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Ludwig Wittgenstein

(1889 - 1951)

 

Filosofía

Para Wittgenstein la filosofía entendida al modo tradicional, entendida como una doctrina acerca de lo real, consta de sinsentidos. La única forma correcta de hacer filosofía es la de mostrar los límites del discurso con sentido, mostrar los límites de lo que puede ser conocido y expresado mediante el lenguaje. De lo metafísico sólo cabe el silencio.

      En Wittgenstein y el movimiento analítico encontramos las siguientes actitudes ante la filosofía:

1. Crítica a la metafísica o filosofía tradicional.

      Es común a toda la metafísica tradicional la creencia de que la filosofía es capaz de dar información respecto de la realidad, es capaz de mostrarnos cómo es el mundo, al menos en sus líneas generales. Fijémonos, por ejemplo, en Platón y en Santo Tomás: ellos nos presentan una descripción del mundo que se presume formada de proposiciones significativas y verdaderas, una descripción que nos cuenta cómo es la realidad y de qué tipo de entidades consta: de entidades universales (para Platón, las Ideas), entidades espirituales (las almas y Dios) y corpóreas (los cuerpos físicos); además estos autores creen darnos información significativa y verdadera respecto de las formas principales de conocimiento, las formas principales de la acción moral y social, ... y creen que todo ello es posible básicamente con el recurso de la razón.

      Tanto el neopositivismo como la mayor parte de filósofos que se incluyen en la filosofía analítica (incluido Wittgenstein) pensaron que la filosofía entendida de esta forma no es una actividad legítima:

  • En primer lugar porque los problemas filosóficos son pseudoproblemas: los únicos problemas son aquellos que se refieren al mundo empírico, por lo que pueden expresarse con precisión y solucionarse tarde o temprano en el marco de las cien­cias empíricas; las cuestiones tratadas por los filósofos (el problema de la realidad exterior, de las relaciones mente-cuerpo,...) no son problemas verdaderos, reales, son consecuencia de confusiones lingüísticas: si hablo de la siguiente forma “la belleza es uno de los anhelos más profundos del hombre”, “en el mundo la lucha entre el bien y el mal es constante”, ... tenderé a pensar que debe existir algo así como “la Belleza”, “el Bien”, “el Mal” como algo distinto a las bellezas concretas, las acciones buenas o malas concretas, y concluiré, como Platón, que existe un mundo fuera de éste en el que se sitúan las entidades citadas. Para el neopositivismo estas conclusiones son consecuencia del descuido en el uso del lenguaje pues un análisis lógico preciso mostraría, piensan ellos, que los enunciados anteriores se pueden traducir sin pérdida de significado en enunciados que no induzcan al error (error que para ellos consiste en la defensa de entidades del tipo de las Ideas platónicas). Lo mismo ocurre, por ejemplo, en la polémica idealismo-realismo: nada de lo que podamos observar, ninguna percepción, ninguna experiencia, podría dar la razón o decidir la verdad de una u otra teoría. Los problemas filosóficos son irresolubles, no se pueden solucionar mediante la experiencia, luego son pseudoproblemas; lo único que cabe hacer con ellos es “disolverlos”, mostrar que son meras ilusiones producto de confusiones lingüísticas.

  • En segundo lugar, porque, según esta corriente filosófica, las proposiciones filosófi­cas carecen de sentido: las únicas proposiciones legítimas son las meramente analíticas o tautologías y las empíricas: en el primer grupo se incluyen proposiciones triviales del tipo “los madrileños son los que han nacido en Madrid”, o “el todo es mayor que las partes que lo componen”, pero también las leyes de la lógica y de la matemática. En el segundo grupo se incluyen los enunciados de la vida corriente del tipo “hoy está nublado” y todos los que encontramos en las ciencias naturales o ciencias empíricas. Los problemas de la filosofía son pseudoproblemas, las proposiciones filosóficas pseudoproposiciones, sinsentidos (“unsinnig”, escribe Wittgenstein), pues, ya se ha dicho, las únicas proposiciones con sentido son las empíricas.

2. La filosofía entendida de un modo correcto no es una doctrina sino una actividad.

      Las críticas anteriores a la filosofía tradicional no implican que no pueda existir una forma correcta de hacer filosofía: el “Tractatus” de Wittgenstein es un libro de filosofía, y, Wittgenstein, recordamos, nos dice que la filosofía no es capaz de darnos información acerca de la realidad, ni siquiera de darnos proposiciones con sentido ¿de qué habla su libro?, ¿qué estatuto tienen las proposiciones del “Tractatus”? Fijémonos en las siguientes proposiciones:

1. “el salón de mi casa está pintado de amarillo”.

2. “todo organismo vivo, incluso los de mayores dimensiones, empiezan su vida como una célula única”.

3. p implica q, p, luego q”.

4. “los números primos son voluntariosos”.

5. “el Bien es una realidad atemporal, aespacial y subsistente”.

6. “el mundo es todo lo que acaece”.

      Las proposiciones 1 y 2 se refieren a la realidad empírica, la primera es un enunciado basado en la experiencia o conocimiento corriente y el segundo un enunciado científico; los dos son, en la terminología del “Tractatus”, enunciados con sentido, puesto que se refieren a hechos.  La proposición 3 es un enunciado que pertenece a la lógica, no se refiere a hechos, por lo que no tiene sentido, aunque no es un puro absurdo pues muestra la estructura lógica de la realidad. La proposición 4 es un galimatías, una expresión absurda, un sinsentido; ni habla de la realidad ni muestra la forma lógica del mundo; es consecuencia de lo que los filósofos suelen llamar error categorial: la categoría de ser voluntarioso es válida si la aplicamos a personas pero no a entidades abstractas como los números.

      Las proposiciones 5 y 6 son proposiciones filosóficas, la primera podría atribuirse a Platón y con la segunda comienza Wittgenstein el “Tractatus”. Ni la primera ni la segunda se refieren a hecho alguno, no son descripciones de situaciones que se puedan captar por los sentidos ni de relaciones entre hechos, y tampoco son proposiciones que se puedan incluir en la lógica. Son sinsentidos, en cierto modo como el enunciado 4. Los  enunciados semejantes al 5 (la totalidad de la metafísica, la ética y la estética, según Wittgenstein) aparecen como consecuencia de usos incorrectos del lenguaje, de errores no tanto gramaticales como conceptuales, y en este sentido son absurdos. Sin embargo, cree Wittgenstein, el enunciado 6 (que, recordamos, se incluye en el “Tractatus”) tiene ventaja sobre el enunciado 5. El de Platón es absurdo pero quiere hablar acerca del mundo, el de Wittgenstein es absurdo pero no quiere decir nada sobre la realidad. El enunciado 6 forma parte de un programa filosófico cuyo objetivo es delimitar el ámbito de lo que se puede decir, programa que debe utilizarse de un modo terapéutico, como una actividad que disuelve los embrujos de nuestro lenguaje.

      La filosofía (incluido el “Tractatus”) no puede ampliar nuestro conocimiento sobre la realidad, pues la única realidad es la empírica y de ella solo cabe el conocimiento empírico, el científico; sin embargo sí nos puede contar cosas, la filosofía puede responder a estas dos preguntas: ¿qué se puede conocer? y ¿cómo se puede conocer lo que se puede conocer?; en sus líneas principales, la respuesta de Wittgenstein a estas preguntas es la típicamente empirista: se puede conocer la realidad espacio-temporal, el mundo de los hechos o mundo empírico; y se puede conocer como la ciencia natural conoce: mediante el recurso a la experiencia (en último término mediante la percepción); a este programa, que era claramente el de Hume, se añade una dimensión más, la del sentido: el límite de lo que se puede conocer es el límite del sentido, por lo tanto el mundo empírico es el ámbito de la realidad con sentido y el ámbito de lo que se puede pensar y se puede expresar mediante el lenguaje. Wittgenstein resume la única tarea legítima de la filosofía de este modo: “El objeto de la filosofía es la aclaración lógica del pensamiento. Filosofía no es una teoría, sino una actividad. Una obra filosófica consiste esencialmente en elucidaciones. El resultado de la filosofía no son “proposiciones filosóficas” sino el esclarecerse de las proposiciones.” (“Tractatus, 4.112). “Debe delimitar lo pensable y con ello lo impensable.” (“Tractatus”, 4.114). “Toda la filosofía es “crítica del lenguaje.” (“Tractatus”, 4.0031).

      Es fundamental señalar una importante diferencia en la actitud de Wittgenstein y la del resto de filósofos que se incluyen en la corriente neopositivista; la nota característica de este movimiento era la hostilidad al discurso filosófico tradicional y a los temas mismos de la filosofía. En el caso de Wittgenstein encontramos una actitud más parecida a la kantiana: existen los objetos de la metafísica tradicional, pero de ellos no cabe el conocimiento: existe lo místico (Dios), el sujeto metafísico, los valores morales y estéticos pero están más allá de lo que se puede decir. A diferencia de Kant, Wittgenstein no presenta claramente un recurso que nos vincule con lo metafísico (para Kant era la ética y la reflexión sobre la conducta moral), pero en algunos textos y en conversaciones particulares Wittgenstein parece afirmar su existencia; lo metafísico se muestra pero no se puede contar, de lo metafísico solo cabe el silencio: “Sobre lo que no se puede hablar, se debe guardar silencio.” (“Tractatus”, 7).

      Ver “lo místico” y “lo trascendental”.

 

 

 


Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 3: Filosofía Contemporánea.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen.