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Séneca
4-65 d.C.
 

 

 

Cosmopolitismo

Convicción por la cual uno se siente ciudadano del mundo antes que de un pueblo, nación o raza y considera a todos los hombres como sus semejantes. Defendido particularmente por los estoicos.

      El mundo griego anterior al helenismo no consiguió alcanzar una visión universalista de la humanidad. Es ejemplar el caso de Aristóteles: la nota característica del hombre es la racionalidad pero esta no se encuentra distribuida del mismo modo en todos los pueblos y razas ni ―dentro de una raza― tampoco en todos los individuos. En primer lugar sólo la poseen en sentido propio los griegos, no los bárbaros, razón por la cual estos últimos pueden ser hechos prisioneros y esclavizados. Pero incluso dentro del pueblo griego, sólo los varones adultos: ni las mujeres ni los niños la poseen en sentido estricto; son capaces de entenderla (la prueba es que son capaces de entender una orden, dice) pero incapaces de utilizarla para regirse a sí mismos de modo autónomo, por lo que deben depender del varón adulto.

      Tenemos que llegar a la filosofía helenística para encontrar una reivindicación de la humanidad de las mujeres y de los extranjeros:

  • Epicuro aceptaba a las mujeres en su escuela, el Jardín, y las trataba como iguales. Su reivindicación del cosmopolitismo es consecuencia del desapego que recomendó respecto de las patrias y los Estados. El sabio debe ser autónomo y no sentirse vinculado a patria alguna. Tampoco se siente íntimamente atado por el derecho de un Estado, porque no existe un derecho establecido por la naturaleza.

  • Los estoicos harán una defensa del cosmopolitismo basada en consideraciones más metafísicas: la extensión de la humanidad a todos los hombres descansó en su filosofía en la idea de que el Logos habita en la razón de todos los hombres, por lo que todos son hermanos (parentesco que fundamenta el amor hacia los demás hombres o filantropía); el alma que hay en cada uno de nosotros no es sino “Dios morando en el cuerpo humano. Lo mismo en el équite que en el liberto que en el esclavo” (Séneca). La distinción tradicional en el mundo clásico entre griegos y bárbaros es convencional, no natural. Frente a Aristóteles, prefirieron definir al hombre como el ser “destinado a la vida en comunidad” antes que como animal racional. Por ello se sintieron ciudadanos del mundo antes que de un Estado particular. Incluso Zenón de Citio, anticipándose en muchos siglos a reivindicaciones modernas, llegó a hablar de la conveniencia de un “Estado universal”, con un solo derecho y una sola ley. “No deberíamos vivir en estados o poblaciones divididas y cada uno con su derecho, sino creer que todos los hombres son nuestros compatriotas y conciudadanos; no debería haber más que una forma de vida y un orden estatal, del mismo modo que un rebaño común se cría según una misma ley”, (Del Estado). Los estoicos reconocerán en toda persona a un semejante independientemente de su nacionalidad y raza al declararse ciudadanos del mundo y no de un grupo, nación o etnia particular.


      Se dice muchas veces que el cristianismo, a diferencia del pensamiento griego, consiguió por vez primera alcanzar la idea de la Humanidad como un todo, todo compuesto por individuos semejantes y con los mismos derechos y obligaciones, y ello en la medida en que todos los hombres poseen un alma inmortal y son hijos de Dios. Como se ve, es preciso matizar esta afirmación pues ya los estoicos son capaces de reconocer a todo hombre como un semejante.

      Ver “ideal del sabio”.     

 

 

 


Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 1: Filosofía Griega.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen.