|
Argumento Basado En La Imperfección Y Dependencia De Mi Ser
Esta prueba parte de la contingencia de mí mismo como ser finito.
Dios será en esta prueba causa de mí (no ya de la idea de Él que en mí
hay). La prueba es de corte tomista y recuerda la Tercera Vía.
La versión cartesiana se caracteriza por las siguientes variantes:
1. Soy consciente de mi imperfección,
y (como corresponde al lugar en el que se sitúa esta prueba, la duda
metódica), me doy cuenta de mi limitación precisamente por mi
ignorancia, por el hecho de que dudo: si fuese absolutamente perfecto
y la causa de mi propio ser, me habría creado como sabio, no como
ignorante.
2.
La contingencia de mi ser no se refiere sólo al hecho de que
haya necesitado de otro ser para existir o empezar a ser, sino también a
mi incapacidad para mantenerme en el ser, a mi incapacidad para continuar
viviendo sólo a partir de mi mismo. En este punto, la argumentación
cartesiana se separa de la tomista: Santo Tomás subrayaba la contingencia
de todos los seres en la medida en que éstos no son causa de sí mismos;
Descartes habla de la contingencia de su ser (ya que no sabe aún si
existen otros seres) porque no se ha creado a sí mismo, pero más aún
porque no cree que él mismo sea la causa de su mantenerse en el ser, de su
seguir existiendo. La fragilidad de mi existencia es tal que en cualquier
momento podría no existir: los distintos momentos de la temporalidad de mi
vida como ser pensante son
independientes: unos (los posteriores) no pueden explicarse absolutamente
a partir de otros (los anteriores); y si ello es así debo suponer que
existe un ser distinto a mí mismo que sea la causa de que yo perdure, de
mi vida como una totalidad que se da en el tiempo, de mi vivir. En
conclusión, Descartes llegará a Dios más que como consecuencia de que
Él sea necesario para explicar nuestra creación, porque es necesario para
explicar la conservación de nuestro ser.
3. A continuación plantea la hipótesis de que tal vez yo no dependo de
Dios sino de algo menos perfecto que Dios, y la rechazará mediante la
referencia a dos principios: uno que ya aparecía en la primera
demostración de la existencia de Dios (la de la idea de Dios como ser
infinitamente perfecto) y otro la imposibilidad de la serie infinita para
dar cuenta de la existencia presente:
a) en la causa debe haber tanta
realidad como en el efecto; si yo soy un
ser pensante sólo un ser pensante puede haberme creado;
b) si ese ser pensante no es la causa de sí mismo, entonces otro debe
haberlo creado, y lo mismo con este segundo y con un tercero... pero la
serie no puede ser infinita, porque en tal caso no cabría dar cuenta
de mi existencia actual y menos aún de la conservación de mi ser,
luego Dios existe. El ser del que dependo tiene que tomar su origen y
existencia de sí mismo.
4.
La conclusión no es sólo que Dios
existe sino que la idea de Dios es innata y como el sello o huella que
Dios deja en nosotros por habernos creado.
Ver “pruebas para la demostración de la
existencia de Dios”.
|