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Criterio De Verdad (O De Evidencia)
Criterio que nos permite decidir la verdad de nuestras creencias:
son verdaderas aquellas proposiciones evidentes, es decir, las
proposiciones “claras y distintas”.
Llamamos criterio al requisito o requisitos que podemos utilizar
para la valoración de algo; por ejemplo, podemos utilizar como criterio
para la corrección de un examen que todos aquellos alumnos que lleguen al
cuatro aprueban, y el resto suspenden. Cuando utilizamos un criterio las
cosas que valoramos con él quedan divididas al menos en dos grupos: las
que lo cumplen y las que no lo cumplen. Cabría pensar que también es
posible utilizar un criterio para valorar la perfección de nuestros
conocimientos en relación a su pretensión de verdad, en relación a la
verdad que de ellos podemos esperar. Esto es precisamente lo que ocurre con la regla de evidencia. El
cumplimiento de la regla de evidencia permite asegurar la certeza.
Descartes obtiene el criterio de verdad a partir de la primera verdad
descubierta con el ejercicio de la duda metódica. Lo que garantiza la
verdad de la proposición “pienso, luego existo” es su claridad y
distinción, por lo que podemos aceptar como “una regla general que
todas las cosas que percibo muy clara y
distintamente son verdaderas” (“Tercera Meditación”).
De todos modos este “criterio de verdad” no tiene total garantía
hasta que no se demuestra la existencia de Dios y su bondad, y ello,
básicamente, por la radicalidad de la duda metódica: la hipótesis del
genio maligno pone en cuestión incluso la veracidad de aquello que parece
mostrarse como más evidente (con claridad y distinción), por ejemplo que
dos más tres sean realmente cinco, y llega a cuestionar la propia
matemática, tanto las proposiciones matemáticas a las que se llega
por deducción, como las verdades más simples a las que parece llegarse por
intuición. Muchos lectores de las “Meditaciones metafísicas” han señalado
que en este punto Descartes parece caer en un círculo vicioso: podemos
llegar a la demostración de la existencia de Dios si vemos con “claridad y
distinción” que cada uno de los pasos que seguimos en la argumentación es
verdadero. Pero, a su vez, la claridad y distinción como criterio de
verdad para conocimientos que no son los del cogito, sólo queda
suficientemente justificada si Dios existe. El mismo Descartes intenta dar
una respuesta a esta cuestión, pero no lo hace de un modo totalmente
satisfactorio. En su respuesta indica que Dios se utiliza como garantía
solamente de aquellas ciencias que aprehenden conclusiones y necesitan de
la memoria. La veracidad divina garantiza que no me engaño al pensar que
son verdaderas aquellas proposiciones que recuerdo haber percibido clara y
distintamente. Algunos interpretes intentan resolver esta cuestión
indicando que Descartes distinguió entre el simple acto de visión
mental de la verdad de algo (la evidencia) y el conocer ese algo con
ciencia perfecta. Podemos tener claridad y distinción de la verdad
“los tres ángulos de un triángulo son iguales a dos ángulos rectos”, pero
no tenemos ciencia perfecta hasta que no hayamos demostrado que Dios
existe y es bueno. En este sentido dice Descartes que un ateo puede
conocer claramente que los tres ángulos de un triángulo son iguales a dos
rectos pero que “tal conocimiento, de su parte, no puede constituir
verdadera ciencia” (“Respuesta a las Segundas Objeciones”).
Ver “claridad” y “distinción”.
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