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Dialéctica De La Cosificación
Con
esta expresión Sartre se refiere a la forma inevitablemente conflictiva de
relacionarse las personas. El trato con los demás es siempre un conflicto
entre libertades, un enfrentamiento en el que se busca cosificar a los
demás y evitar ser cosificado por ellos.
Ya se
ha dicho que la categoría humana fundamental es la de la libertad. Lo que
nos hace personas es nuestra capacidad y necesidad para construirnos a
nosotros mismos en función de nuestros proyectos. Esta dimensión es
también lo que nos hace sujetos, no meras cosas. Las cosas no tienen
subjetividad, ni voluntad, ni metas, ni están abiertas al futuro, las
personas sí. Pero el hombre necesita del otro para su propia realización
y para el reconocimiento de sí mismo; no es posible la vida humana
solitaria. En este punto se plantea una cuestión fundamental: ¿es posible
tratar al otro como a un sujeto, como un ser que tiene sus propios
proyectos, como un ser libre? La respuesta de Sartre es pesimista: no.
Invariablemente, en la relación con los demás o bien el otro nos tratará
como meras cosas o bien nosotros lo trataremos a él; yo intento
esclavizar al otro y el otro intenta esclavizarme a mí. La esencia de
las relaciones interpersonales es el conflicto. Sartre expresa
gráficamente esta idea señalando que “el infierno son los otros”.
El conflicto de las libertades puede tomar muchas formas pero se
desenvuelve en dos actitudes principales: o bien uno se esfuerza en
reducir al otro al estado de objeto para afirmarse como libertad, o bien
uno asume su ser objeto, se convierte libremente en cosa delante de otro
para captar su libertad, para reconocerle como sujeto:
1. Intento de relacionarse con el otro reconociendo en
él su libertad, su subjetividad: conduce
inevitablemente a tratarnos a nosotros mismos como objetos, como seres no
libres; las tres expresiones de esta actitud son el amor, el lenguaje
(entendido como toda forma de expresión, no sólo como palabra articulada)
y el masoquismo Pero las tres fracasan pues aunque consiguen el
reconocimiento del otro en su poder, en su subjetividad y libertad, anulan
nuestra libertad y subjetividad, hecho que siempre despertará nuestra
rebelión pues jamás podemos prescindir de nuestra libertad.
2. Intento de afirmar la propia libertad, la propia
subjetividad: lleva a tratar al otro como
objeto, como esclavo de nuestra subjetividad. Fracasa porque el otro nunca
puede renunciar a su libertad. Sartre describe las conductas de
indiferencia, deseo, (particularmente deseo sexual), sadismo y
odio, como ejemplos de esta actitud.
Ver “mirada” y
“ser-para-otro”.
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