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Crítica A La Relación De Causalidad
Crítica de Hume a la concepción
tradicional de la causalidad, particularmente a la posibilidad
de conocer a priori las relaciones causales entre las cosas y a la idea
de la causalidad como un vínculo real y necesario entre la causa y el
efecto.
Este es uno de los aspectos más importantes y
conocidos de la filosofía de Hume. Y las razones de ello están en que
con dicha crítica Hume no sólo se opone a la visión filosófica
tradicional sino a una de las creencias más arraigadas en el sentido
común. Hume consideró que nuestras creencias relativas a los vínculos
causales son de extraordinaria importancia puesto que la investigación
científica del mundo físico parece ser en gran medida una investigación
de las causas de los fenómenos observables; pero también porque la
relación causa-efecto es esencial en nuestra vida cotidiana,
particularmente en nuestras expectativas respecto de los acontecimientos
futuros, incluidas las relativas al modo en que hemos de actuar en el
mundo para conseguir nuestros propósitos. Creemos estar muy seguros de
lo que tenemos que hacer para calentar agua y prepararnos un té, de lo
que tenemos que hacer para mover nuestro cuerpo para salir de la
habitación... Hume repite con frecuencia que nuestras certezas acerca de
lo que acontecerá en el futuro se basan en inferencias causales. Nos
parece que la causalidad se da en el mundo físico y en el mundo
psíquico, y entre el mundo psíquico y el físico. En este sentido,
nuestra actitud básica ante el mundo consiste en suponer que todo lo que
ocurre (el nacimiento de una cosa, su cambio, su aniquilación...)
ocurre porque se ha dado una modificación en alguna parte del mundo,
porque otra cosa la ha traído al ser; esta idea la expresan los
filósofos con la definición del principio de causalidad: todo lo
que existe necesita de otra cosa para existir.
Las tesis
tradicionales respecto de la causalidad eran las siguientes:
1)
Existen, particularmente
desde el punto de vista de la filosofía aristotélico-tomista, cuatro
causas: la causa material, la formal, la eficiente y la final.
2)
Es posible el conocimiento a
priori de los poderes causales, bien mediante el conocimiento de los
conceptos de la cosas, bien mediante el conocimiento de las esencias de
las cosas.
3)
Podemos utilizar la razón
para establecer los vínculos causales entre las cosas.
4)
Los vínculos causales son
vínculos objetivos, son relaciones que realmente se dan en las cosas.
5)
Las relaciones causales son
consecuencia de los poderes o capacidades o fuerzas de las cosas y
establecen vínculos necesarios entre la causa y el efecto:
-
si A es
causa de B, entonces en A se encuentra cierto poder o virtud gracias al
cual dado A aparecerá B;
-
si A es
causa de B, entonces necesariamente cuando en el mundo tengamos A
deberemos tener B (si la causa de que el agua hierva es que la hemos
calentado a más de 100 grados, entonces necesariamente cuando
calentemos algo que sea agua a más de 100 grados, ésta hervirá );
6)
El principio de causalidad
“todo lo que existe tiene una causa” es un principio absolutamente
cierto y de plena evidencia.
7)
Nuestros argumentos
causales son tan válidos que nos sirven para
vincular objetos que se ofrecen a los sentidos, pero también para
vincular dichos objetos con realidades que están más allá del mundo
empírico (el alma entendida como la causa de la vida psíquica y Dios
entendido como causa de la totalidad de las cosas).
La originalidad
y radicalidad del planteamiento de Hume es precisamente criticar la
totalidad de estas afirmaciones. Para ello apela a la observación y
experiencia de relaciones causales concretas:
“He aquí una bola de
billar inmóvil sobre una mesa y otra bola que se mueve hacia ella con
rapidez. Las dos chocan y la bola que en un principio estaba en reposo
ahora adquiere movimiento (...) Es evidente que las dos bolas
entrarán en contacto antes de que
les sea comunicado el movimiento y
que no hay intervalo alguno entre
el choque y el movimiento. La contigüidad en el tiempo y
el espacio es, por tanto, una circunstancia indispensable para la
atracción de todas las causas. Es evidente, asimismo, que el movimiento
que fue la causa es anterior al movimiento que fue el efecto. La
prioridad en el tiempo es, por tanto, otra circunstancia
indispensable en cada causa. Pero esto no es todo. Intentemos con otras
bolas de la misma clase una situación similar y siempre hallaremos que
el impulso de la una produce el movimiento de la otra. Aquí hay por
tanto una tercera circunstancia, a saber, la conjunción constante
entre la causa y el efecto. Cada objeto similar a la causa produce
siempre algún objeto similar al efecto. Fuera de estas tres
circunstancias, contigüidad, prioridad y conjunción constante, nada más
puedo descubrir en esta causa.”
(“Resumen del Tratado de la Naturaleza Humana”)
Críticas de Hume a
las tesis tradicionales respecto de la causalidad:
1)
Las tesis básicas de Hume se refieren a la
causalidad eficiente, sólo ésta le
merece verdadera atención; considera que la material y la formal son
formas inadecuadas de hablar, y la final le parece reductible a la
eficiente.
2) Las relaciones causales entre las cosas no pueden
ser conocidas a priori: con el mero
razonamiento, con el simple análisis de un objeto para nosotros nuevo y
del que no hemos tenido experiencia, nunca podremos descubrir sus causas
y sus efectos. Los supuestos vínculos causales entre las cosas no se
pueden establecer a partir de la mera comprensión de los conceptos de
dichas cosas: hasta que no hemos experimentado que el fuego nos quema
no podemos establecer un nexo causal entre el fuego y el dolor; por
mucho que analicemos la idea de fuego, para nada encontraremos en ella
la referencia al hecho de que el fuego nos puede quemar. Las relaciones
causales no son relaciones entre ideas; nuestro conocimiento de dichas
relaciones es sólo un conocimiento empírico, pues se trata
sencillamente de cuestiones de hecho.
3)
La mera razón es incapaz de fundamentar nuestras
creencias en las relaciones causales; dichas creencias son consecuencia
del hábito basado en la costumbre:
cuando hemos experimentado repetidas veces la conjunción entre dos cosas
(por ejemplo que "B" sigue habitualmente a "A") entonces dicha costumbre
lleva a nuestra mente a suponer que en el futuro debe ocurrir que si se
da "A" debe darse también "B". El hábito como disposición mental,
producto de la experiencia reiterada, está a la base de nuestras
creencias futuras. La costumbre, que no la razón, es lo que nos
lleva a creer que el sol saldrá mañana, que el fuego quema, y así con el
resto de hechos naturales o humanos. La guía de nuestra conducta
cotidiana está en la costumbre y no en la razón. Sin la costumbre
nuestro conocimiento sólo se referiría a la experiencia pasada y no
sabríamos cómo actuar en el mundo, ni qué cosas podemos esperar en el
futuro.
4)
Si nos limitamos a aceptar sólo lo que se ofrece a la experiencia
no
podemos decir que la causalidad sea una propiedad de las cosas mismas;
éstas sólo nos ofrecen sucesión de fenómenos: vemos que a un objeto le
sigue otro, al fuego el calor, al
contacto de una bola de billar con otra el movimiento de la segunda, ...
pero nada más.
5) Tampoco es posible observar ni el supuesto poder en
A para producir B, ni el supuesto vínculo necesario entre A y B, cuando
A es la causa de B. Las fuerzas a través
de las cuales supuestamente actúan los cuerpos nos son totalmente
desconocidas. La conexión entre causa y efecto no es necesaria sino
arbitraria. Como el texto citado señala claramente, lo único que
encontramos es sucesión reiterada de fenómenos:
-
contigüidad espacio-temporal entre la causa y el efecto
-
prioridad temporal: la causa es siempre anterior al afecto
-
conjunción constante entre la causa y el efecto
Si en el
mundo existiesen esencias y relaciones esenciales, y si las pudiésemos
conocer, entonces Hume no tendría razón. Sin embargo este filósofo
considera que todo lo que hay, todo lo que podemos experimentar son
hechos, no esencias, y los hechos son contingentes, son así pero pueden
perfectamente ser de otro modo. Esto, traducido a la cuestión de la
causalidad, quiere decir: el fuego que hasta ahora nos ha dado calor es
pensable que en un tiempo futuro produzca en nosotros frío, o que el pan
que hasta ahora nos ha alimentado nos envenene. Ciertamente, sería raro
que esto ocurriese, porque sería contrario a nuestra experiencia
pasada, pero no sería absurdo (ver “conocimiento de cuestiones de
hecho”). Si queremos hablar de necesidad la encontramos no en la cosas
mismas sino en nuestra mente, en la predisposición o hábito que nos
lleva casi de forma irrefrenable a considerar que tras las causas que
reconocemos como tales deben darse sus correspondientes efectos;
6) El principio “todo
lo que empieza a existir debe tener una causa de su existencia”
ni tiene certeza intuitiva (no es de evidencia inmediata) ni se puede
demostrar. Como dice en el “Tratado de
la Naturaleza Humana” I, 3, 3, incluso “resulta fácil concebir cualquier
objeto como no existente en este momento, y existente en el siguiente,
sin unirle la idea distinta de causa o principio productivo”. Tras
varios análisis de la cuestión, concluirá Hume que creemos en dicho
principio por la costumbre, porque nos hemos habituado a ver sucesiones
entre fenómenos, experiencia que lleva a nuestra mente a suponer que
nada puede existir si otra cosa no la ha producido.
7)
Hume alegará que, con las restricciones que
implican las críticas anteriores, si seguimos creyendo en la posibilidad
de inferencias causales, debemos limitar éstas al mundo empírico:
podemos relacionar el fuego con el calor, la voluntad con el movimiento
de nuestro cuerpo,... pero no podemos saltar del mundo empírico a
supuestas realidades metafísicas como Dios y el alma, de los cuales no
cabe experiencia alguna.
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CRÍTICAS DE
HUME A LA NOCIÓN TRADICIONAL DE CAUSALIDAD |
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punto de vista
tradicional |
punto de vista
de Hume |
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son válidas las
cuatro causas: material, formal, eficiente y final |
centra su
atención en la causalidad eficiente, despreciando la material y la
formal |
|
es posible el
conocimiento a priori de la relaciones causales |
no es posible
dicho conocimiento a priori sino únicamente a partir de la
experiencia |
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nuestras
creencias en nexos causales descansan en la razón |
nuestras
creencias en nexos causales descansan en la costumbre y el hábito |
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las relaciones
causales describen relaciones reales entre las cosas |
es nuestra mente
la que supone la existencia de dicha relaciones, en la realidad sólo
tenemos sucesión reiterada de fenómenos |
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si A es causa de
B, en A debe existir un poder o energía o fuerza para causar B, y A
necesariamente debe producir B |
no encontramos ni
dicho poder ni dicha necesidad; no es contradictorio que las causas
tengan efectos totalmente distintos a los que hemos experimentado |
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el principio de
causalidad (“todo lo que ocurre tiene una causa”) es objetivamente
cierto y evidente |
el principio de
causalidad no es objetivamente cierto ni se puede demostrar |
|
se pueden
utilizar argumentos causales para llegar a lo metafísico |
los vínculos
causales son válidos si se aplican al
mundo empírico pero no a lo metafísico |
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