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Vitalismo
Teoría filosófica que hace de la
vida el centro de la realidad y el objeto propio de la filosofía. Ortega
propone una variante matizada del vitalismo a la que llama raciovitalismo.
En su
artículo de 1924 “Ni vitalismo ni racionalismo”,
Ortega nos previene de la tentación de incluir su pensamiento en la
corriente vitalista. Él mismo señala los distintos usos de este concepto:
1.
Vitalismo en ciencia:
en este contexto es vitalista toda teoría biológica que considera
imposible reducir los fenómenos orgánicos a fenómenos o principios fisico-químicos.
En este vitalismo Ortega distingue dos subtipos:
a)
vitalismo biológico:
como el de Driesch; para este vitalismo las actividades vitales
dependen de una entidad distinta a las del mundo fisico-químico (fuerza
vital, entelequia, etc.);
b)
biologismo:
como el de Hertwig; es un vitalismo más moderado pues no supone
tras los fenómenos vitales una entidad vital específica; simplemente
considera que el mundo orgánico no puede reducirse a principios fisico-químicos
pues tiene principios y leyes propios.
2.
Vitalismo filosófico
a)
la
teoría del conocimiento
según la cual el conocimiento es un proceso biológico como otro
cualquiera, que carece de leyes y principios propios pues está regido por
las leyes generales relativas a todos los seres vivos. Son vitalistas
buena parte de las escuelas filosóficas positivas, pero especialmente el
empirio-criticismo de Avenarius o Mach y el pragmatismo;
b)
la
filosofía
que rechaza el método de conocimiento racional y conceptual y frente a él
propone la intuición; intuición
entendida como la experiencia no racional en la cual el sujeto vive
íntimamente la realidad. Bergson es su máximo representante; no hay que
confundir esta intuición inefable, próxima a lo místico, con la intuición
en la que sí cree Ortega (ver “intuición”);
c)
la filosofía que acepta el método de conocimiento
racional pero que considera que el tema filosófico fundamental tiene que
ser la vida.
Es la doctrina que
pone en primer plano las cuestiones referentes a la relación entre la vida
y la razón.
Ortega
considera que en la tercera acepción el término “vitalismo” pierde gran
parte de su radicalidad, y que sólo en este tercer sentido puede llamarse
vitalista su filosofía. Ortega no está en contra de la razón sino del
racionalismo, de la exageración en el uso de la razón y del descuido de la
vida. Considera que toda teoría tiene que ser racional y conceptual,
pero que, a la vez, no debe olvidar la vida. Acepta la razón, pero ello
porque no la identifica con la razón matemática, o la razón abstracta. La
razón vital muestra que una dimensión fundamental de la vida es el “saber
a qué atenerse”, el darse cuenta, por lo que es imposible vivir sin
razón. La razón es un instrumento de la vida para sobrellevar el caos
originario de la existencia. Propone otros títulos para su filosofía,
títulos que la alejen de posibles interpretaciones irracionalistas: “doctrina
de la razón vital”, “doctrina de la
razón histórica”, “doctrina de la
razón viviente”, “racio-vitalismo”.
Es preciso rechazar tanto el racionalismo como el irracionalismo.
Ver “filosofía”,
“razón histórica” y “razón
vital”.
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