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Creencia
Hume la
define como toda idea acompañada por un fuerte, intenso o firme
sentimiento de la verdad de dicha idea.
En su análisis
de la creencia Hume observa las siguientes circunstancias:
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alguien
puede considerar verdadera una idea, por ejemplo “Julio Cesar murió en
la cama”;
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podemos
comprender la idea que nos transmite dicha persona sin asentir a ella,
sin decir que es verdadera o es falsa;
-
podemos
incluso comprenderla y decir que no es verdadera, sin compartir por lo
tanto su creencia.
Este sencillo
ejemplo le llevó a considerar que tener una creencia no es lo mismo que
concebir una idea, que la creencia debe añadir algo a la mera concepción
o comprensión de una idea: la creencia “es una idea concebida de una
manera peculiar”. Lo que se añade a la idea es un sentimiento, el
sentimiento que nos hace vivir con más fuerza, intensidad o firmeza
dicha idea. Y, dado su punto de vista empirista, encuentra que este
sentimiento es consecuencia de la relación que mantiene dicha idea con
una impresión, definiendo la creencia como una “idea vivaz
relacionada o asociada con una impresión presente”. Pero su
posición respecto de la creencia es ambigua:
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a veces
parece entender por creencia toda vivencia en la que nos comprometemos
con la verdad de una idea, distinguiendo en este caso las creencias que
son consecuencia del ejercicio de la razón (como las que encontramos en
las ciencias que se refieren a relaciones entre ideas, las matemáticas y
la lógica), de las creencias que son consecuencia del hábito, de la
mera costumbre tras la observación de las relaciones de semejanza y
contigüidad entre hechos (como ocurre con todo conocimiento empírico);
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pero en
muchos textos parece separar las creencias de los actos de razón,
considerando toda creencia como un acto de fe consecuencia de un
instinto natural o sentimiento producto de la costumbre.
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