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Experiencia
Para el
empirismo la experiencia es sinónimo de percepción (o mejor, del cúmulo
de percepciones), tanto de la percepción externa como de la percepción
interna.
La percepción
externa nos permite el conocimiento del mundo exterior y la percepción
interna el conocimiento de nuestra propia vida psíquica. Las dos tesis
características del empirismo son:
Los elementos
básicos que forman el conocimiento humano son las sensaciones
pues nuestro conocimiento comienza con la experiencia o percepción de
la realidad y termina en la experiencia o percepción. Esto último
quiere decir que sólo podremos conocer aquello que se muestre en nuestra
experiencia, no lo que esté más allá de ella. Todos los empiristas
aceptaron la primera tesis citada más arriba: no existe en nuestra mente
un conocimiento del mundo anterior al trato o experiencia que tenemos
de él, la mente es como un papel en blanco; de este modo negaron
el innatismo en el conocimiento (lo contrario precisamente del
racionalismo). En cuanto a la segunda tesis, o afirmación de que nada
que no se ofrezca en la experiencia puede ser conocido, las posiciones
de los empiristas de esta época fueron distintas: Locke aceptó la
posibilidad de alcanzar realidades que están más allá de la experiencia,
tanto las relativas al alma y Dios como las relativas a la existencia
del mundo material. Berkeley consideró posible el conocimiento de las
substancias espirituales, pero negó la existencia del mundo material.
Hume fue el filósofo más coherente al mostrar que si aceptamos el valor
de la experiencia como criterio de verdad y llevamos hasta el final
esta tesis, sólo podemos creer que existen nuestras propias
percepciones, por lo que debemos negar la posibilidad de conocer
el mundo físico, Dios y el alma humana, y concluir en un punto de vista
claramente fenomenista.
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