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Ludwig Wittgenstein

(1889 - 1951)

 
 

 

Criterio De Verificación (O De Verificabilidad)

O principio de verificación. Criterio utilizado por el neopositivismo para valorar la verdad de las proposiciones. Como corresponde al punto de vista empirista de esta corriente,  sostiene que la única forma de comprobar la verdad de una proposición no tautológica es la experiencia, la observación empírica. El neopositivismo identifica el criterio de verificación con el criterio de significado indicando que una proposición es significativa si de ella es posible la verificación empírica.

       Verificar una proposición es comprobar que las cosas son como en la proposición se dice que son, por lo tanto comprobar su verdad. Nos podría parecer que el modo de comprobar la verdad de una proposición ha de ser distinto en función de la realidad a la que se refiere, por ejemplo, que una proposición referida a un hecho histórico no se comprobará de la misma forma que una proposición matemática o una proposición de la biología, o una proposición que describe si un alimento está bien o mal cocinado, o  una proposición relativa a una sentencia judicial,...; sin embargo, muchos filósofos han creído que es posible establecer uno o unos pocos métodos de verificación que puedan servir para comprobar la validez (la verdad) de todas nuestras proposiciones. Esto es precisamente lo que creyó el neopositivismo. Para el neopositivismo sólo son legítimas dos estrategias para comprobar la verdad de una proposición

  • la justificación puramente formal, válida en las ciencias formales (lógica y matemática); para comprobar una proposición lógica o matemática no nos hace falta acudir a la experiencia, nos basta que sea fiel o se acomode a las leyes de la lógica o de la matemática;

  • la justificación empírica: aquellas proposiciones que se refieren al mundo real, que aspiran a darnos información acerca de la realidad, se han de verificar, y verificar precisamente mediante la observación empírica, mediante la percepción. 

      Es muy importante observar que un criterio de verificabilidad no tiene porqué ser también un criterio de significado: un criterio de verificabilidad establece el modo de comprobar la verdad de una proposición; un criterio de significado establece las condiciones que debe reunir una proposición para tener sentido. Sin embargo, el neopositivismo combinó los dos criterios: podemos averiguar si una proposición es verdadera si de ella cabe una justificación empírica, si podemos comprobar su verdad mediante algún tipo de observación empírica; además, una proposición tiene sentido si de ella cabe la justificación descrita por el criterio de verificabilidad, es decir si describe algo comprobable con la experiencia. Fijémonos en la proposición “Dios es el creador del mundo”; si aceptásemos el criterio de verificabilidad propuesto por el positivismo lógico deberíamos concluir que es imposible saber si esta proposición es verdadera puesto que no se puede comprobar apelando a la experiencia. Pero aún no habríamos dicho que sea falsa, ni menos aún que sea absurda, pues por ejemplo podríamos creer que aunque no verificable de modo empírico cabe aceptar su verdad mediante un acto de fe, o que dado que no es verificable lo mejor sería aceptar el agnosticismo. Pero si utilizamos el criterio empirista de significado deberíamos concluir así: dado que no podemos comprobar mediante la experiencia la verdad de la proposición “Dios es el creador del mundo”, esta proposición es absurda, es un sinsentido.

      Los neopositivistas creyeron ver este principio en el “Tractatus” de Wittgenstein, pero este filósofo ni lo presenta explícitamente ni mucho menos lo desarrolla. Es Moritz Schlick quien lo propone expresamente, y a partir de él lo encontramos en la mayoría de los filósofos incluidos en este movimiento. El criterio de verificabilidad nos dice que una frase tiene significado cuando sabemos cómo verificarla, cuando conocemos qué observaciones nos llevarían a aceptar su verdad. Pero esta formulación es poco precisa por lo que pronto se dieron distintas formulaciones; las más conocidas y sencillas son las siguientes:

  • verificabilidad práctica: de una proposición cabe la verificabilidad práctica si con los medios actuales podemos comprobar su verdad; es fácil ver que esta exigencia es demasiado severa pues nos llevaría a declarar absurdas algunas creencias que ni siquiera los empiristas más radicales estarían dispuestos a rechazar: por ejemplo, en la primera mitad de nuestro siglo no se tenían los medios técnicos para comprobar la proposición “en la cara oculta de la luna hay montañas”; si aceptásemos esta interpretación del criterio de verificabilidad tendríamos que concluir que en aquella época dicha proposición carecía de sentido puesto que no se podía comprobar; para evitar esta conclusión Ayer propone la verificabilidad en principio;

  • verificabilidad en principio: una proposición es verificable si sabemos qué observaciones podrían decidir su verdad, aunque de hecho no dispongamos de los recursos necesarios para hacerlo; en el caso de la proposición anterior, dicha proposición tiene sentido pues es verificable ya que sabemos qué experiencias podrían darse para comprobar su verdad (mandando un cohete a la luna podemos comprobar su verdad); no ocurre lo mismo con las proposiciones de la metafísica tradicional del tipo “los objetos físicos agotan su ser en ser percibidos”, pues no sabemos qué tipo de experiencias podrían decidir su verdad.

      Otra dificultad del criterio de verificabilidad se refiere al alcance de la verificación:

  • verificabilidad fuerte o concluyente: Schlick la propuso indicando que un enun­ciado es significativo si la experiencia puede probar concluyentemente su verdad o falsedad. Si digo “en el cuarto trastero de mi casa hay una bicicleta con la rueda pinchada” puedo verificar concluyentemente su verdad pues puedo ir al cuarto trastero y comprobar si hay una bicicleta y si tiene una rueda pinchada. Pero pronto se vio que pedir que la experiencia nos muestre de modo concluyente (es decir de modo lógicamente necesario, sin lugar a dudas) la verdad de una proposición era pedir demasiado. Si aceptásemos este criterio tendríamos que considerar imposibles de verificar (y por lo tanto absurdas) las proposiciones universales, y con ello las leyes generales de la ciencia, pues una serie finita de observaciones no puede establecer la verdad de una proposición universal. Las proposiciones “el arsénico es venenoso”, “un cuerpo tiende a dilatarse cuando es calentado” “todos los hombres son mortales” (los ejemplos son de Ayer en “Lenguaje, verdad y lógica”) no tendrían una justificación, ni práctica ni en principio; pero tampoco podrían justificarse las proposiciones relativas al pasado, las de las ciencias históricas; de nuevo, Ayer reformuló el criterio de verificabilidad con el concepto de verificabilidad débil;

  • verificabilidad débil: una proposición tiene sentido si es posible que la experiencia la haga probable; ya no se pide que la experiencia garantice de modo lógicamente necesario una proposición, sino sólo la probabilidad de su verdad. Todas las proposiciones relativas al mundo empírico son meras hipótesis probables, el ámbito de las proposiciones necesarias, de las proposiciones absolutamente ciertas es el ámbito de las tautologías, de las verdades lógicas y matemáticas. Para que una oración tenga sentido basta que pueda ser verificada o refutada parcialmente.

          Ver “criterio empirista de significado”.

 

 

 


Edición en papel:
Historia de la Filosofía. Volumen 3: Filosofía Contemporánea.
Javier Echegoyen Olleta. Editorial Edinumen.