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Hipótesis Del Sueño
Momento de la duda metódica que le sirve a Descartes para
cuestionar la validez de la percepción. Dado que no hay signos suficientes
en la vigilia que la separen claramente del sueño, es pensable que todo lo
que nos parece estar viviendo no sea más que un sueño.
Ya Platón en el “Teetetos” había planteado esta duda y con un
resultado muy parecido: desacreditar el valor de los sentidos. Esta
hipótesis pone en cuestión la totalidad de nuestra experiencia perceptiva,
no aspectos concretos de ella como ocurría con la observación de que, a
veces, los sentidos nos engañan.
Con la hipótesis del sueño se presentan como dudosos todos los
conocimientos obtenidos por los sentidos, tanto los de la experiencia
ordinaria –los relativos a mi conocimiento de Aranjuez, por ejemplo– como
las ciencias naturales o conocimientos científicos que descansan en la
percepción. La duda que sobreviene con esta hipótesis pone en cuestión
la existencia de otros cuerpos, otras mentes (ya que yo deduzco
estas últimas observando los cuerpos de
las personas a las que atribuyo estados mentales), pero también
mi propio cuerpo. Supongo que tengo un cuerpo porque lo percibo, y lo
percibo tanto mediante sensaciones
externas (veo mis manos escribiendo, por ejemplo) como mediante
sensaciones internas (cosa que no ocurre con ningún otro cuerpo, que no
puedo percibir “desde dentro”); pero ambos tipos de percepciones son
dudables, incluso la interna (recordamos que es pensable sentir “por
dentro” una parte de un cuerpo que realmente no se tiene, como ocurre en
algunos casos de mutilación).
La conclusión que se sigue de la hipótesis del
sueño es fundamental también para la cuestión de las relaciones entre
mente y cuerpo. El cuerpo es dudable, incluido el propio, pero la propia
mente –como mostrará Descartes más adelante– no, luego si podemos dudar
de nuestro cuerpo y no de nuestra mente debemos concluir que no somos
cuerpo sino mente.
Ver “dualismo
antropológico”.
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