|
Claridad
Junto con la distinción, uno de los rasgos principales de la
evidencia. El conocimiento que tenemos de las cosas cuando están
presentes, en persona, ante nuestra mente.
Como ejemplo de
claridad y distinción, y de sus opuestos,
oscuridad y confusión, cabe poner ejemplos tomados de la percepción.
Cuando decimos “el gato está encima de la cama” mi conocimiento es “claro”
si estoy viendo al gato encima de la cama; es “oscuro” si hago dicho
juicio sin tener delante de mí a dicho gato. Si miro por la ventana al
último árbol del jardín, las ramas que
tiene se me presentan de forma “confusa”, ya que no soy capaz de
ver con precisión cada una de ellas, las percibo mezcladas unas con otras,
no veo con distinción los límites de cada una de ellas. Si bajo a la
calle, me acerco al árbol y veo cada rama con cuidado, distinguiendo sus
partes, los límites y distancias que
les separan del resto, entonces tengo un conocimiento “distinto”.
El ejemplo anterior describe la claridad y la
distinción en el caso de la percepción,
pero lo peculiar del punto de vista cartesiano es que también cabe
claridad y distinción
respecto de conocimientos no perceptuales, de conocimientos intelectuales.
Fijémonos en las siguientes posibilidades en
relación al conocimiento “pienso, luego existo”:
1.
Le contamos al taxista que nos lleva a una charla sobre Descartes
que toda la filosofía del autor se concentra en dicha frase; el taxista
nos puede decir que es verdad, que esa frase, como todo el mundo sabe, es
cierta.
2. Durante la charla, el conferenciante nos presenta paso a paso la
duda metódica, y dispone nuestra mente de tal modo que nos obliga a
dirigir la atención sobre nosotros mismos y nos enseña a vernos como
sujetos que piensan.
3. A continuación pregunta a dos oyentes qué piensan; uno de ellos
dice
a)
“pienso en que estoy nervioso, por lo que prefiero que conteste
otro”;
b)
el segundo oyente dice “pienso que Descartes tiene razón puesto que
para pensar es necesario existir”.
Respecto de la proposición “pienso, luego
existo”, el taxista tiene un conocimiento “oscuro”, pues, simplemente, se
limita a repetir sin evidencia alguna el tópico de la frase cartesiana;
nosotros, que hemos reproducido en nuestra mente cada uno de los pasos de
la duda metódica y que hemos conseguido que nuestra mente se perciba a sí
misma en el propio ejercicio de la duda, tenemos un conocimiento “claro”;
el primer oyente que responde a la pregunta “¿en qué piensa?” indicando
que piensa que está nervioso confunde un acto de pensamiento con un acto
emocional como es el estar nervioso, por lo que tiene un conocimiento
confuso de sus propias vivencias; el segundo, que describe su vivencia
con un concepto adecuado a lo que realmente vive (un pensamiento), tiene
un conocimiento “distinto” de sus vivencias.
Descartes llama intuición a todo acto
mental que capta una realidad con claridad y distinción.
El error aparece cuando nuestra
voluntad nos lleva a asentir a proposiciones que no se muestran
con claridad ante nuestra mente. Si sólo aceptásemos como
verdadero aquello que se presenta con
claridad, nunca nos equivocaríamos. Las demostraciones geométricas
tienen precisamente certidumbre porque se fundan sólo en la evidencia, en
la claridad. Tenemos evidencia plena de las nociones comunes (verdades
eternas que descansan en nuestras propia razón) y de las naturalezas
simples: “de la nada no puede hacerse algo”, “una cosa no puede ser y no
ser al mismo tiempo”, “el que piensa no puede dejar de ser o de existir
mientras piensa”, ...
Ver “criterio de verdad (o de evidencia)” y
“distinción”.
|