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Hecho
Para
Wittgenstein, “lo que acaece”, todo lo que se da en el tiempo. El mundo
está compuesto de hechos y a ellos se refiere el único conocimiento que
tiene sentido (la totalidad de la ciencia natural).
Este concepto
es muy importante en la filosofía de Wittgenstein y en todo el
movimiento neopositivista. Por desgracia Wittgenstein no describe con
claridad qué debemos entender por hecho. En el “Tractatus” distingue
entre Tatsache (hecho) y Sachverhalt (estados de cosas);
la traducción más habitual de “Tatsache” es “hecho”; “Sachverhalt” se ha
traducido al inglés como “atomic fact”, aunque también como “state of
affairs” y “state of things”, y en castellano como “hecho atómico” y
también como “estado de cosas”.
El mundo es
el conjunto de los acontecimientos, de los hechos, y, en último término,
de los estados de cosas existentes. Los estados de cosas constan de
cosas, son relaciones entre cosas. Los estados de cosas se describen
mediante proposiciones atómicas y los hechos mediante proposiciones
moleculares o complejas. Wittgenstein no pone ningún ejemplo de
proposición atómica, ni de hecho atómico, ni de objeto, por lo que
resulta imposible saber con exactitud a qué se estaba refiriendo. Se han
dado distintas interpretaciones de lo que Wittgenstein podría entender
por objeto; en lo que sigue preferimos la más sencilla (avalada además
por algunas sugerencias que presenta en su “Diario filosófico”). Según
esta interpretación, podemos identificar los objetos con las
cosas de la vida cotidiana: un objeto es una botella, un árbol, una
persona, un libro; un nombre es todo aquello que se refiere a
entidades individuales: un nombre propio o un nombre común cualificado
con una(s) palabra(s) que determinen o concreten su referente
(“Sócrates”, “este libro”, “el libro amarillo”, ...). De este modo la
descripción de Wittgenstein quedaría así:
1. El mundo es la totalidad de los hechos;
un hecho sería, por ejemplo, el estar colocados encima de mi mesa un
libro, una pipa y un cenicero, y la proposición compleja o molecular que
lo describe, “encima de mi mesa hay un libro, una pipa y un cenicero”;
2. los hechos constan de estados de cosas o hechos
atómicos; un hecho atómico podría ser el
estar la pipa en el cenicero, y la proposición elemental o atómica
correspondiente, “la pipa está en el cenicero”;
3. los estados de cosas o hechos atómicos constan de
cosas y de relaciones entre ellas. En el
caso anterior las cosas u objetos son la pipa y el cenicero y la
relación el estar uno en el otro.
Sea cual sea la
interpretación que hagamos de los componentes de los hechos, las
características básicas que Wittgenstein y el positivismo lógico
atribuyen a los hechos son fieles a las tesis de Hume y se pueden
resumir en los siguientes puntos:
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Se
ofrecen a los sentidos, a la percepción:
Wittgenstein y el movimiento neopositivista consideró que los hechos de
los que no cabe ninguna duda son los que se ofrecen a los
sentidos (el estar la botella encima de la mesa) o se pueden
ofrecer a los sentidos (la existencia de montañas en la cara oculta de
la luna); sin embargo no está clara su posición respecto de hechos a los
que se refiere la ciencia pero de los que no es fácil postular que
alguna vez se puedan percibir, por ejemplo los hechos que supuestamente
ocurren en el nivel subatómico. Para algunos neopositivistas tales
hechos ocurren, y sabemos que ocurren porque tienen efectos observables,
para otros en realidad esos hechos no existen y son meros constructos
hipotéticos que facilitan la creación de teorías científicas que
permiten el dominio técnico de la realidad; de cualquier modo, todo el
movimiento neopositivista parece aceptar la primacía de la percepción
a la hora de decidir la existencia de un hecho (esto es precisamente
lo que quiere destacar el criterio de verificabilidad, y uno de los
rasgos principales que hacen del neopositivismo una forma de empirismo).
Por esta razón, el neopositivismo tiende a negar la existencia de hechos
mentales y a defender una interpretación de lo mental que reduzca los
estados mentales a disposiciones conductuales o a conductas observables.
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Los
estudia la ciencia: “La totalidad de las
proposiciones verdaderas es la ciencia natural total (o la totalidad de
las ciencias naturales)” (“Tractatus”, 4.11); la filosofía, la
religión, el arte, la ética podrán tener efectos emotivos sobre las
personas, pero no pueden decir nada con sentido acerca de los hechos;
sólo la ciencia natural nos ofrece descripciones verdaderas de la
realidad.
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Se
dan en el tiempo: “El mundo es todo lo
que acaece” (“Tractatus”, 1); que se de un hecho en el tiempo quiere
decir que le convienen las categorías de la temporalidad: el antes, el
ahora y el después, y con ello el poder cambiar, el hacerse presente en
el tiempo, el mantenerse en el tiempo y el poder dejar de darse; desde
este punto de vista quedan fuera del mundo entidades metafísicas del
tipo de las Ideas platónicas, o espirituales como Dios.
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Son
contingentes: los hechos son así pero
pueden ser de otro modo; el poder ser de otro modo quiere decir que
no hay una necesidad lógica que haga que un hecho deba ocurrir o que
tenga que ocurrir como ocurre. Dado que para Wittgenstein la única
necesidad es la necesidad lógica, que un hecho no sea necesario quiere
decir que es absolutamente gratuito: no existe la necesidad física,
todo es puro azar. A un hecho le sigue otro, junto a un hecho está
presente otro, pero no hay vínculo lógico ninguno que los una: tras el
hecho de pulsar la tecla “a” aparece en la pantalla del ordenador la
letra a, pero es imposible deducir de la proposición “pulso la tecla
a” la proposición “en la pantalla aparece la letra a”. Esto
quiere decir que en el mundo no existen vínculos causales, solo hay
meras sucesiones de hechos: “La fe en el nexo causal es la
superstición” (“Tractatus”, 5.1361). En este punto, Wittgenstein es
totalmente fiel a la crítica de Hume al concepto tradicional de
causalidad, aunque, dado su deliberado interés por prescindir de toda
cuestión psicológica, en el “Tractatus” no encontramos ninguna
explicación relativa a cómo se forma en nosotros la creencia en los
vínculos causales, cuestión a la que sin embargo Hume dedicó mucha
atención.
Ver “realidad”.
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