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Purificación
Práctica moral encaminada al
cuidado del alma a partir del rechazo de los deseos y necesidades
corporales.
Influido por la religión órfica, Platón defendió una concepción pesimista
de la realidad humana: en este mundo el alma vive prisionera del cuerpo y
sus urgencias o necesidades. En la medida en que el destino del alma no es
el mundo corporal y sus valores sino el mundo espiritual, y que ambos
mundos están enfrentados, la tarea moral, religiosa e intelectual del
hombre consistirá en intentar liberarse de las exigencias del cuerpo y de
sus limitaciones. La purificación o ascesis, es precisamente este
proceso
de liberación. Desde un punto de vista moral consiste en intentar eliminar
o moderar los apetitos sensibles (apetito sexual, deseo de bienes
materiales como la riqueza, gula...); desde un punto de vista intelectual
consiste en intentar llevar una vida de conocimiento, de ejercicio de la
razón. Esto es lo que parece indicar la extraña afirmación platónica según
la cual filosofar es aprender a morir: la auténtica filosofía obliga al
sujeto a dirigir los ojos del alma fuera del mundo corporal, hacia el
mundo de las Ideas, separándose en cierta forma del cuerpo, "muriendo" en
un cierto sentido.
Platón
presenta en el siguiente texto de Fedón su idea de la
filosofía como una forma de purificación del alma y
preparación para la muerte.
"—...La razón no tiene más que un camino que seguir en sus
indagaciones; mientras tengamos nuestro cuerpo, y nuestra alma
esté sumida en esta corrupción, jamás poseeremos el objeto de
nuestros deseos; es decir, la verdad. En efecto, el cuerpo nos
opone mil obstáculos por la necesidad en que estamos de
alimentarle, y con esto y las enfermedades que sobrevienen, se
turban nuestras indagaciones. Por otra parte, nos llena de
amores, de deseos, de temores, de mil quimeras y de toda clase
de necesidades; de manera que nada hay más cierto que lo que se
dice ordinariamente: que el cuerpo nunca nos conduce a la
sabiduría. Porque, ¿de dónde nacen las guerras, las sediciones y
los combates? Del cuerpo con todas sus pasiones. En efecto;
todas las guerras no proceden sino del ansia de amontonar
riquezas, y nos vemos obligados a amontonarlas a causa del
cuerpo, para servir como esclavos a sus necesidades. he aquí por
qué no tenemos tiempo para pensar en la filosofía; y el mayor de
nuestros males consiste en que en el acto de tener tiempo y
ponernos a meditar, de repente interviene el cuerpo en nuestras
indagaciones, nos embaraza, nos turba y no nos deja discernir la
verdad. Está demostrado que si queremos saber verdaderamente
alguna cosa, es preciso que abandonemos el cuerpo, y que el alma
sola examine los objetos que quiere conocer. Sólo entonces
gozamos de la sabiduría, de que nos mostramos tan celosos; es
decir, después de la muerte, y no durante la vida. La razón
misma lo dicta; porque si es imposible conocer nada en su pureza
mientras que vivimos con el cuerpo, es preciso que suceda una de
dos cosas: o que no se conozca nunca la verdad, o que se la
conozca después de la muerte, porque entonces el alma, libre de
esta carga, se pertenecerá a sí misma; pero mientras estemos en
esta vida, no nos aproximaremos a la verdad, sino en razón de
nuestro alejamiento del cuerpo, renunciando a todo comercio con
él, y cediendo sólo a la necesidad; no permitiendo que nos
inficione con su corrupción natural, y conservándonos puros de
todas estas manchas, hasta que Dios mismo venga a libertarnos.
entonces, libres de la locura del cuerpo, conversaremos, así lo
espero, con hombres que gozarán la misma libertad, y conoceremos
por nosotros mismos la esencia pura de las cosas; porque quizá
la verdad sólo en esto consiste; y no es permitido alcanzar esta
pureza al que no es asimismo puro. he aquí, mi querido Simmias
lo que me parece deben pensar los verdaderos filósofos, y el
lenguaje que deben usar entre sí. ¿No lo crees como yo?
—Seguramente, Sócrates.
—Si esto es así, mi querido Simmias, todo hombre que llegue a
verse en la situación en que yo me hallo, tiene un gran motivo
para esperar que allá, mejor que en otra parte, poseerá lo que
con tanto trabajo buscamos en este mundo; de suerte que este
viaje, que se me ha impuesto, me llena de una dulce esperanza; y
hará el mismo efecto sobre todo hombre que se persuada, que su
alma está preparada, es decir, purificada para conocer la
verdad. Y bien; purificar el alma, ¿no es, como antes decíamos,
separarla del cuerpo, y acostumbrarla a encerrarse y recogerse
en sí misma, renunciando al comercio con aquel cuanto sea
posible, y viviendo, sea en esta vida, sea en la otra, sola y
desprendida del cuerpo, como quien se desprende de una cadena?
—Es cierto, Sócrates.
—Y a esta libertad, a esta separación del alma y del cuerpo, ¿no
es a lo que se llama la muerte?
—Seguramente.
—Y los verdaderos filósofos, ¿no son los únicos que
verdaderamente trabajan para conseguir este fin? ¿No constituye
esta separación y esta libertad toda su ocupación?
—Así me lo parece, Sócrates.
—¿No sería una cosa ridícula, como dije al principio, que
después de haber gastado un hombre toda su vida en prepararse
para la muerte, se indignase y se aterrase al ver que la muerte
llega? ¿No sería verdaderamente ridículo?
—¿Cómo no?
—Es cierto, por consiguiente, Simmias, que los verdaderos
filósofos se ejercitan para la muerte, y que esta no les parece
de ninguna manera terrible. Piénsalo tú mismo. Si desprecian su
cuerpo y desean vivir con su alma sola, ¿no es el mayor absurdo,
que cuando llega este momento, tengan miedo, se aflijan y no
marchen gustosos allí, donde esperan obtener los bienes, por que
han suspirado durante toda su vida y que son la sabiduría, y el
verse libres del cuerpo, objeto de su desprecio?"
Platón, Fedón o del alma (Biblioteca Filosófica. Obras
completas de Platón. Tomo 5. Traducción: Patricio de Azcárate)
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