nuestro yo.

      Ver “crítica a la idea del yo como substancia”.

 

 


Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 2: Filosofía Medieval y Moderna.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen.