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Ludwig Wittgenstein

(1889 - 1951)

 
 

 

Realidad

Totalidad de hechos posibles y expresables mediante el conjunto de proposiciones con sentido, tanto las verdaderas como las falsas.

      La descripción de “lo que hay” es compleja en la filosofía de Wittgenstein. Para entender su propuesta es preciso separar “lo que hay” en dos regiones: el conjunto de cosas de las que se puede hablar y el conjunto de “cosas” de las que no se puede hablar:

1) Conjunto de “cosas” de las que no se puede hablar:

  • la estructura lógica del mundo: de ella no se puede hablar pero se muestra en el lenguaje; da lugar a proposiciones no significativas (sinnlos), que no sinsentidos (unsinnig);

  • parte de los objetos tradicionales de la metafísica: el sujeto o yo metafísico, los valores morales y estéticos y lo místico, Dios. Si  intentamos expresar estos objetos mediante el lenguaje obtenemos proposiciones sinsentido (unsinnig). Wittgenstein nos dice que el lenguaje y el pensamiento no es el medio adecuado para acceder a ellas, pero no explica cómo se nos hacen presentes; en algunos textos parece sugerir que mediante una experiencia directa no verbal, al modo en que captamos la “verdad” o el “mensaje” estético en las obras de arte. La interpretación neopositivista de la filosofía de Wittgenstein, particularmente del “Tractatus”, tiende a prescindir de este extraño punto de vista.

2) Conjunto de cosas de las que se puede hablar: su límite coincide con el límite del lenguaje;

  • la Realidad (Wirklichkeit): es el ámbito de lo que se puede hablar, el conjunto de hechos posibles a los que corresponden el conjunto de proposiciones con sentido; está formada por el conjunto de cosas existentes más el conjunto de cosas inexistentes pero posibles; 

  • el Mundo (Welt): es una parte de la realidad; el conjunto de cosas existentes, la realidad actual; le corresponde el conjunto de proposiciones elementales verdaderas. Wittgenstein llama “mundo” al conjunto de hechos que acaecen;

  • los hechos: son realidades complejas y a ellos se refieren las proposiciones complejas; constan de hechos atómicos;

  • los estados de cosas o hechos atómicos: son los acontecimientos que ya no pueden dividirse en otros más simples, aunque en un cierto sentido se puede decir que poseen una estructura pues constan de objetos y de relaciones entre ellos; se expresan mediante las proposiciones atómicas;

  • los objetos: son los componentes últimos de la realidad, el lenguaje los expresa mediante los nombres.

      En el “Tractatus”, Wittgenstein no aclara con ejemplos qué debemos entender por hechos complejos y mucho menos por hechos atómicos y por objetos. Él mismo reconoce que es difícil encontrar ejemplos de hechos atómicos y de objetos, y sus intérpretes no han llegado a un acuerdo. Para algunos, los objetos son las sustancias últimas de la realidad, sustancias que no se pueden identificar con los objetos de nuestro entorno (árboles, personas, mesas, coches, ...) sino con entidades hipotéticas que hay que postular como consecuencia de exigencias lógicas; para otros, los objetos son los “datos sensibles” de los que hablaba Russell como las manchas de color concretas que percibimos (este color azul concreto que tengo delante, ..); otros autores, siguiendo anotaciones que Wittgenstein hizo en 1915 en su “Diario Filosófico” y en las que presenta como ejemplos de objetos libros, relojes, mesas, Sócrates, ..., consideran que en realidad Wittgenstein no se está refiriendo a nada misterioso: objeto es todo aquello a lo que se pueda referir un nombre. Vamos a seguir esta interpretación: objeto es todo aquello de lo cual es posible una percepción, son todas las cosas que encontramos en nuestra experiencia. Fijémonos en el siguiente hecho: “Pedro, Marta y Juan pasean por el jardín”; éste es un hecho complejo pues está formado por los hechos más simples “Pedro pasea por el jardín”, “Marta pasea por el jardín” y  “Juan pasea por el jardín”, y este último hecho, aunque simple en tanto que en él no se pueden encontrar más hechos, consta sin embargo de una estructura (los objetos “Juan”, “jardín” y la relación “pasear por”).

      Wittgenstein defiende además otras tesis ontológicas que es preciso destacar:

1. Los objetos que existen y pueden existir y de los que se puede hablar son objetos empíricos, objetos que se ofrecen a la percepción y que estudia la ciencia empírica, la ciencia natural (ni Dios ni el yo del que habla la filosofía o alma son objetos).

2. No todos y cada uno de los elementos de una proposición tienen un referente en el mundo: las constantes lógicas no tienen referente; tampoco existen en el mundo hechos negativos que puedan corresponder a las proposiciones del tipo “Sócrates no existe”, ni hechos universales que puedan corresponder a proposiciones de la forma “todos los hombres son mortales”.

3. Los objetos tienen propiedades “internas”, dice Wittgenstein; las propiedades internas son las propiedades que el objeto debe tener necesariamente (a estas propiedades la tradición filosófica les da el nombre de propiedades esenciales); si se trata de un reloj, el estar en el espacio, tener un tamaño, un peso, color,...

4. Entre los objetos que participan en un hecho se dan relaciones, y esas relaciones están delimitadas por sus propiedades internas; las propiedades internas determinan en qué posibles estados de cosas pueden estar presentes los objetos: fijémonos en el estado de cosas al que da lugar la relación “estar sentado en”: una persona puede estar sentada en una mesa, un mono puede estar sentado en una silla, pero no es posible que un reloj esté sentado en una silla, puede estar encima de una silla, pero no tiene sentido decir que está sentado en una silla. Son estas relaciones existentes entre las propiedades internas de los objetos lo que hace que algunas proposiciones tengan sentido y otras no: tienen sentido aquellas que describen estados lógicamente posibles, que describen estados que pueden ser reales como consecuencia de la compatibilidad entre las propiedades internas de los objetos. Son absurdas, carecen de sentido, las proposicio­nes en las que predicamos de una cosa algo incompatible con sus propiedades internas (como “el mar está triste”, o, con el ejemplo anterior, tomado de la obra de Wittgenstein “Diario Filosófico”,  “el reloj está sentado sobre la mesa”).

5. Los objetos tienen una naturaleza lógica, naturaleza determinada por las propiedades internas. La forma lógica de un hecho atómico no establece la realidad de dicho hecho, simplemente lo hace posible; traducido a la esfera del lenguaje esto quiere decir que la forma lógica de una proposición (el sentido presente en ella) no establece su verdad, establece la posibilidad de su verdad: la proposición “el reloj está sobre la mesa” es una proposición que tiene sentido, que no es absurda, y por eso puede ser verdadera; para que de hecho sea verdadera es necesario, además, que realmente el reloj esté sobre la mesa (que realmente se dé el hecho al que se refiere la proposición).

6. Entre los hechos no existe vínculo lógico alguno, los hechos se superponen unos a otros; a un hecho le sigue otro, junto a un hecho está presente otro, pero no podemos decir que de un hecho se siga necesariamente otro, o que un hecho está junto a otro necesariamente: el vínculo entre dos hechos es contingente, es así pero puede ser de otro modo. Los hechos atómicos son lógicamente independientes: de la existencia de un hecho no se puede deducir lógicamente la existencia de otro (“Tractatus”, 2.062), o expresado en el nivel de las proposiciones: las proposiciones elementales son lógicamente independientes entre sí. Una consecuencia de esta concepción es que la existencia concreta, real, no es consecuencia de necesidad lógica alguna (lo cual para Wittgenstein quiere decir que no es consecuencia de necesidad alguna). El hecho es gratuito, contingente. Dado que el mundo es el conjunto de hechos que acontecen y lo que acontece no ocurre como consecuencia de necesidad lógica alguna, la conclusión de Wittgenstein es claramente empirista: la gratuidad de la existencia y del mundo.

      Ver “lo místico” y “lo trascendental”.

 

 

 


Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 3: Filosofía Contemporánea.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen.