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Errores Al Razonar
Errores en los que se fija Descartes para poner en cuestión las
verdades a las que se llega mediante el ejercicio de la razón.
Tras observar que hasta en sueños “dos más tres son cinco” Descartes
avanza en el desarrollo de la duda metódica mostrando que el ejercicio de
la razón, incluso en matemáticas, puede ser dudoso. El primer momento en
las dudas respecto de la razón consiste precisamente en recordarnos que en
muchas ocasiones nos equivocamos al razonar (por ejemplo cuando salimos de
un examen de matemáticas absolutamente convencidos de que hemos resuelto
bien un problema pero un compañero nos muestra que no es así, que nos
hemos equivocado al emplear una fórmula incorrecta). Con este recurso
Descartes pone en cuestión los conocimientos a los que se llega mediante
cadenas argumentativas, pone en cuestión lo que podríamos llamar razón
deductiva. Se podría alegar que podemos cometer un error respecto de
proposiciones que exigen muchos pasos para su comprobación, por lo que
dichas proposiciones no son absolutamente evidentes, pero que respecto de
proposiciones sencillas, de proposiciones que se ven inmediatamente que
son verdaderas sin necesidad de argumentación alguna, eso no es así. Y
esto es precisamente lo que parece reconocer Descartes. El recurso de “los
errores al razonar” cuestiona el ejercicio de la razón deductiva, pero no
la totalidad de la experiencia racional, de ahí que Descartes continúe la
duda metódica con la hipótesis del genio maligno.
"Tiempo ha que había advertido que, en lo tocante a las
costumbres, es a veces necesario seguir opiniones que sabemos
muy inciertas, como si fueran indudables, y esto se ha dicho ya
en la parte anterior; pero, deseando yo en esta ocasión ocuparme
tan sólo de indagar la verdad, pensé que debía hacer lo
contrario y rechazar como absolutamente falso todo aquello en
que pudiera imaginar la menor duda, con el fin de ver si,
después de hecho esto, no quedaría en mi creencia algo que fuera
enteramente indudable. Así, puesto que los sentidos nos engañan,
a las veces, quise suponer que no hay cosa alguna que sea tal y
como ellos nos la presentan en la imaginación; y puesto que hay
hombres que yerran al razonar, aun acerca de los más simples
asuntos de geometría, y cometen paralogismos, juzgué que yo
estaba tan expuesto al error como otro cualquiera, y rechacé
como falsas todas las razones que anteriormente había tenido por
demostrativas; y, en fin, considerando que todos los
pensamientos que nos vienen estando despiertos pueden también
ocurrírsenos durante el sueño, sin que ninguno entonces sea
verdadero, resolví fingir que todas las cosas, que hasta
entonces habían entrado en mi espíritu, no eran más verdaderas
que las ilusiones de mis sueños. Pero advertí luego que,
queriendo yo pensar, de esa suerte, que todo es falso, era
necesario que yo, que lo pensaba, fuese alguna cosa; y
observando que esta verdad: «yo pienso, luego soy», era tan
firme y segura que las más extravagantes suposiciones de los
escépticos no son capaces de conmoverla, juzgué que podía
recibirla sin escrúpulo, como el primer principio de la
filosofía que andaba buscando."
Descartes,
Discurso del método, cuarta parte, traducción de Manuel García Morente
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