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Cosmopolitismo
Convicción por la cual uno se siente ciudadano del mundo antes que de un
pueblo, nación o raza y considera a todos los hombres como sus semejantes.
Defendido particularmente por los estoicos.
El mundo griego anterior al helenismo no consiguió alcanzar una visión
universalista de la humanidad. Es ejemplar el caso de Aristóteles: la nota
característica del hombre es la racionalidad pero esta no se encuentra
distribuida del mismo modo en todos los pueblos y razas ni ―dentro de una
raza― tampoco en todos los individuos. En primer lugar sólo la poseen en
sentido propio los griegos, no los bárbaros, razón por la cual estos
últimos pueden ser hechos prisioneros y esclavizados. Pero incluso dentro
del pueblo griego, sólo los varones adultos: ni las mujeres ni los niños
la poseen en sentido estricto; son capaces de entenderla (la prueba es que
son capaces de entender una orden, dice) pero incapaces de utilizarla para
regirse a sí mismos de modo autónomo, por lo que deben depender del varón
adulto.
Tenemos que llegar a la filosofía helenística para encontrar una
reivindicación de la humanidad de las mujeres y de los extranjeros:
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Epicuro aceptaba a las mujeres en su escuela, el Jardín, y las trataba
como iguales. Su reivindicación del cosmopolitismo es consecuencia del desapego que recomendó respecto de las patrias y los Estados. El sabio
debe ser autónomo y no sentirse vinculado a patria alguna. Tampoco se
siente íntimamente atado por el derecho de un Estado, porque no existe un
derecho establecido por la naturaleza.
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Los estoicos harán una defensa del cosmopolitismo basada en
consideraciones más metafísicas: la extensión de la humanidad a todos los
hombres descansó en su filosofía en la idea de que el Logos habita en la
razón de todos los hombres, por lo que todos son hermanos (parentesco que
fundamenta el amor hacia los demás hombres o filantropía); el alma que hay
en cada uno de nosotros no es sino “Dios morando en el cuerpo humano. Lo
mismo en el équite que en el liberto que en el esclavo” (Séneca). La
distinción tradicional en el mundo clásico entre griegos y bárbaros es
convencional, no natural. Frente a Aristóteles, prefirieron definir al
hombre como el ser “destinado a la vida en comunidad” antes que como
animal racional. Por ello se sintieron ciudadanos del mundo antes que de
un Estado particular. Incluso Zenón de Citio, anticipándose en muchos
siglos a reivindicaciones modernas, llegó a hablar de la conveniencia de
un “Estado universal”, con un solo derecho y una sola ley. “No deberíamos
vivir en estados o poblaciones divididas y cada uno con su derecho, sino
creer que todos los hombres son nuestros compatriotas y conciudadanos; no
debería haber más que una forma de vida y un orden estatal, del mismo modo
que un rebaño común se cría según una misma ley”, (Del Estado). Los
estoicos reconocerán en toda persona a un semejante independientemente de
su nacionalidad y raza al declararse ciudadanos del mundo y no de un
grupo, nación o etnia particular.
Se dice muchas veces que el cristianismo, a diferencia del pensamiento
griego, consiguió por vez primera alcanzar la idea de la Humanidad como un
todo, todo compuesto por individuos semejantes y con los mismos derechos y
obligaciones, y ello en la medida en que todos los hombres poseen un alma
inmortal y son hijos de Dios. Como se ve, es preciso matizar esta
afirmación pues ya los estoicos son capaces de reconocer a todo hombre
como un semejante.
Ver “ideal del sabio”.
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