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Duda Metódica (O Hiperbólica)
Método seguido por Descartes para la comprobación de la verdad de
sus creencias y el descubrimiento de una verdad absolutamente indudable.
Los rasgos básicos de la duda metódica propuesta por Descartes son los
siguientes:
1. Es metódica:
con ello se quiere decir que no hay que confundirla con las dudas del
escepticismo como movimiento filosófico. En su época había en Francia
escépticos que creían imposible el conocimiento; sin embargo Descartes
emplea la duda precisamente para superar este escepticismo y tiene como
objetivo encontrar una proposición que resista absolutamente cualquier
duda imaginable.
2. Es universal:
pone en cuestión absolutamente todos los conocimientos, tanto los de
sentido común y los basados en la percepción como los que tienen su origen
en la investigación científica, incluida la propia matemática. El único
tipo de creencias que no cuestiona
expresamente es el relativo a las verdades religiosas: cuestiona la
legitimidad de los sentidos y de la razón pero no trata explícitamente de
la legitimidad de la fe y la revelación.
3. Es hiperbólica o exagerada:
con ello se quiere decir que es radical. Descartes no nos dice sólo que
tenemos que dudar de aquello que, tras un examen o comprobación, veamos
que es falso; esta es una recomendación de sentido común y un requisito
mínimo del ejercicio de la razón. Su propuesta es mucho más radical:
tenemos que dudar de aquello que vemos que es falso, pero también –y esto
es lo esencial– de aquello que podamos plantear alguna duda, incluso en el
caso de que no podamos mostrar que es falso; si nos cabe alguna duda, nos
dice Descartes, podemos considerarlo como si realmente fuese falso.
4. Es una consecuencia de la primera
regla del método: debo admitir como
verdadero sólo aquello que se presente ante mi mente con absoluta
claridad y distinción y por lo tanto con evidencia. En este sentido, es
una de las máximas expresiones de racionalismo: sólo podemos admitir como
ciertas aquellas creencias que han sido revisadas y evaluadas por nuestra
propia razón, y no por instancias ajenas a ella (la tradición, la
autoridad, el prejuicio, ...).
5. Tiene una vigencia en el tiempo:
Descartes la utiliza como un recurso para llegar a proposiciones
evidentes, a conocimiento verdadero. En cierto modo lo que hace Descartes
se parece a una historia: tiene un comienzo, una serie de fases o etapas y
un final, y lo que vale al principio no vale en el medio ni al final: en
un momento de la duda Descartes considera que tal vez estemos dormidos
cuando sin embargo nos parece estar despiertos, y en otro duda incluso de
la matemática; si no somos cuidadosos podríamos decir que, según
Descartes, es imposible separar la vigilia del sueño o que nunca podremos
estar absolutamente seguros de la matemática, cuando esto no es así. Duda
de la vigilia y de las matemáticas sólo en los momentos precisos del
ejercicio de la duda metódica en donde los cuestiona, pero tras el
descubrimiento de un primer principio
(el cogito) y la demostración de la existencia de Dios y de su
bondad, podrá revisar sus afirmaciones anteriores y superar la duda. Por
ello, si nos preguntan sobre las creencias de Descartes relativas a esta
cuestión deberíamos decir más bien que, por ejemplo, dudó de la matemática
en un momento determinado pero que al final consideró que es uno de los
saberes más excelentes que nos cabe obtener.
6. La duda propiamente no descubre
verdades nuevas, verdades en las que no
creyese al principio, antes de usar la duda metódica; antes de la duda
creía en la veracidad de la matemática, de los sentidos, creía en la
existencia de Dios, en la existencia del alma y de su inmortalidad;
después de la duda cree también en estas proposiciones. ¿Qué ha ganado?
Ha ganado evidencia. Antes creía en esos temas sin tener
propiamente conocimiento: en algunos casos por mera inclinación natural
–los sentidos–, en otros por la tradición –las verdades religiosas–, en
otros porque se lo mostraba su razón, aunque no radicalmente –como en
matemáticas–. Ahora cree en lo mismo pero con conocimiento absolutamente
fundado, con conocimiento consecuencia del ejercicio pleno de su razón.
De todas formas, es preciso recordar también que sí hay algunas creencias
que quedan modificadas: la no distinción clara entre alma y cuerpo, y las
creencias relativas a ciertas cualidades sensibles: antes del ejercicio
de la duda creía que las cosas tenían color, sabor, tamaño, movimiento.
Ahora cree que alguna de estas propiedades existe realmente en los cuerpos
–las llamadas cualidades primarias– mientras que otras no, pues son en
cierto modo subjetivas –las llamadas cualidades secundarias–.
7. Es teorética, no práctica:
pone en cuestión los conocimientos y tiene como objetivo encontrar un
conocimiento firme, pero no debe extenderse a la vida práctica, a la
conducta. En la vida práctica es inevitable seguir opiniones que son
solamente probables.
8. No se aplica a todas las creencias
tomadas de una en una: dado que en nuestra
mente tenemos miles (o millones) de creencias y que nunca podríamos
terminar de revisar todas, la duda se debe aplicar a los fundamentos de
las creencias más que a las creencias mismas. Como encuentra que todo
lo que conocemos lo conocemos por los sentidos o por la razón, considera
necesario examinar la legitimidad de ambos métodos de conocimiento. Si
encontrásemos dudas razonables en cuanto a su legitimidad, todas las
creencias fundamentadas en ellos quedarían en cuestión.
Pasos fundamentales de la duda metódica tal y
como aparece en las “Meditaciones Metafísicas”:
1.
Primer momento (la duda propiamente dicha): “pérdida del mundo”
a)
duda de los sentidos:
-
los sentidos nos han engañado en muchas
ocasiones: pone en cuestión sólo actos concretos de percepción, aquellos
que no se dan en condiciones favorables;
-
el sueño
es indistinguible de la vigilia: pone en cuestión la totalidad de actos
de percepción;
b)
duda de la razón:
-
a veces nos equivocamos al razonar:
pone en cuestión sólo actos concretos de razonamiento, aquellos que se
hacen con precipitación y descansan en la deducción;
-
Dios nos ha podido hacer de tal modo
que nos engañemos siempre (hipótesis del genio maligno): pone en
cuestión la totalidad del ejercicio de la razón, incluida la intuición de
las verdades matemáticas;
c)
conclusión de la duda:
podemos dudar de los sentidos y de la razón, podemos dudar de la
existencia de los cuerpos –incluido el propio– , de las otras personas y
sus mentes, de las verdades de la experiencia ordinaria y del sentido
común, podemos dudar de las ciencias –incluida las matemáticas–.
2.
Segundo momento: descubrimiento del
cogito
a)
la proposición “pienso, luego existo” no puede dudarse en absoluto;
b)
podemos aceptar que existimos, y que existimos como seres o cosas
pensantes.
3. Tercer momento: “recuperación del mundo”
a)
primera parte: demostración de la
existencia de Dios
-
tampoco son dudables nuestras ideas;
-
observación y clasificación de los
tipos de ideas;
-
demostración de la existencia de Dios
mediante dos pruebas:
b)
segunda parte: demostración de la
legitimidad y objetividad de nuestras facultades cognoscitivas:
-
afirmación de la bondad de Dios;
-
dado que Dios existe, nos ha creado y
es bueno, podemos confiar en nuestros sentidos y nuestra razón,
particularmente en todo aquello que se presente con claridad y distinción
a nuestra mente;
-
rechazo de los anteriores motivos de
duda, en particular de la hipótesis del genio maligno y de la indistinción
entre sueño y vigilia.
4.
Conclusión general:
existe mi cuerpo, mi alma –y ambos como cosas distintas–, los cuerpos
físicos (animales, vegetales, ...), existen las otras personas, existe
Dios. Descubrimiento de una verdad absolutamente incuestionable, “pienso,
luego existo”, y de un criterio de verdad objetivo, la claridad y la
distinción.
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