|
Criterio Empirista De Significado
Criterio
utilizado por los filósofos neopositivistas para decidir si una
proposición tienen sentido o carece de él. Para estos filósofos una
proposición tiene sentido si de ella cabe presentar una verificación
empírica.
El
neopositivismo es una forma sofisticada del empirismo de Hume. En este
autor encontramos ya, aunque de un modo rudimentario, lo que después, en
nuestro siglo, los neopositivistas llamarán “criterio empirista de
significado”. Recordamos que Hume nos presenta un procedimiento para
evaluar nuestras ideas: si descansan en una impresión son legítimas, en
caso contrario serán fantasías carentes de fundamento. La forma más
burda, aunque no incorrecta, de presentar este procedimiento es indicar
que para Hume sólo se puede conocer lo que se puede percibir, tesis que
resume la doctrina fundamental del empirismo. También debemos recordar
que Hume consideró adecuado este procedimiento para la comprobación de
los conocimientos o supuestos conocimientos que se refieren a las cosas
del mundo, a la realidad, pero no para aquellos otros que,
sencillamente, tratan de nuestras ideas y de las relaciones entre ellas,
cuya legitimidad se decide por su fidelidad a los principios de la
lógica. Así, desde este punto de vista, tanto las ciencias que se
refieren a cuestiones de hecho (por lo tanto verificables
empíricamente), como las ciencias que se refieren a las relaciones entre
ideas, son legítimas. No ocurre lo mismo con las tesis de la filosofía
tradicional, que ni se refieren a cantidades o ideas ni a hechos.
El
neopositivismo depura estas tesis humeanas expresando con precisión lo
que este autor parecía sólo sugerir. Para Hume solo se puede conocer lo
que se puede percibir, para los neopositivistas sólo se puede
conocer lo que se puede percibir, y, además, y ésta sería la novedad,
aunque ya apuntada por Hume en algunos textos, sólo tienen sentido
aquellas proposiciones que se refieren a cosas que se puedan percibir.
El criterio empirista del significado quiere ofrecernos reglas para
comprobar si nuestras proposiciones tienen sentido o son insensateces,
sinsentidos.
Una proposición
tiene sentido si cae en alguno de estos dos grupos:
a) es una proposición analítica
o tautológica;
b) es capaz de ser confirmada
por la experiencia.
En el primer
grupo se incluyen proposiciones del tipo “el triángulo tiene tres
ángulos” y todas las proposiciones de la matemática y la lógica; en este
punto es preciso tener cuidado pues aunque para el conjunto de filósofos
incluidos en el neopositivismo tienen sentido, para Wittgenstein no es
así: las proposiciones de la lógica y la matemática no son sinsentidos (unsinnig)
pero carecen de sentido (sinnlos), (“Tractatus”, 4.461-4.4611).
En el segundo
grupo se incluyen todas las proposiciones que se refieren a hechos,
tanto las del conocimiento de la vida cotidiana (“las fresas de Aranjuez
son de las mejores de España”) como las que se incluyen en las ciencias
naturales.
Si aceptamos
este criterio de significado, la consecuencia es que gran parte de las
proposiciones que encontramos en la filosofía tradicional no son
correctas; pero es importante destacar la radicalidad de esta crítica a
la filosofía tradicional: no se declara que la filosofía tradicional
sea falsa sino absurda. Para que un enunciado sea falso tiene que
tener sentido, sólo de las proposiciones con sentido cabe decir que son
falsas o verdaderas: si digo “mi mechero está encima de la mesa” esta
oración es falsa pues no está encima de la mesa, pero no es absurda. Si
digo “mi mechero está encima del número pi” esta frase no es falsa, es
absurda. Decir de una oración que es absurda es más grave que decir que
es falsa puesto que cuando es sólo meramente falsa se indica también que
lo descrito en la proposición es posible, que de hecho no se da pero es
pensable que se dé: de hecho mi mechero no está encima de la mesa, pero
puede estar encima de la mesa; sin embargo, el mechero no está ahora
encima del número pi pero no puede estarlo jamás.
¿Cómo sabemos
si una proposición tiene o no sentido? Los neopositivistas creyeron que
ello se decide por la posibilidad de su comprobación: si podemos
verificar o comprobar lo que dice la proposición, entonces dicha
proposición tiene sentido, en caso contrario no lo tiene. Conviene
también fijarse en que la comprobación que ellos aceptan es una
comprobación empírica, pues podríamos aceptar que una oración tiene
sentido si se la puede verificar y, a la vez, creer que existen otros
modos de verificación distintos al propuesto por positivismo lógico (por
ejemplo, si creyésemos en la telepatía o en tipos peculiares de
intuición, incluso en la intuición mística) lo que nos llevaría a
aceptar proposiciones que el neopositivismo de ningún modo estaría
dispuesto a compartir.
Ver “criterio
de verificación (o de verificabilidad)”.
|