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Universales
Siguiendo a Platón, Aristóteles
llama universal a “un uno que se dice de muchos”. Los universales son los
términos que pueden predicarse de más de un sujeto.
El término “Heráclito” sólo lo utilizamos para referirnos a una entidad
concreta: el filósofo famoso por su reivindicación de la tesis del
devenir; sin embargo, en nuestro lenguaje hay otros términos como “mesa” o
“belleza” de los que nos podemos servir para hablar de muchas cosas
concretas, aquellas que en el ejemplo anterior reciben el nombre de mesa o
que son bellas. Una de las cuestiones filosóficas más importantes
relativas a los universales radica en saber qué forma de existencia
tienen. Este problema, aunque aparentemente técnico, tiene importantes
repercusiones en distintos campos de la filosofía: ontológico, lógico,
epistemológico... y los filósofos le han dado distintas soluciones. En la
Antigüedad las más importantes fueron las de Platón y Aristóteles; en la
Edad Media fue motivo de fuertes discusiones, particularmente en la
escolástica. Las soluciones pueden agruparse brevemente del siguiente
modo:
-
Realismo trascendente o exagerado: los universales existen y son
entidades separadas e independientes de las cosas particulares; no
dependen para su existencia ni de la mente humana que los piensa ni de las
cosas individuales o concretas. Las cosas individuales participan de los
universales. Son universales ante rem. Platón los situó en el Mundo
Inteligible y S. Agustín en la mente de Dios.
-
Realismo inmanente o moderado: los universales existen pero no
separados de las cosas concretas; son las formas o esencias inscritas en
las cosas mismas. Son universales in re. Los representantes más
conocidos de este punto de vista son Aristóteles y Santo Tomás.
-
Conceptualismo: los universales existen pero no en las cosas sino en las
mentes. Son los conceptos o entidades abstractas que se obtienen a partir
de las cosas o realidades individuales. Son universales post rem.
Pedro
Abelardo (1079-1142) fue uno de las más importantes defensores de esta
interpretación en la Edad Media.
-
Nominalismo: los universales no tienen existencia objetiva, no existen
ni como formas separadas ni como esencias y ni siquiera como conceptos.
Son simples nombres que se usan por motivos meramente utilitarios (por la
comodidad que representan para referirse a muchas cosas sin la necesidad
de citar uno a uno cada objeto cuando hablamos de un conjunto de cosas).
Solo existen las cosas concretas. En general las corrientes de orientación
empirista (como el neopositivismo en nuestro siglo) tienden a este punto
de vista, radicalmente opuesto al platónico. En la Edad Media lo defendió
Guillermo de Ockam (s. XIV).
La tesis platónica esencial sobre los universales es que estos tienen
existencia objetiva e independiente. Los universales existen, pero no en
la mente de las personas ni en las cosas individuales (cosas que por otro
lado imitan o participan de dichas entidades universales). Existen en el
Mundo Inteligible y son las Ideas.
De este modo Platón se ve obligado a admitir, al menos, los siguientes
niveles de realidad:
-
las cosas concretas (este
libro que tiene el lector en sus manos);
-
el pensamiento con el que nos
referimos a dichas entidades concretas (el concepto de libro, por
ejemplo);
-
y las entidades universales o
Ideas (la Idea de Libro).
Aristóteles criticó este punto de vista tan radical en cuanto a la
existencia de los universales: sin rechazar su existencia ni considerarlos
entidades mentales ni meramente lógicas consideró sin embargo que los
universales están inscritos en las cosas individuales o particulares y son
precisamente su esencia.
Ver "argumento del tercer hombre", "Ideas" y "participación".
El problema de los
universales, en la Historia de la
Filosofía de Balmes
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