|
Estoicismo
Escuela filosófica fundada por Zenón de Citio hacia el año 300 a. C.
Defienden un panteísmo providencialista (mundo físico animado y divino y
encaminado a lo bello y perfecto). Identifican el bien con la virtud y la
vida feliz con la vida virtuosa y de eliminación de las pasiones (apatía).
Se sienten ciudadanos del mundo (cosmopolitismo).
La Stoa oscureció la Academia platónica y el Liceo aristotélico y fue la
más importante de las cuatro escuelas filosóficas de Atenas durante varios
siglos. Zenón de Citio la fundó reuniendo a sus discípulos en una especie
de pórtico decorado con cuadros de múltiples colores (“Stoa Poikilé”, de
ahí su nombre).
En lógica hicieron importantes aportaciones en lo que ahora llamamos
lógica proposicional (frente a la lógica de los términos de Aristóteles),
en el campo de la lógica de las inferencias y en el estudio de los
elementos de la gramática griega. En teoría del conocimiento defendieron
una teoría sensualista matizada: los objetos físicos afectan a los
sentidos, éstos transmiten su influencia al alma y provocan en ella las
representaciones. El conocimiento se da en la representación cataléptica o
representación evidente. Hay representaciones catalépticas basadas en
representaciones sensibles y otras en la razón, como ocurre en
matemáticas.
Sus ideas físicas estuvieron influidas por Heráclito y algunas tesis de la
física aristotélica. Distinguen dos principios: la materia informe o
principio pasivo y el Logos o principio activo. Creyeron que sólo las
realidades corpóreas pueden obrar realmente, por lo que acabaron
concibiendo el Logos o divinidad, al igual que el alma, como algo
corpóreo, aunque invisible, perfecto y sutil. Los dos principios,
Logos o
Pneuma y materia (hylé) están trabados siempre y en todas partes, lo que
fomenta una visión panteísta (la divinidad impregna de su ser la totalidad
de la realidad). El pneuma o fuerza o espíritu es el poder creador y
principio racional que ordena todas las cosas, les da las características
que corresponden a su posible mayor perfección y un destino al que no
pueden escapar. El Logos, presente en todas las cosas, las conecta o
relaciona sutilmente. Estas ideas fomentaron en los estoicos creencias
como la de la existencia de una “simpatía universal” entre todas las cosas
del Universo, así como la creencia en las predicciones o “Mántica”. El
famoso fatalismo y determinismo estoico tiene igualmente este mismo
fundamento.
Otra tesis característica del estoicismo fue la del carácter cíclico de la
historia del Universo: a partir del fuego originario y creador (el Logos)
y siguiendo un orden determinado, se van creando todas las cosas, van
ocurriendo todos los acontecimientos, van desapareciendo todas las cosas y
así sucesivamente en un eterno retorno, renacimiento y muerte de lo mismo
en idénticas formas y con idénticos destinos (palingenesia).
Creyeron que existe el alma como algo distinto del cuerpo, alma que se
genera por procreación y se extingue completamente tras la muerte del
cuerpo. El alma (pneuma) es un soplo o viento seco e ígneo formado por
partículas materiales sutiles y que tiene la propiedad de moverse a sí
mismo y al cuerpo en el que habita. Es el principio vital por el que
respiramos, vivimos y razonamos. El alma humana es una parte del alma del
mundo, del Logos que domina el universo, y destaca en ella el
Hegemonikón,
la parte racional de la que depende el conocimiento y la virtud y la más
parecida al Logos mismo.
Consideraron que el objetivo de la conducta humana es la felicidad, estado
que se alcanza con la fidelidad a la naturaleza y a la razón. Su propuesta
ética gira alrededor de la virtud: desarrollaron una teoría de la virtud y
de los deberes con un cierto carácter intelectualista próxima a
Aristóteles. Anticipando el punto de vista kantiano valoraron la virtud
por sí misma, y, a diferencia de Kant, creyeron que es suficiente para
conseguir la felicidad, pues la virtud es un bien por sí misma y su
realización trae consigo la felicidad. En relación con los afectos o
pasiones los consideraron como un movimiento irracional del alma y
distinguieron en ellas los apetitos o deseos, el placer y los
sentimientos. En general proponen eliminar todas las pasiones (apatía)
aunque las pasiones elevadas no fueron tan rechazadas. Concibieron al
sabio como el filósofo que gracias al ejercicio de su razón consigue la
autonomía, libertad de afectos y pasiones y de males externos, y que
acepta los avatares de la vida por formar parte de los designios de dios.
Defienden el suicidio cuando las circunstancias lo exigen: el interés de
la patria, enfermedades incurables. Se sienten hermanos de todos los seres
humanos, ciudadanos del mundo.
PERÍODOS
I. EL ANTIGUO
(del 300 hasta el 130 a. C.)
A. Zenón de Citio (341-261 a. C.)
B. Crisipo (281-208 a. C.)
II. EL MEDIO (del 130 al 50 a. C.)
A. Panecio de Rodas (185-110 a. C.)
B. Posidonio (135-50 a. C.)
III. EL NUEVO: estoicismo romano (del 50 a.C. hasta el siglo III d. C.)
A. Séneca (4-65 d. C.)
B. Epicteto (50-130 d. C.)
C. el emperador Marco Aurelio (121-180 d. C.)
Ver “apatía”, “fatalismo” e “ideal del sabio”.
Obras
filosóficas de Séneca
|