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Ideal del Sabio
En la filosofía helenística representa a la persona que ha logrado la vida
buena y feliz mediante el ejercicio de su razón y la práctica de la
filosofía.
La filosofía helenística desatiende las investigaciones de filosofía
teórica y se preocupa fundamentalmente por las relativas a la esfera de la
vida o esfera práctica. La filosofía es para ellos antes que una doctrina
de la realidad una doctrina que garantiza la realización de la vida buena.
Así, el sabio no es tanto la persona que consigue saber cómo es el mundo
como la que sabe vivir. El sabio es el filósofo que dispone de una teoría
verdadera acerca de la realidad y cuya aplicación al mundo práctico le
permite una vida buena y dichosa. Aunque éste es el rasgo común a todas
las escuelas morales helenísticas, cabe señalar algunas peculiaridades en
el ideal del sabio epicúreo y el estoico:
I. Ideal del sabio en la filosofía epicúrea:
A. El sabio evita las complicaciones de la vida familiar, renuncia al
compromiso político, a vincularse con el Estado y
no se preocupa por los
asuntos públicos; su lema fue “vive ocultamente”. Este desapego respecto
de la formaciones sociales generales como la nación o el Estado les llevó
indirectamente a la defensa del cosmopolitismo: Epicuro no admite patria
alguna ni se siente sometido al derecho puesto que no existe un derecho
establecido por la naturaleza.
B. Las únicas formaciones
sociales que acepta son consecuencia de los vínculos creados por la
amistad: la amistad es necesaria para la felicidad e inseparable del
placer. El punto de vista general de Epicuro en cuanto a la motivación de
la conducta (“cada uno ama al otro sólo por sí mismo”)
le condujo a una defensa de la amistad desde un punto de vista egoísta: la
amistad permite vivir de forma segura y despreocupada; sin embargo, en la
práctica, Epicuro y sus discípulos mostraron relaciones de amistad
desinteresadas.
C. El auténtico filósofo o sabio es
autónomo: como su vida espiritual y su
felicidad dependen exclusivamente de su alma y de su voluntad, no teme ni
el sufrimiento físico ni las presiones o violencia de otras personas o del
Estado. Goza moderadamente de los placeres de la vida y utiliza su
inteligencia para administrar dolores y placeres y alcanzar la serenidad
como rasgo estable de su alma.
II. Ideal del sabio en la filosofía estoica:
A. Goza de
radical libertad interior: los ignorantes son esclavos de sus
placeres, afectos, pasiones y de las cosas exteriores, el sabio se
preocupa por su alma, por desterrar de ella las pasiones o afectos
(apatía) y realizar los imperativos de su razón y de la naturaleza
llevando una vida virtuosa. Dado que vive en el mundo del espíritu, nadie
puede arrebatarle su mundo interior, por lo que es invencible y
radicalmente libre. La libertad absoluta de su voluntad frente al mundo
exterior y al propio cuerpo se expresa también en su derecho al suicidio:
cuando el interés de la patria lo exige, la presión del tirano es
insoportable o una grave e irreversible enfermedad provoca sufrimiento
gratuito y decadencia espiritual, es legítimo acabar con la vida: “cada
vena de su cuerpo es un camino para la libertad” (Séneca).
B. Su conocimiento de la intervención de Dios en todas las circunstancias
de la vida y de su carácter providencial le lleva a
aceptar la fatalidad
con serenidad. Dado que obra de acuerdo con su razón y por lo tanto de
forma virtuosa, y que la felicidad acompaña a la realización de la virtud,
el sabio es feliz.
C. El sabio puede casarse, tener hijos y
participar de la vida pública,
particularmente cuando el Estado busca la realización de un ideal moral.
Los sabios son amigos unos de otros por participar de los mismos ideales y
consideran a todos los hombres como sus semejantes puesto que el alma que
hay en cada hombre es una parte del Logos mismo o Dios.
Ver “cosmopolitismo”.
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