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Criterio De Verificación (O De Verificabilidad)
O principio de
verificación. Criterio utilizado por el neopositivismo para valorar la
verdad de las proposiciones. Como corresponde al punto de vista
empirista de esta corriente, sostiene que la única forma de
comprobar la verdad de una proposición no tautológica es la experiencia,
la observación empírica. El neopositivismo identifica el criterio de
verificación con el criterio de significado indicando que una
proposición es significativa si de ella es posible la verificación
empírica.
Verificar una proposición es comprobar que las cosas son como en la
proposición se dice que son, por lo tanto comprobar su verdad. Nos
podría parecer que el modo de comprobar la verdad de una proposición ha
de ser distinto en función de la realidad a la que se refiere, por
ejemplo, que una proposición referida a un hecho histórico no se
comprobará de la misma forma que una proposición matemática o una
proposición de la biología, o una proposición que describe si un
alimento está bien o mal cocinado, o una proposición relativa a
una sentencia judicial,...; sin embargo, muchos filósofos han creído que
es posible establecer uno o unos pocos métodos de verificación que
puedan servir para comprobar la validez (la verdad) de todas nuestras
proposiciones. Esto es precisamente lo que creyó el neopositivismo. Para
el neopositivismo sólo son legítimas
dos estrategias para comprobar la verdad de una proposición
-
la justificación puramente formal,
válida en las ciencias formales (lógica y matemática); para
comprobar una proposición lógica o matemática no nos hace falta acudir a
la experiencia, nos basta que sea fiel o se acomode a las leyes de la
lógica o de la matemática;
-
la justificación empírica:
aquellas proposiciones que se refieren al mundo real, que aspiran a
darnos información acerca de la realidad, se han de verificar, y
verificar precisamente mediante la observación empírica, mediante la
percepción.
Es muy importante observar que un criterio de verificabilidad no tiene
porqué ser también un criterio de significado: un criterio de
verificabilidad establece el modo de comprobar la verdad de una
proposición; un criterio de significado establece las condiciones que
debe reunir una proposición para tener sentido. Sin embargo, el
neopositivismo combinó los dos criterios: podemos averiguar si
una proposición es verdadera si de ella cabe una justificación empírica,
si podemos comprobar su verdad mediante algún tipo de observación
empírica; además, una proposición tiene sentido si de ella cabe la
justificación descrita por el criterio de verificabilidad, es decir si
describe algo comprobable con la experiencia. Fijémonos en la
proposición “Dios es el creador del mundo”; si aceptásemos el criterio
de verificabilidad propuesto por el positivismo lógico deberíamos
concluir que es imposible saber si esta proposición es verdadera puesto
que no se puede comprobar apelando a la experiencia. Pero aún no
habríamos dicho que sea falsa, ni menos aún que sea absurda, pues por
ejemplo podríamos creer que aunque no verificable de modo empírico cabe
aceptar su verdad mediante un acto de fe, o que dado que no es
verificable lo mejor sería aceptar el agnosticismo. Pero si utilizamos
el criterio empirista de significado deberíamos concluir así: dado que
no podemos comprobar mediante la experiencia la verdad de la proposición
“Dios es el creador del mundo”, esta proposición es absurda, es un
sinsentido.
Los neopositivistas creyeron ver este principio en el “Tractatus” de
Wittgenstein, pero este filósofo ni lo presenta explícitamente ni mucho
menos lo desarrolla. Es Moritz Schlick quien lo propone
expresamente, y a partir de él lo encontramos en la mayoría de los
filósofos incluidos en este movimiento. El criterio de
verificabilidad nos dice que una frase tiene significado cuando sabemos
cómo verificarla, cuando conocemos qué observaciones nos llevarían a
aceptar su verdad. Pero esta formulación es poco precisa por lo que
pronto se dieron distintas formulaciones; las más conocidas y sencillas
son las siguientes:
-
verificabilidad práctica: de una
proposición cabe la verificabilidad práctica si con los medios actuales
podemos comprobar su verdad; es fácil ver que esta exigencia es
demasiado severa pues nos llevaría a declarar absurdas algunas creencias
que ni siquiera los empiristas más radicales estarían dispuestos a
rechazar: por ejemplo, en la primera mitad de nuestro siglo no se tenían
los medios técnicos para comprobar la proposición “en la cara oculta de
la luna hay montañas”; si aceptásemos esta interpretación del criterio
de verificabilidad tendríamos que concluir que en aquella época dicha
proposición carecía de sentido puesto que no se podía comprobar; para
evitar esta conclusión
Ayer propone la verificabilidad en principio;
-
verificabilidad en principio:
una proposición es verificable si sabemos qué observaciones podrían
decidir su verdad, aunque de hecho no dispongamos de los recursos
necesarios para hacerlo; en el caso de la proposición anterior,
dicha proposición tiene sentido pues es verificable ya que sabemos qué
experiencias podrían darse para comprobar su verdad (mandando un cohete
a la luna podemos comprobar su verdad); no ocurre lo mismo con las
proposiciones de la metafísica tradicional del tipo “los objetos físicos
agotan su ser en ser percibidos”, pues no sabemos qué tipo de
experiencias podrían decidir su verdad.
Otra dificultad del criterio de verificabilidad se refiere al alcance de
la verificación:
-
verificabilidad fuerte o concluyente:
Schlick la propuso indicando que un enunciado es significativo si la
experiencia puede probar concluyentemente su verdad o falsedad. Si
digo “en el cuarto trastero de mi casa hay una bicicleta con la rueda
pinchada” puedo verificar concluyentemente su verdad pues puedo ir al
cuarto trastero y comprobar si hay una bicicleta y si tiene una rueda
pinchada. Pero pronto se vio que pedir que la experiencia nos muestre de
modo concluyente (es decir de modo lógicamente necesario, sin lugar a
dudas) la verdad de una proposición era pedir demasiado. Si aceptásemos
este criterio tendríamos que considerar imposibles de verificar (y por
lo tanto absurdas) las proposiciones universales, y con ello las leyes
generales de la ciencia, pues una serie finita de observaciones no puede
establecer la verdad de una proposición universal. Las proposiciones “el
arsénico es venenoso”, “un cuerpo tiende a dilatarse cuando es
calentado” “todos los hombres son mortales” (los ejemplos son de Ayer en
“Lenguaje, verdad y lógica”) no
tendrían una justificación, ni práctica ni en principio; pero tampoco
podrían justificarse las proposiciones relativas al pasado, las de las
ciencias históricas; de nuevo, Ayer reformuló el criterio de
verificabilidad con el concepto de verificabilidad débil;
-
verificabilidad débil: una
proposición tiene sentido si es posible que la experiencia la haga
probable; ya no se pide que la experiencia garantice de modo
lógicamente necesario una proposición, sino sólo la probabilidad de
su verdad. Todas las proposiciones relativas al mundo empírico son
meras hipótesis probables, el ámbito de las proposiciones necesarias, de
las proposiciones absolutamente ciertas es el ámbito de las tautologías,
de las verdades lógicas y matemáticas. Para que una oración tenga
sentido basta que pueda ser verificada o refutada parcialmente.
Ver “criterio empirista de significado”.
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