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Lo Trascendental
Conjunto de
“entidades” que forman la condición de posibilidad del mundo. Son la
estructura lógica, los valores morales y estéticos y el sujeto
metafísico.
Es muy
importante señalar una diferencia esencial entre la filosofía de
Wittgenstein y la corriente en la que habitualmente se le incluye, el
neopositivismo: Wittgenstein afirma que el mundo es la totalidad de los
hechos y que sólo de ellos es posible hablar, el neopositivismo acepta
esta idea y considera que nada hay además de éste ámbito empírico; sin
embargo, la posición de Wittgenstein es más compleja: en el “Tractatus”
nos dice también que más allá del mundo, o mejor, en su límite,
encontramos ciertas “entidades”; no es fácil dar con una palabra para
designarlas puesto que todas las palabras con sentido se refieren a las
cosas del interior del mundo, sin embargo Wittgenstein escribe sobre
ellas. Estas “entidades” son algunos de los objetos tradicionales de la
filosofía: la estructura lógica del mundo, el yo metafísico, los valores
morales y estéticos y ya fuera del mundo, lo que llama “lo místico”,
Dios.
El concepto de
“trascendental” en Wittgenstein parece guardar cierta semejanza
con el kantiano: representa una condición de posibilidad, pero no una
condición de posibilidad empírica, al modo en que una condición de
posibilidad para ver las letras en un encerado podría ser utilizar
gafas, sino una condición más fundamental, la de ser condición de
posibilidad de la existencia del mundo mismo como totalidad con sentido.
1. “La lógica es
trascendental.” (“Tractatus”, 6.13): la lógica, o mejor, la
estructura lógica, es trascendental porque es el marco en el que
está presente el mundo; en su interior se dan todos los hechos, es su
forma. Dado que la estructura lógica del mundo es el límite del
mundo, dicha estructura no se puede describir propiamente, sino mostrar;
y se muestra en las proposiciones. “La lógica llena el mundo; los
límites del mundo son también sus límites.” (“Tractatus”, 5.61).
2. “El sujeto no pertenece al
mundo, sino que es un límite del mundo.” (“Tractatus”, 5.632), y por lo
tanto es condición para que exista el mundo (es trascendental).
El yo metafísico no coincide con el yo que se ofrece en nuestra
experiencia: el que se ofrece en nuestra experiencia es el yo empírico
(tanto el yo físico, como el yo psicológico), puede ser estudiado por
las ciencias empíricas, y no es esencialmente distinto a las otras cosas
del mundo. Wittgenstein cree que en un nivel más profundo existe otro yo
o sujeto: en el “Tractatus” lo compara con el ojo que, en cuanto órgano
de la visión, no pertenece al campo visual, pero es condición necesaria
para la existencia de éste (“Tractatus”, 5.633 y ss.). “El yo filosófico
no es el hombre, ni el cuerpo humano, ni tampoco el alma humana de la
cual trata la psicología, sino el sujeto metafísico, el límite –no una
parte del mundo–.” (“Tractatus”, 5.641); este sujeto metafísico es el
sujeto ante el que se hace presente el mundo, pero también el sujeto que
actúa en el mundo, el sujeto volente del que se puede predicar el valor
moral.
3. Siguiendo a Hume,
Wittgenstein nos dice que los valores morales no se pueden describir
con enunciados empíricos: el valor no se ofrece como un rasgo más de
las cosas, no es una realidad empírica, de ahí que todas las
proposiciones relativas al mundo, a los hechos valgan lo mismo. Sin
embargo la posición de Wittgenstein es más compleja (y más oscura) que
la de Hume: como corresponde a su tesis general según la cual toda
proposición que no describa hechos es un sinsentido, Wittgenstein
considera que las proposiciones morales son sinsentidos. Del mundo moral
y estético no se puede hablar, sin embargo existe dicho mundo y
se muestra en nuestra vida. La ética y la estética son también una
condición, un presupuesto del mundo y, como la lógica, apuntan a los
límites del mundo. “Es claro que la ética no se puede expresar.
La ética es trascendental (Ética y estética son lo mismo.)”,
(“Tractatus”, 6.421). Aunque sus afirmaciones sobre estas cuestiones son
oscuras, Wittgenstein parece sugerir que la ética no cambia los hechos
del interior del mundo sino sus límites (“Tractatus”, 6.43): la
buena voluntad sitúa al sujeto ante un mundo con un significado distinto
que el mundo que se ofrece a la mala voluntad, de la misma forma que
para el hombre feliz el mundo es diferente, tiene distinta
significación, que para el hombre infeliz (“Tractatus”, 6.43).
Ver “lo
místico”.
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